<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734</id><updated>2012-02-24T11:38:10.935-03:00</updated><title type='text'>Textos Literarios</title><subtitle type='html'>Poesía y narrativa</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>124</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-5254911503928858340</id><published>2008-12-31T12:27:00.001-02:00</published><updated>2008-12-31T12:30:08.896-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 71 [FINAL]</title><content type='html'>71.&lt;br /&gt;El forense llegó ese día a la morgue judicial, su lugar de trabajo, veinticinco minutos tarde, como siempre.&lt;br /&gt;Al entrar saludó al portero, al vigilante y a la secretaria con su amabilidad y su amplia sonrisa características.&lt;br /&gt;Recorrió el largo pasillo de baldosas en damero a paso vivo y más que entrar irrumpió en la sala de autopsias arrojando un estrepitoso “buen día” a quienes estaban en ella.&lt;br /&gt;Había cuatro planchas de disección y en las cuatro casi siempre se trabajaba en simultaneidad. Los evisceradores llevaban a cabo el trabajo rutinario y él, recorriendo cada uno de los puestos, después de leer los informes, indicaba las prácticas y estudios de mayor especificidad. Durante la mañana se despachaban los informes de los casos ingresados durante la noche por la policía o el servicio público de emergencias. Después, a lo largo del día, se iba trabajando a libre demanda según el ritmo de llegada, que en el caso de un tiroteo o un accidente grave podía significar tres o cuatro cuerpos al mismo tiempo.&lt;br /&gt;Esa mañana, el forense encontró a sus cuatro ayudantes en plena tarea. Dos de ellos ya manipulaban vísceras, el tercero estaba a punto de serruchar un esternón, y el cuarto, de pie junto a la puerta de uno de los refrigeradores, leía con atención el parte de ingreso del caso en el que estaba a punto de ponerse a trabajar.&lt;br /&gt;Después de cambiarse con tranquilidad y mientras tarareaba un viejo bolero que se le había pegado al escucharlo en la radio del auto más temprano, el forense pensó en su mujer, en la discusión que habían tenido la noche anterior, y decidió que al salir le compraría un ramo de flores como gesto de reconciliación.&lt;br /&gt;Cuando estuvo listo para la tarea, con el delantal y los guantes de goma ya colocados, preguntó al cuarto ayudante de qué se trataba el caso cuyo parte de ingreso acababa de leer.&lt;br /&gt;– Masculino. Sesenta y cinco años. Antonio Bardi. Médico el tipo. Lo trajeron anoche. Se tiró por la ventana.&lt;br /&gt;– Qué bárbaro. Bueno, dale que me quiero ir antes de las doce.&lt;br /&gt;Mientras el ayudante sacaba el cuerpo de la heladera y lo arrastraba hasta la plancha, el forense aprovechó para ocuparse rápidamente de los otros casos, que no presentaban ninguna complicación particular. Tarareaba siempre la misma melodía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[5 de diciembre de 2003 – Revisión 29 de julio de 2004]&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-5254911503928858340?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/5254911503928858340/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=5254911503928858340' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5254911503928858340'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5254911503928858340'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/12/despojos-novela-corta-indita-71.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 71 [FINAL]'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-7667166321487218982</id><published>2008-12-30T14:41:00.001-02:00</published><updated>2008-12-30T14:48:33.503-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 70</title><content type='html'>70.&lt;br /&gt;El equipo contrario avanzaba en bloque, superando en velocidad a cada una de las líneas del suyo. Era el último hombre. Eran los últimos instantes del partido. Si había un gol estaría todo perdido.&lt;br /&gt;El delantero detuvo su carrera en seco y levantó la cabeza. Vio el arco libre debido al adelantamiento del arquero y sacó el tiro, no en línea recta sino en emboquillada.&lt;br /&gt;Vio la pelota elevarse y trató de calcular su trayectoria. Al pasar por encima de su cabeza estaría a un metro y medio de altura, un tanto hacia la derecha.&lt;br /&gt;Tomó impulso y se despegó del suelo con toda la fuerza de su cuerpo, estirando al máximo el brazo derecho con la mano abierta y los dedos como tentáculos listos para interceptar su presa.&lt;br /&gt;Pudo sentir el viento en la cara pero no la pelota chocando contra su mano.&lt;br /&gt;Supo entonces que era el final, lo fue sintiendo mientras iba cayendo. También pudo ir percibiendo el rumor creciente del grito que iba a estallar en la palabra gol en la boca de los simpatizantes del equipo contrario.&lt;br /&gt;Ni siquiera se preocupó por acomodar el cuerpo para amortiguar el choque contra el suelo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-7667166321487218982?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/7667166321487218982/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=7667166321487218982' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7667166321487218982'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7667166321487218982'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/12/despojos-novela-corta-indita-70.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 70'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-8444613369307670075</id><published>2008-12-29T14:17:00.000-02:00</published><updated>2008-12-29T14:19:07.210-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 69</title><content type='html'>69.&lt;br /&gt;Se acercó a la ventana. Se mantuvo erguido tomándose con ambas manos del marco. En algunos de los departamentos las luces todavía estaban encendidas. A lo lejos se oía una sirena. Cada respiración le demandaba un esfuerzo enorme. Inclinó hacia afuera la cabeza y el torso para captar el aire fresco con mayor facilidad. Cerró los ojos y se dejó llevar por su propio peso en la misma dirección.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-8444613369307670075?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/8444613369307670075/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=8444613369307670075' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8444613369307670075'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8444613369307670075'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/12/despojos-novela-corta-indita-69.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 69'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-7599461485662528789</id><published>2008-12-28T10:56:00.001-02:00</published><updated>2008-12-28T10:56:45.644-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 68</title><content type='html'>68.&lt;br /&gt;“Se parece al abuelo”, había dicho alguien a sus espaldas, justo en el momento en el que recibía al bebé de los brazos de Sofía.&lt;br /&gt;Estaba despierto, con los ojos muy abiertos aunque sin fijar la mirada en ningún punto preciso. Tenía la cara arrugadísima y el pelo totalmente negro.&lt;br /&gt;Se inclinó hasta poder darle un beso en la frente y lo devolvió enseguida a los brazos de la madre.&lt;br /&gt;Sentía una opresión muy fuerte en la garganta, la que le impedía pronunciar ninguna palabra.&lt;br /&gt;Besó también a Sofía en la frente a manera de despedida y salió de la habitación sin saludar al resto de las personas que estaban en ella.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-7599461485662528789?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/7599461485662528789/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=7599461485662528789' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7599461485662528789'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7599461485662528789'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/12/despojos-novela-corta-indita-68.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 68'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-2055091875815309266</id><published>2008-12-26T23:06:00.000-02:00</published><updated>2008-12-26T23:07:03.012-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 67</title><content type='html'>67.&lt;br /&gt;Aun antes de abrir los párpados pudo adivinar la intensa luz blanca apuntándole directamente a la cara. Tuvo que parpadear varias veces hasta acostumbrarse al resplandor. Estaba tendido en una camilla, en un cubículo bastante estrecho, junto a un tubo de oxígeno, un soporte para bolsas de suero, un botiquín y un monitor de ritmo cardíaco al cual estaba conectado a través de una serie de cables que surgían de varios sensores que tenía pegados al pecho.&lt;br /&gt;Justo cuando estaba intentando incorporarse se abrió la puerta del cuartucho y la cabeza de Barca asomó por detrás de la puerta. “Ya se despertó”, lo escuchó informar a quien quiera que estuviera detrás suyo.&lt;br /&gt;– Barca, ¿me querés decir qué mierda está pasando?&lt;br /&gt;– No te levantes, quedate acostado.&lt;br /&gt;– ¿Qué pasa? ¿Dónde estoy?&lt;br /&gt;– Fui a tu casa y como no contestabas ni el portero ni el timbre me asusté. Además el encargado me dijo que no te veía desde hacía varios días. Entonces llamé a una ambulancia, en la que vino un policía que llamó a los bomberos para que tiraran abajo la puerta. Estabas tirado encima de la mesa ratona del living, en el medio de un charco de vómito de vaya a saber cuándo, medio ahogado, en bolas y con un tufo que para qué te voy a contar.&lt;br /&gt;– ¿Rompieron la puerta?&lt;br /&gt;– La cerradura nomás. Ya la hice arreglar, quedate tranquilo. Nadie va a poder entrar a robarte ninguna de tus miles de botellas vacías.&lt;br /&gt;– ¿Cuánto hace que estoy acá?&lt;br /&gt;– Desde la mañana. Estás en observación por coma alcohólico. Parecías muerto Antonio, te lo juro.&lt;br /&gt;– Bueno, pero ahora me voy.&lt;br /&gt;– Ni lo sueñes.&lt;br /&gt;– Estoy bien. Me quiero ir a mi casa.&lt;br /&gt;– No te pongas difícil. Además, ¿te vas a ir así, en camisolín? Te dije que estabas en bolas cuando te trajimos.&lt;br /&gt;– Bueno, andá y traeme algo de ropa. Me quiero ir ya mismo.&lt;br /&gt;– Sos cabeza dura, eh.&lt;br /&gt;– Andá, dále. Apurate.&lt;br /&gt;– Está bien, pero quedate piola mientras tanto, ¿estamos?&lt;br /&gt;– Estamos pero dale, movete, a ver si se hace la noche y me dejan internado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-2055091875815309266?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/2055091875815309266/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=2055091875815309266' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2055091875815309266'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2055091875815309266'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/12/despojos-novela-corta-indita-67.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 67'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-134428634385498783</id><published>2008-12-24T00:02:00.000-02:00</published><updated>2008-12-24T00:03:21.032-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 66</title><content type='html'>&lt;meta equiv="CONTENT-TYPE" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;title&gt;&lt;/title&gt;&lt;meta name="GENERATOR" content="StarOffice 8  (Win32)"&gt;&lt;style type="text/css"&gt; 	&lt;!-- 		@page { size: 21cm 29.7cm; margin: 2cm } 		P { margin-bottom: 0.21cm } 	--&gt; 	&lt;/style&gt;  &lt;p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-AR"&gt; &lt;span style="font-family:Bookman Old Style, serif;"&gt;&lt;b&gt;66.&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Bookman Old Style, serif;"&gt;Una madrugada, no sabía exactamente de qué día, aprovechó uno de los escasos momentos de sobriedad de los últimos meses para bajar a la calle a comprar algunas cosas que necesitaba. Recurrió para ello a los ahorros que guardaba en el departamento y a una farmacia y un minimercado de estación de servicio, los únicos comercios en la zona que no cerraban durante la noche.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Bookman Old Style, serif;"&gt;En la farmacia compró una serie de artículos para higiene personal –jabón, champú, desodorante, espuma y hojitas de afeitar–, y algunos medicamentos –un antiácido, un hepatoprotector, bicarbonato, analgésicos y somníferos–.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Bookman Old Style, serif;"&gt;En el minimercado se abasteció de más alcohol: dos botellas de ginebra, dos de whisky y un par de vinos tintos. Aunque en los últimos tiempos casi no comía, lo que le había provocado un descenso de peso más que notable, compró varios paquetes de snacks salados y unos cuantos paquetes de verdura congelada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" align="justify" lang="es-AR"&gt;&lt;span style="font-family:Bookman Old Style, serif;"&gt;Al salir del minimercado tomó una bolsa de hielo que ya había pagado de la heladera que estaba en la playa de la estación de servicio. Por fin volvería a beber algo frío, pensó con satisfacción mientras retornaba al departamento.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-134428634385498783?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/134428634385498783/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=134428634385498783' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/134428634385498783'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/134428634385498783'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/12/despojos-novela-corta-indita-66.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 66'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-2177615491898970194</id><published>2008-12-22T12:32:00.001-02:00</published><updated>2008-12-22T12:35:23.339-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 65</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;65.&lt;br /&gt;El teléfono, que había estado sonando de manera insoportable durante las últimas semanas, enmudeció de un día para otro. Adjudicó el silenciamiento a la falta de pago de las últimas facturas que había visto tiradas junto a la puerta.&lt;br /&gt;Aunque nunca atendía, y no para filtrar las llamadas dado que no tenía contestador automático, cada llamado le imponía el desafío de suponer quién era la persona que estaba del otro lado de la línea. Podía tratarse de Barca intentando saber si aún sobrevivía, Sofía o alguien de parte de Sofía avisándole que había nacido su nieto, algún promotor de los que nunca faltan o alguna empresa de medición de rating televisivo. En cualquier caso el juego de las adivinanzas estaba concluido sin el estruendo que funcionaba como motivo.&lt;br /&gt;Reparó en el hecho de que al corte telefónico sobrevendrían, por la misma razón, la interrupción de los servicios de luz y de gas. No así el del agua, pensó aliviado, cuyo suministro estaba garantizado por ley. Podría seguir bañándose, aunque ya no dispondría de hielo ni de televisión ni de radio.“Que se vayan a cagar, que se vayan todos a cagar”, repetía a los gritos mientras transitaba sin rumbo fijo a lo largo del pasillo, yendo y viniendo desde la puerta del dormitorio hasta la de la cocina con el vaso de whisky en la mano.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-2177615491898970194?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/2177615491898970194/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=2177615491898970194' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2177615491898970194'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2177615491898970194'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/12/despojos-novela-corta-indita-65.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 65'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-3327043712461977812</id><published>2008-12-18T14:18:00.000-02:00</published><updated>2008-12-18T14:19:59.829-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 64</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;64.&lt;br /&gt;El dolor era una puntada encima del ojo izquierdo, una especie de latido al que la respiración y el otro latido, el verdadero, parecían plegarse, aunque con esfuerzo. La sensación general era de movimiento, en círculos, en vaivén, ascendente y descendente. Detrás de los párpados cerrados parecían estallar explosiones de un color indefinible a intervalos regulares. Era como si tuviera la nuca apoyada en una masa de aire apenas más densa que el resto del aire que lo rodeaba.&lt;br /&gt;Al ir ganando conciencia se fue dando cuenta de que estaba boca abajo, con el lado derecho de la cara pegado contra la almohada. Fue sintiendo poco a poco el resto del cuerpo, aunque la sensación generalizada era la de una masa inerte incrustada sobre la flexibilidad del colchón de goma espuma.&lt;br /&gt;Tragó saliva y, al hacerlo, sintió en primer lugar un ardor en la garganta y enseguida una corriente de acidez subiendo a través del esófago. Movió apenas los labios, como si abriera y cerrara la boca. Notó cierta tirantez, como la de un líquido ya seco y solidificado. Separó la cabeza de la almohada e irguió el torso ayudándose con los brazos. Un olor agrio se levantó junto con él desde las sábanas. Advirtió que había vomitado. Podía recordar el momento como parte de un sueño, el dejarse llevar por el espasmo y sentir la tibieza subiendo desde el estómago, fluyendo como sin esfuerzo.&lt;br /&gt;Después de mucho esfuerzo logró sentarse en la cama. La cabeza le pesaba, el dolor crecía.&lt;br /&gt;De pronto sintió una contracción y la náusea que avanzaba irrefrenable. Sólo atinó a inclinarse hacia delante, dejando que el líquido amarillento fuera cayendo entre sus piernas.&lt;br /&gt;Cerró los ojos. Las explosiones de color seguían sucediendo párpados adentro. Volvió a abrirlos.&lt;br /&gt;Salió de la cama. Se quitó el calzoncillo y caminó hasta el baño tanteando las paredes con la punta de los dedos.&lt;br /&gt;Al inclinarse hacia las canillas para abrir la ducha perdió el equilibrio y, para no caer de golpe, se aferró a la cortina de hule que aguantó su peso permitiéndole recuperar la vertical.&lt;br /&gt;Abrió el agua fría y la dejó correr. Antes de entrar en la bañera se lavó los dientes. Tuvo que presionar el tubo de dentífrico al máximo para poder sacar el último resto de pasta.&lt;br /&gt;El primer contacto con la lluvia fría fue violento e intenso. Durante los primeros minutos se quedó quieto bajo el chorro, con los brazos colgando al costado del cuerpo, dejando que el agua corriera a través de su superficie, como si su cuerpo fuera el lecho de un río vertical. Después, ya con más control de movimientos, se enjabonó y se enjuagó.&lt;br /&gt;Al cerrar el grifo se quedó parado en la posición inicial escuchando el ruido del agua al caer a través de la rejilla. Una vez recompuesto el silencio, tanteó el toallón que colgaba a un costado y se secó dentro de la bañera. Para salir, aunque se sentía despabilado, se aferró de nuevo a la cortina, esta vez por precaución.&lt;br /&gt;Fue desde el baño a la cocina. Miró el reloj que colgaba de la pared. Marcaba las doce menos cuarto pasadas.Tomó el más accesible de los vasos apilados, lo enjuagó, abrió la heladera, sacó dos cubitos de la cubetera, buscó la botella y descargó whisky hasta que el nivel de líquido cubrió el hielo. Sabía que lo principal para salir de una borrachera fuerte era no dejar de beber de manera abrupta.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-3327043712461977812?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/3327043712461977812/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=3327043712461977812' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/3327043712461977812'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/3327043712461977812'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/12/despojos-novela-corta-indita-64.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 64'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-7908756665021324094</id><published>2008-12-15T12:31:00.000-02:00</published><updated>2008-12-15T12:33:19.729-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 63</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;63.&lt;br /&gt;El timbre sonó una vez, otra vez y otra. Después de la tercera hubo un intervalo y otra vez un estruendo, aunque de tono y procedencia diferente. No provenía de la cocina sino del living. Quienquiera que fuese ya no insistía con el portero eléctrico y había logrado llegar hasta la puerta de su departamento. Se levantó de la cama y caminó descalzo con un cigarrillo recién encendido entre los dedos. Al salir de la habitación se sintió mareado. Era el efecto habitual del whisky en ayunas. Necesitaba una ducha. Llegó hasta la puerta principal. Pegó un ojo a la mirilla y trató de distinguir la figura que se recortaba contra el fondo que instauraba la puerta del departamento de enfrente. No era Sofía, era el torso de un hombre el que podía adivinar. Por su altura dedujo que no era el encargado, más bien retacón y redondeado. Después de un instante más de observación no tuvo dudas. Era Barca. “Va”, gritó con fastidio evidente. Miró a su alrededor. Intentar un ordenamiento rápido aparecía como inútil. Revolvió uno de los amontonamientos de ropa hasta dar con un pantalón corto y una camisa ni demasiado arrugada ni manchada de vino o de grasa. “¿Qué hacés Barca?”, dijo al abrir la puerta.El otro, a partir de su apariencia y apenas vislumbrando el panorama del interior del departamento desde el umbral apenas atinó a decir “pero Antonio”, con un tono entre compasivo y reprobatorio.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-7908756665021324094?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/7908756665021324094/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=7908756665021324094' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7908756665021324094'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7908756665021324094'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/12/despojos-novela-corta-indita-63.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 63'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-4435785734938471933</id><published>2008-12-12T12:10:00.000-02:00</published><updated>2008-12-12T12:11:26.625-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 62</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;62.&lt;br /&gt;El día y la noche se habían convertido para él en apenas la diferencia que existía entre la luz que venía de afuera y la que, sólo en ciertos casos, una lámpara de sesenta watts era capaz de proporcionar.&lt;br /&gt;Su aspecto físico era desastroso. Al sobrepeso habitual se sumaba la hinchazón que le producía el consumo excesivo de alcohol. Estaba panzón y barbudo, aunque no sucio. Meterse debajo de la ducha le permitía recuperar cierto grado de lucidez, por lo que tomaba varios baños a lo largo de un mismo día.&lt;br /&gt;Aprovechaba esos momentos de no borrachera para poner un poco de orden en el departamento, dedicándose, sobre todo, a recoger colillas de cigarrillos, botellas vacías y cajas de cartón de pizza o empanadas. En ciertos momentos de lucidez plena hasta se dedicaba a lavar unos cuantos vasos y cubiertos de la pila formada en la bacha de la cocina.&lt;br /&gt;Era verano, y las temperaturas elevadas aún durante la noche hacían que la cantidad de ropa que tuviera que usar fuera mínima, limitada casi en su totalidad a calzoncillos, algún que otro short y alguna remera, que lavaba al bañarse.&lt;br /&gt;El televisor estaba permanentemente encendido. Cuando estaba en la cocina, el sonido del programa de turno del canal en el que hubiera detenido su último zapping le llegaba a través del pasillo. Si lo que oía no le interesaba, encendía la radio a un volumen que superara el del televisor, y trataba de sintonizar alguna emisora de tangos. Si no lo lograba no le importaba demasiado. Su atención estaba más bien dispersa.&lt;br /&gt;En esas condiciones, la lectura había quedado fuera de sus posibilidades. El Quijote seguía ahí, encima del sillón más cercano a la lámpara del living, con el señalador en la página que narraba el final de la primera salida del hidalgo, aquel momento de retorno al hogar en el que herido y casi deshecho sólo pedía a todos que “le dejasen dormir, que era lo que más le importaba”. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-4435785734938471933?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/4435785734938471933/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=4435785734938471933' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4435785734938471933'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4435785734938471933'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/12/despojos-novela-corta-indita-62.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 62'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-3315430997276660026</id><published>2008-12-09T12:07:00.000-02:00</published><updated>2008-12-09T12:10:23.132-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 61</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;61.&lt;br /&gt;“Otra ginebra”, indicó. Era la cuarta que pedía. Hacía casi dos horas que estaba en ese bar, sentado en una de las mesas pegadas al ventanal que daba a la avenida, viendo pasar los autos y, eventualmente, fijando la atención en alguna mujer atractiva.&lt;br /&gt;En el extremo opuesto del salón un enorme televisor mostraba las mejores jugadas de un partido de fútbol recién terminado.&lt;br /&gt;Al cabo de media hora volvió a pedir otra ginebra, esta vez sin emitir palabra, apenas indicando al mozo el vaso vacío con el dedo.&lt;br /&gt;Tenía que ir al baño pero tenía miedo de no poder mantener un equilibrio digno durante el trayecto. Decidió aguantar un poco más. Pensó que tal vez si comía algo amortiguaría el efecto del alcohol, que ya comenzaba a sentir en la forma de un peso en los párpados.&lt;br /&gt;Cuando el mozo le trajo la ginebra aprovechó para pedirle un tostado de jamón y queso.&lt;br /&gt;La sensación de pesadez no disminuyó después de la ingesta. Al contrario. Si no se quedaba dormido ahí mismo era porque su vejiga estaba a punto de estallar. Se levantó y fue pasando por entre las mesas con gran dificultad, tambaleándose. Varias veces recayó en un hombro como punto de apoyo, lo que lo obligó a articular una mínima frase de disculpa.Una vez en el baño, mientras el chorro de orina chocaba contra el fondo del mingitorio produciéndole un alivio inconmensurable, se entretuvo observando las ilustraciones obscenas que adornaban cada uno de los azulejos que tenía frente a él.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-3315430997276660026?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/3315430997276660026/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=3315430997276660026' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/3315430997276660026'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/3315430997276660026'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/12/despojos-novela-corta-indita-61.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 61'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-6661199890226486657</id><published>2008-12-05T11:40:00.000-02:00</published><updated>2008-12-05T11:41:27.805-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 60</title><content type='html'>60.&lt;br /&gt;– Además de este formulario tiene que presentar una copia del documento de identidad.&lt;br /&gt;– ¿Algo más?&lt;br /&gt;– No, para empezar el trámite es todo. ¿Se va a acordar o quiere que se lo anote?&lt;br /&gt;– ¿Me está cargando?&lt;br /&gt;– No, en serio. Usted parece ser de los que tienen el olvido fácil.&lt;br /&gt;– No vaya a creer. Quizás soy de los que sólo recuerdan lo que es importante.&lt;br /&gt;Y entonces Leticia, sin perder el rictus de amabilidad impostada con el que había sobrellevado el engorro de tener que tratar con él, le cerró la ventanilla en la cara.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-6661199890226486657?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/6661199890226486657/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=6661199890226486657' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6661199890226486657'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6661199890226486657'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/12/despojos-novela-corta-indita-60.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 60'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-8863606840780109808</id><published>2008-12-04T11:53:00.000-02:00</published><updated>2008-12-04T11:56:28.952-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 59</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;59.&lt;br /&gt;Era una de las primeras mañanas de calor intenso de diciembre. El director lo había citado para comunicarle que había llegado su pase a jubilación. No lo había hecho directamente sino después de un largo preámbulo, imaginando que la noticia, aunque no inesperada, le resultaría difícil de asimilar. Después de haber aludido a su dedicación, a su larga trayectoria y a su humildad recurriendo a una serie de adjetivos y adverbios de lo más banales, le había dicho que su trabajo terminaba el último día hábil del año, a partir del cual podría comenzar a disfrutar de su bien ganado retiro, en sus propios términos.&lt;br /&gt;Al final del encuentro se dieron la mano y el director, además, le apretó el hombro derecho con la mano izquierda. “Arregle la cuestión del papeleo con Leticia, ella le va a decir qué tiene que firmar y dónde presentarlo”.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-8863606840780109808?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/8863606840780109808/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=8863606840780109808' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8863606840780109808'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8863606840780109808'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/12/despojos-novela-corta-indita-59.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 59'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-896040774230158981</id><published>2008-12-02T12:21:00.001-02:00</published><updated>2008-12-02T12:23:49.367-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 58</title><content type='html'>&lt;p class="MsoBodyTextIndent" style=""&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;            58.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;          &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;La ventana del dormitorio daba a un pozo de aire que funcionaba como amplificador de voces y sonidos que, si bien se escuchaban con claridad, eran difíciles de determinar en cuanto a su procedencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;Lo más característico era el entremezclarse de sonidos televisivos. La voz tensa y aguda de un relator de fútbol se amalgamaba con la de los protagonistas de una telenovela, y todos, cada tanto, se veían superados por la estridencia de la cortina de algún noticiero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;Menos frecuentes eran los sonidos humanos, compuestos por los gritos de alguna pelea conyugal o filial, el llanto desgarrador de algún bebé hambriento o, muy de vez en cuando dado el recato dominante, los gemidos de un acto sexual, por lo general femeninos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;La llegada del calor, con la imposición de la necesidad de dejar las ventanas abiertas, multiplicaba los ruidos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;Sentado contra el respaldo de la cama, en calzoncillos, dando pitadas cortas al cuarto cigarrillo que fumaba en la noche, a oscuras y con la televisión apagada, fue testigo tanto de la máxima densidad e intensidad como del progresivo silenciamiento de ese conjunto de voces a la vez tan cercanas y tan distantes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-896040774230158981?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/896040774230158981/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=896040774230158981' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/896040774230158981'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/896040774230158981'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/12/despojos-novela-corta-indita-58.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 58'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-539421163457613854</id><published>2008-12-01T11:04:00.000-02:00</published><updated>2008-12-01T11:05:23.847-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 57</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;57.&lt;br /&gt;Ocuparon la única mesa libre, la que estaba pegada a la ventana. Antes de sentarse, saludó a la distancia al gallego, que estaba detrás de la barra.&lt;br /&gt;Ni bien se sentaron Fernando empezó a desplegar papeles sobre la mesa. “Tené cuidado, hay agua”, le advirtió al observar el borde de una de las hojas acercándose al círculo formado por la exudación de un vaso que ya no estaba en la mesa.&lt;br /&gt;“Para mí un sándwich de pollo y una ginebra con bastante hielo”, ordenó y, al mirar a Fernando, advirtió que ni siquiera había pensado en qué iba a comer y a tomar, enfrascado en el repaso de los datos que yacían en las hojas que tenía frente a él. “¿Vos qué vas a querer?”, preguntó.&lt;br /&gt;– ¿Eh?&lt;br /&gt;– Qué vas a querer. El mozo está esperando.&lt;br /&gt;– Lo mismo que usted.&lt;br /&gt;– ¿Estás seguro?&lt;br /&gt;– Sí.&lt;br /&gt;– Bueno, que sean dos entonces.&lt;br /&gt;El mozo no había terminado de dar media vuelta para irse cuando Fernando, levantando la vista de golpe le preguntó “¿Tiene idea de cuántas autopsias se realizaron el año pasado?”. “No, la verdad que no”, respondió con resignación al advertir que sería difícil eludir el ímpetu con el que había encarado la realización de ese informe. Se rindió ante tanto entusiasmo y se dispuso a escuchar, esperando íntimamente que la cuestión no se extendiera demasiado en el tiempo y que el sándwich viniera bien cargado. Daba por descontada una medida generosa de ginebra sabiendo que el gallego sabía que era para él.&lt;br /&gt;– Doscientas noventa y dos autopsias. El once coma cero dos por ciento de los fallecidos totales, una tasa notablemente declinante tomando como referencia la última década. ¿Y eso por qué? Porque no se cumple al pie de la letra la reglamentación. El artículo cuatrocientos veinticinco del año setenta y dos es muy claro, dice que se efectuará la autopsia de todos, de todos, dice, los enfermos que fallezcan en sala de hospital, con la excepción de los casos debidamente autorizados por el director del establecimiento, previo acuerdo con el jefe del servicio, o sea usted.&lt;br /&gt;– Pero Fernando, ¿vos creés que nosotros dos podríamos ocuparnos de todos los fallecidos del hospital? Es una suerte que la reglamentación no se cumpla. Se trabaja sobre los casos que los médicos que intervienen marcan como dudosos o sobre patologías exóticas, y eso ya es demasiado.&lt;br /&gt;– Bueno, es lo que dice la ley.&lt;br /&gt;– Está bien. ¿Qué más tenés?&lt;br /&gt;– Más de la estadística del último año. En cuanto al sexo, cincuenta y ocho a cuarenta y dos. Dominio masculino. Edad, la mayoría entre cincuenta y sesenta y nueve.&lt;br /&gt;– ¿Y eso para qué sirve?&lt;br /&gt;– No sé. Otro dato, ¿qué porcentaje de diagnósticos clínicos modifica el diagnóstico patológico? Veintiséis por ciento.&lt;br /&gt;– ¿Falta mucho?&lt;br /&gt;– Principales causas de fallecimiento del último año. En porcentaje, Treinta y cinco infecciones, veinticinco cardiovasculares, quince pulmonares, nueve renales, siete cerebrales, cinco neoplásicas, tres gastrointestinales. De las cardiovasculares, la principal es la hipertrofia del ventículo izquierdo, casi el cincuenta por ciento. Es todo, ¿qué le parece?– Perfecto. No sé a quién podría interesarle ni para qué pero está perfecto. ¿Qué pasa que no llegan ni las ginebras ni los sándwiches?&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-539421163457613854?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/539421163457613854/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=539421163457613854' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/539421163457613854'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/539421163457613854'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/12/despojos-novela-corta-indita-57.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 57'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-4651432326075544631</id><published>2008-11-28T14:20:00.002-02:00</published><updated>2008-11-28T14:23:38.388-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 56</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b style="font-family: arial;"&gt;56.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;“Tengo listo el informe para el ateneo”, le dijo Fernando apenas se saludaron.&lt;/span&gt;&lt;o:p style="font-family: arial;"&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;– ¿Qué ateneo?&lt;/span&gt;&lt;o:p style="font-family: arial;"&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;– El de anatomía patológica, este año se hace acá, la semana que viene. Le dije que iba a presentar un trabajo.&lt;/span&gt;&lt;o:p style="font-family: arial;"&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;– No me acordaba.&lt;/span&gt;&lt;o:p style="font-family: arial;"&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;– Bueno, cuando quiera se lo muestro.&lt;/span&gt;&lt;o:p style="font-family: arial;"&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;span  lang="ES-AR" style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;– Almorcemos algo juntos, entonces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;"  lang="ES-AR"&gt;&lt;br /&gt;– O-ka.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-4651432326075544631?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/4651432326075544631/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=4651432326075544631' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4651432326075544631'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4651432326075544631'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/11/despojos-novela-corta-indita-56.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 56'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-6122279557157174277</id><published>2008-11-27T12:25:00.000-02:00</published><updated>2008-11-27T12:27:03.245-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 55</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;55.&lt;br /&gt;Barca revolvía su segundo café mientras él apuraba de un trago su tercera ginebra. Ambos miraban hacia afuera. Llovía. Llovía a cántaros desde hacía dos días. La gente pasaba veloz, semiagachada, protegiéndose  a la vez de las gotas y del viento, que era un viento frío, desalmado y agresivo.&lt;br /&gt;Bajo el techo de la parada de colectivos que podía verse desde la ventana junto a la cual estaban sentados se amontonaban varios cuerpos que pugnaban por advertir si el que se acercaba era el colectivo que esperaban.&lt;br /&gt;El amarillo del techo de los taxis resaltaba en el contexto de grisura y luminosidad velada que generaba el mal tiempo.&lt;br /&gt;El bar estaba lleno. La humedad ambiente reforzaba la resonancia del murmullo generalizado de las conversaciones superpuestas.&lt;br /&gt;Ellos seguían en silencio, mirando por la ventana hacia afuera mientras la gente, los autos, los colectivos y los minutos seguían pasando.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-6122279557157174277?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/6122279557157174277/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=6122279557157174277' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6122279557157174277'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6122279557157174277'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/11/despojos-novela-corta-indita-55.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 55'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-986593015120921776</id><published>2008-11-25T16:16:00.003-02:00</published><updated>2008-11-25T16:19:07.432-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 54</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;54.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;Tres y cuarto. Sin encender la luz caminó hasta el baño. Al bajar de la cama se había enredado con un montón de ropa tirado en el suelo. Había insultado en voz alta. Ni siquiera había podido encontrar las chinelas en el revoltijo. No demoró demasiado en buscarlas, tenía que evacuar con mucha urgencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;Después de orinar se lavó las manos y &lt;st1:personname productid="la cara. Se" st="on"&gt;la cara. Se&lt;/st1:personname&gt; quedó un rato mirando en el espejo las gotas de agua correr desde la frente hasta la punta de la barbilla a través de los pómulos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;Una vez secado, apagó la luz del baño y para empezar a caminar a través de la oscuridad esperó a que sus pupilas se hubieran adaptado al nuevo estado de luminosidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;En lugar de volver al dormitorio se dirigió a &lt;st1:personname productid="la cocina. Los" st="on"&gt;la cocina. Los&lt;/st1:personname&gt; vasos y las ollas encima de la mesada reflejaban la mínima luz que llegaba desde &lt;st1:personname productid="la ventana. El" st="on"&gt;la ventana. El&lt;/st1:personname&gt; pico de la canilla también brillaba. Tomó un vaso de entre los que estaban amontonados para lavar, lo enjuagó, comprobó mediante el olfato que no conservara ningún aroma en particular, volvió a ponerlo bajo el chorro y, una vez que estuvo lleno hasta el borde, cerró la canilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;Bebió el contenido completo del vaso a grandes tragos y al terminar lo depositó boca abajo encima de la mesada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;La acelerada y abrupta ingesta de agua le provocó un eructo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;No tenía sueño. Tampoco tenía que levantarse temprano para ir al trabajo. Había pedido una semana de vacaciones adelantada. No sabía exactamente para hacer qué. Lo que sí sabía era que no tenía las más mínimas ganas de trabajar. Ya vería, hacia el final de la semana, si volvía o podía algún día más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;No tenía sueño. Fue al comedor y encendió &lt;st1:personname productid="la televisi￳n. Se" st="on"&gt;la televisión. Se&lt;/st1:personname&gt; sentó en el sillón de dos cuerpos, tomó el control remoto y empezó a pasar canales uno tras otro, sin detenerse más de cinco segundos en ninguno, hasta que ya no supo cuántas veces había dado la vuelta entera al circuito de señales disponibles. Estaba aburrido y al mismo tiempo ansioso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;Volvió a la cocina y abrió &lt;st1:personname productid="la heladera. La" st="on"&gt;la heladera. La&lt;/st1:personname&gt; luz blanquecina lo obligó a entrecerrar los ojos. Sacó una cubetera de hielo del congelador y cerró &lt;st1:personname productid="la puerta. Volvi￳" st="on"&gt;la puerta. Volvió&lt;/st1:personname&gt; a tomar el vaso que había usado antes, le puso tres cubos de hielo y fue en busca de la botella que había comprado la tarde anterior, de la que quedaba algo menos de la mitad del contenido. Llenó de líquido dos tercios del vaso y volvió al sillón del living.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;Se sentó y bebió un trago bastante largo. Volvió a tomar el control remoto y reinició el recorrido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;Cuando a través de la ventana empezaron a llegar los primeros indicios de luz había bebido todo el resto de &lt;st1:personname productid="la botella. No" st="on"&gt;la botella. No&lt;/st1:personname&gt; sabía en qué momento se había quedado dormido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;La pantalla le mostraba de qué manera una boa gigantesca se las arreglaba para deglutir a un pequeño chimpancé. Apagó el televisor y se acostó a lo largo en el mismo sillón. Su sueño fue creciendo, al igual que los ruidos que empezaban a llegar desde la calle.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-986593015120921776?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/986593015120921776/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=986593015120921776' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/986593015120921776'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/986593015120921776'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/11/despojos-novela-corta-indita-54.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 54'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-4308290596545833763</id><published>2008-11-24T16:24:00.000-02:00</published><updated>2008-11-24T16:25:38.094-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 53</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;53.&lt;br /&gt;Habían quedado en encontrarse en la puerta del edificio. La tarde anterior la había llamado para recordarle por cuarta vez que no olvidara llevar el documento de identidad. “¿Estás seguro de querer hacer eso?”, le había preguntado ella. “Sí, ya te dije, prefiero tener todo en orden, nunca se sabe lo que puede pasar”, aseguró él.&lt;br /&gt;– Pero papá, hablás como si tuvieras ochenta años, ¿qué creés, que te vas a morir pasado mañana?”&lt;br /&gt;– Mirá, ni mi abuelo ni mi papá llegaron a cumplir la edad que tengo, ¿oíste hablar del determinismo psíquico? Bueno, yo espero vivir cincuenta años más, pero por las dudas prefiero tener los papeles en orden.&lt;br /&gt;Lo que él llamaba “los papeles” era, simplemente, la escritura del departamento en el que vivía, que había comprado después de la división de bienes con Norma. Como con Lucía no se había casado, podía ponerlo directamente a nombre de Sofía, su única heredera, ahorrándole el trámite de la sucesión.&lt;br /&gt;Al doblar la esquina para tomar la calle de la escribanía la vio parada en la puerta de uno de los edificios de mitad de cuadra. Cuando todavía le faltaban unos metros para llegar hasta ella dijo en voz bastante alta “¿llegaste hace mucho?”, a lo que Sofía respondió “no, recién, hará dos minutos”. Al saludarse ella además de darle un beso en la mejilla lo abrazó. “Subamos”, dijo él.&lt;br /&gt;En la escribanía tenían todo listo para el acto, así que los hicieron pasar directamente a la sala de firmas. Les ofrecieron algo para tomar, lo que ambos rechazaron.&lt;br /&gt;Enseguida entró la escribana portando un grueso libro y una carpeta gris con cordones a ambos lados de las tapas. A continuación del “buenos días, cómo les va” y antes de que pudiera presentarle a Sofía agregó “los mismos ojos”, lo que permitió que se saludaran sin ninguna introducción de su parte.&lt;br /&gt;Era un trámite simple. La entrega en donación de la única propiedad de un padre a su única hija. A pesar de ello, la escribana insistió en leer el título en su totalidad, ante la posibilidad de algún error de tipeo o un dato mal transcripto.&lt;br /&gt;Todo estaba en orden. Primero firmó él, como donador, después Sofía, como receptora, y en tercer término la escribana, dando fe y enmarcando en la más plena legalidad el acto. Al final del texto había una cláusula de usufructo vitalicio a favor suyo, lo que implicaba que Sofía no podía disponer del bien mientras él viviera, por lo cual ella tuvo que volver a firmar al pie de la cláusula y la escribana volver a dar fe, también con otra firma.&lt;br /&gt;Al salir él propuso ir a tomar algo para festejar el acto, pero Sofía adujo cierto malestar vinculado con su embarazo. Se despidieron rápidamente y ella se subió en el primer taxi que pasó.Caminó en la misma dirección en la que había llegado. Se sentía tranquilo y en cierto sentido liberado, un sentimiento vinculado no sólo con el departamento sino con un universo mucho más amplio que, sin embargo, en ese momento no llegaba a advertir con claridad.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-4308290596545833763?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/4308290596545833763/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=4308290596545833763' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4308290596545833763'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4308290596545833763'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/11/despojos-novela-corta-indita-53.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 53'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-4685634852681077092</id><published>2008-11-21T15:44:00.000-02:00</published><updated>2008-11-21T15:46:07.102-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 52</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;52.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Contraataque. Un volante la roba en la puerta del área y llega con pelota dominada hasta la mitad de cancha. Apenas dos defensores y el arquero del otro equipo cubren &lt;st1:personname productid="la retaguardia. El" st="on"&gt;la retaguardia. El&lt;/st1:PersonName&gt; volante le pone un pase en diagonal hacia adelante al marcador de punta izquierdo, que corre a toda velocidad y llega a la pelota casi sobre la línea final, cerca del banderín del córner, antes de que salga. La impulsa hacia el área imprimiéndole a la esfera de cuero forrado en material sintético una trayectoria elíptica que se eleva en altura unos diez metros y cuyo punto de llegada está ubicado justo delante suyo. Antes de que la pelota toque el suelo el cuerpo se perfila para que la pierna derecha pueda estirarse e impactar el balón de lleno en el centro, casi en posición horizontal avanzando de atrás hacia adelante. Golazo. Rugido de gol. Estruendo. Truenos. Un relámpago en el mismo momento en el que los ojos se abren. Sigue lloviendo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-4685634852681077092?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/4685634852681077092/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=4685634852681077092' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4685634852681077092'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4685634852681077092'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/11/despojos-novela-corta-indita-52.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 52'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-5333142096157037768</id><published>2008-11-20T13:39:00.000-02:00</published><updated>2008-11-20T13:41:34.301-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 51</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;51.&lt;br /&gt;Llovía a cántaros. No podía dormir. No había nada que le interesara ver en televisión. Ya había hecho zapping durante más de una hora. La radio no sintonizaba bien a causa de la tormenta. El diario del domingo ya lo había leído de punta a punta. La pila de revistas había dejado de crecer desde que Lucía se había ido. Fue hasta el living y se paró frente a la biblioteca. La mayoría de los libros que había en ella eran de medicina, tratados y manuales comprados durante sus épocas de estudiante y residente. Además de la medicina, había un diccionario enciclopédico en varios tomos, otro en un solo volumen más pequeño, un tercero inglés–español–español–inglés, un ejemplar de la Biblia, comprado hacía muchos años en un círculo de lectores y nunca abierto, una edición del Quijote en dos tomos encuadernados en tapa dura y unas cuantas novelas policiales compradas y leídas a lo largo de varios viajes.&lt;br /&gt;Alguna vez había intentado leer el Quijote. Recordaba haber tenido que comprar para Sofía, a pedido de la profesora de lengua del último grado de su escuela primaria, una edición resumida y haber leído muy por encima algunos capítulos aislados.&lt;br /&gt;Tomó el primer volumen del estante y se sentó en el sillón de un cuerpo, el que estaba más cerca de la lámpara de pie. Recorrió el índice y se sintió abrumado de entrada ante las quinientas cuarenta y tres páginas de extensión de los cincuenta y dos capítulos que componían la primera parte. Saltó la Introducción, que contenía una biografía del autor, un análisis de la novela, una cronología y una bibliografía de consulta, escrita por el editor, y se enfrentó con la reproducción de la cubierta original, que le resultó difícil de leer a raíz de que la ve corta reemplazaba a la u, la u a la ve corta, la equis a la jota y la efe a la ese. Saltó también la Tasa, las dedicatorias, el Prólogo y los Elogios originales, todo esto ya obra del propio Cervantes y, finalmente, dio con la consabida primera oración, a partir de lo cual advirtió que a la extensión total podía restarle treinta páginas, número que de todos modos resultaba insignificante.&lt;br /&gt;La consabida primera oración presentaba dos llamadas a notas al pie, sin contar con el asterisco que aparecía al final del título del capítulo, que ocupaba más de media página. La primera llamada estaba después de “acordarme”, la segunda después de “astillero”, casi una página entera entre las dos, en un tipo de letra notablemente más pequeño. Así, la primer oración y sus comentarios se llevaban casi dos páginas. Entusiasmado por lo que entendía, ahora sí, como una reducción significativa de la extensión total, se entregó a la lectura dispuesto a obviar cualquier referencia explicativa. Así, hacia la medianoche, ya había conocido tanto la condición como la situación y los hábitos de Don Quijote, había asistido a su primera salida y a su consagración como caballero, quedando a las puertas de sus primeras aventuras. Sin darse cuenta, había pasado casi una hora leyendo, para él todo un récord, y al cerrar el libro le ardían los ojos, por cansancio visual y a causa del sueño, que se le había presentado con toda su potencia y su apremio.&lt;br /&gt;Dejó el libro sobre el sillón con la idea de volver a él al día siguiente. Lo entusiasmaba haber encontrado algo que captara su interés de semejante manera.Apagó la lámpara y, a oscuras, caminó hacia el dormitorio a través del pasillo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-5333142096157037768?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/5333142096157037768/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=5333142096157037768' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5333142096157037768'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5333142096157037768'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/11/despojos-novela-corta-indita-51.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 51'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-5708086784375257025</id><published>2008-11-18T16:58:00.002-02:00</published><updated>2008-11-18T17:01:18.095-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 50</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;"  lang="ES-AR"&gt;50.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;font-size:100%;"  lang="ES-AR" &gt;La ciudad ya no era como él &lt;st1:personname productid="la conoc￭a. Y" st="on"&gt;la conocía. Y&lt;/st1:personname&gt; no sólo por el reciclado de los bares del centro a los que solía concurrir. Era toda su fisonomía la que había cambiado, las calles, los nombres de las calles, las veredas, los edificios, los negocios, sumados todos esos cambios al aumento de la velocidad de desplazamiento tanto de transeúntes como de vehículos, que había vuelto casi irrealizable el deseo de caminar en plan de observación cuidadosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyTextIndent" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;font-size:100%;"  lang="ES-AR" &gt;Dobló hacia la izquierda en una esquina en la que creyó reconocer una fachada que le resultaba familiar. Se trataba de un edificio antiguo de dos pisos con local en la planta baja. Las persianas parecían estar cerradas desde hacía por lo menos dos décadas. Trató de recordar de qué negocio se trataba. Observó la vereda de enfrente, las esquinas, volvió a mirar hacia los pisos altos y dedujo que se trataba de la confitería de citas, llamada así en la jerga de la noche a causa de que, siendo uno de los lugares más decentes de la zona, era utilizada para llevar a tomar algo a las candidatas con chances más serias de convertirse en novias y esposas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;font-size:100%;"  lang="ES-AR" &gt;Enseguida irrumpieron en su memoria las mesas con doble mantel, los reservados, los floreritos con jazmines o violetas encima de cada mesa, los mozos con chaleco y moñito peinados a &lt;st1:personname productid="la gomina. Im￡genes" st="on"&gt;la  gomina. Imágenes&lt;/st1:personname&gt; que parecían ser de ficción, la puesta en escena de un melodrama costumbrista en un teatro de pueblo. Recordó su primer té con Norma. Se dio cuenta de que los años de matrimonio y ex–matrimonio le habían hecho olvidar lo linda que era en esa época y lo linda que estaba especialmente ese día. La había conocido en una de esas milongas que ya no estaban cerca de ahí, una de las que todavía contaban con orquesta en vivo. No recordaba las circunstancias ni los detalles del baile mismo pero sí la despedida, en la que se había animado a invitarla a tomar el té el sábado siguiente. Y de ese mismo día recordaba su afán en el cepillado de los zapatos y el traje, su obsesión por la perfección del nudo de &lt;st1:personname productid="la corbata. Y" st="on"&gt;la corbata. Y&lt;/st1:personname&gt; después, el rostro de ella frente a él, nunca más tan delgado ni tan diáfano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-5708086784375257025?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/5708086784375257025/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=5708086784375257025' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5708086784375257025'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5708086784375257025'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/11/despojos-novela-corta-indita-50.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 50'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-5041305437653047631</id><published>2008-11-17T11:37:00.000-02:00</published><updated>2008-11-17T11:38:17.762-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 49</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;49.&lt;br /&gt;“Pero papá, ¿cómo podés vivir entre tanta mugre?”, había dicho Sofía al entrar a la cocina, y al instante tenía puesto un delantal sobre su panza de tercer mes de embarazo y se aprestaba a lavar la pila de platos y vasos acumulados en la pileta.&lt;br /&gt;No lo visitaba desde que se había casado. Además, era la primera vez que podía estar con ella sin la presencia de su marido.&lt;br /&gt;Al verla dedicada al mejoramiento de su hábitat se sintió mimado, a pesar de los comentarios críticos que emitía hacia él mientras llevaba a cabo la tarea.&lt;br /&gt;“No es bueno que hagas tanto esfuerzo en tu estado”, le dijo. “Papá, estoy embarazada, no enferma”, respondió ella haciendo gala del carácter enérgico heredado de su madre.&lt;br /&gt;En ese momento tuvo ganas de decirle algo cariñoso pero no quiso parecer cursi. Pensó y pensó la frase más adecuada pero no se le ocurrió nada más que “¿querés que prepare unos mates?”– No papá, ¿no ves que esto es un desastre? ¿Encima querés ponerte a usar la cocina justo ahora? ¿Por qué no te vas a dar una vuelta o algo mientras termino?&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-5041305437653047631?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/5041305437653047631/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=5041305437653047631' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5041305437653047631'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5041305437653047631'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/11/despojos-novela-corta-indita-49.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 49'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-7893563409014596003</id><published>2008-11-14T12:12:00.000-02:00</published><updated>2008-11-14T12:13:29.619-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 48</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;48.&lt;br /&gt;Era el último chorro que esa botella de whisky podía entregarle. Le puso poco hielo para poder sentir con mayor intensidad ese último ardor en la garganta.&lt;br /&gt;Había encendido el televisor apenas había entrado al departamento. Lo había dejado en un canal de noticias a un volumen bastante alto, para enterarse de las últimas novedades mientras se daba un baño y se servía los primeros tragos. Escuchó, a lo lejos, que la bolsa de Tokio había bajado un tres por ciento, que palestinos e israelíes vengando y revengando sus respectivos muertos, que se esperaban lluvias y tormentas para la mañana siguiente y que Independiente haría varios cambios para enfrentar a Boca, el puntero del campeonato, el domingo siguiente.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-7893563409014596003?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/7893563409014596003/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=7893563409014596003' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7893563409014596003'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7893563409014596003'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/11/despojos-novela-corta-indita-48.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 48'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-3940991738294833383</id><published>2008-11-13T14:54:00.001-02:00</published><updated>2008-11-13T14:54:53.983-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 47</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;47.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Al llegar junto al mostrador carraspeó para indicar su presencia. Leticia, que estaba de espaldas a la ventanilla, sentada de frente a su escritorio, respondió a la señal de forma inmediata, girando sin levantarse de la silla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;“Doctor Bardi”, dijo, abandonando al verlo la sonrisa simpática con la que recibía a todo el mundo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;“Qué tal, Leticia, ¿cómo le va?”. Su intento de amabilidad fracasó al instante, no pudiendo modificar un ápice las expresiones de repulsión y desagrado evidentes del rostro de ella, que se refugió en lo estrictamente reglamentario. “¿En qué lo puedo ayudar?”, preguntó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;“Mire, Leticia, yo sé que tendríamos que haber hablado hace tiempo, que yo tendría que haberla llamado”, intentó explicar, aunque ella lo cortó en seco reiterando: “¿en qué lo puedo ayudar?”. “Entiendo”, dijo, dando por aceptado el estado de las cosas. Tendría que dejar la resolución de ese conflicto para otro momento. “¿El Director está?”, preguntó yendo a lo que lo había llevado hasta ahí. “No, no viene hoy”, respondió la mujer sin agregar mayores datos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Se despidió con un “hasta luego” para el cual, como era de esperar, no obtuvo respuesta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-3940991738294833383?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/3940991738294833383/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=3940991738294833383' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/3940991738294833383'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/3940991738294833383'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/11/despojos-novela-corta-indita-47.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 47'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-7944982948162450829</id><published>2008-11-11T16:36:00.004-02:00</published><updated>2008-11-11T16:41:11.299-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 46</title><content type='html'>&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  &gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;46.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-AR"  style="font-family:arial;font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:100%;"&gt;Entró al hospital por una de las puertas del costado, como venía haciéndolo desde hacía varias semanas. Eso le permitía evitar pasar cerca de Secretaría y, con eso, la posibilidad de cruzarse con Leticia, a quien no había vuelto a ver desde aquél primer y único encuentro entre ellos. Por otro lado, esa entrada le permitía llegar de manera más directa al jardín para alimentar a los gatos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt; La manada, como siempre, fue dándose a ver de a poco y, después del banquete, le agradeció el servicio refregándose contra sus pantorrillas. &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:100%;"&gt;Entró a la morgue pasadas las ocho. La sala estaba vacía y tanto el acceso a las heladeras como los gabinetes del instrumental estaban cerrados. Era evidente que Fernando se había quedado dormido. Calculando que entre que llegara y dispusiera los elementos necesarios para iniciar el trabajo pasaría por lo menos media hora, decidió salir a tomar un café.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Volvió una hora después. Además de café había tomado dos ginebras. El ambiente presentaba el mismo aspecto desolado. Más que una llegada tarde iba a tener que asumir un faltazo por parte de Fernando y encarar solo la tarea del día.&lt;br /&gt;Encendió todas las luces, abrió los gabinetes, dispuso el instrumental, se calzó el delantal y los guantes, y fue en busca del primer cuerpo del día. De la puerta que comunicaba la sala con el sector de las heladeras colgaba la planilla en la que estaban registrados los ingresos que se habían producido desde el final del día anterior. Eran siete. Maldijo a Fernando y a toda su estirpe con una andanada de insultos pronunciados en voz alta y, mientras tanto, fue abriendo cada una de las puertas de las heladeras indicadas en el parte de ingreso para que los tejidos fueran ablandándose y resultaran más fáciles de cortar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-7944982948162450829?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/7944982948162450829/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=7944982948162450829' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7944982948162450829'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7944982948162450829'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/11/despojos-novela-corta-indita-46.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 46'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-631339888993966629</id><published>2008-11-10T11:40:00.000-02:00</published><updated>2008-11-10T11:41:56.208-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 45</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;45.&lt;br /&gt;– Qué lo parió, enganché otra vez.&lt;br /&gt;– Te dije que no tiraras para ese lado. Debe haber escombros del muelle viejo.&lt;br /&gt;– Es la tercer línea completa que pierdo.&lt;br /&gt;– Poné una plomada sin alambres.&lt;br /&gt;– ¿Con semejante correntada?&lt;br /&gt;– Y bueno, ¿qué querés? Tendrás que tirar y sacar más seguido pero por lo menos no se te engancha. Uy, enganché carajo.&lt;br /&gt;– Ahí tenés, vos y tu plomada sin alambres. Si por lo menos hubiera pique. Hace más de dos horas que estamos acá chupando frío para nada. Encima parece que va a llover otra vez.&lt;br /&gt;– Vamos a tomar algo caliente y volvemos más tarde. Por ahí cambia el pique y tenemos más suerte.– No creo que cambie nada, pero vamos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-631339888993966629?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/631339888993966629/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=631339888993966629' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/631339888993966629'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/631339888993966629'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/11/despojos-novela-corta-indita-45.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 45'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-2757316160084629439</id><published>2008-11-07T17:22:00.000-02:00</published><updated>2008-11-07T17:23:18.890-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 44</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;44.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;– Otro peaje, prepará las monedas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;– ¿Otro más?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;– Este es el último.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Mientras saludaba a la empleada que, con cara de sueño, extendía hacia la ventanilla del auto el ticket y un plano de la zona de balnearios hacia la que se dirigían, Barca le alcanzó las últimas monedas que quedaban en la guantera de la puerta de su lado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Enseguida estuvieron otra vez solos en la ruta, aunque iluminados ya por la incipiente luz del sol que empezaba a asomar por el lado izquierdo, por encima de ese inmenso horizonte plano de campos al parecer infinitos, el primer sol de esa mañana del último viernes del mes de octubre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Finalmente, después de numerosas postergaciones, iban a pescar. Habían reservado un bungalow cerca del muelle de una localidad balnearia marítima que era considerada, justo en esa época del año, el paraíso para la captura de la corvina negra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Llegaron a destino pasadas las nueve de &lt;st1:personname productid="la ma￱ana. El" st="on"&gt;la mañana. El&lt;/st1:PersonName&gt; bungalow no era demasiado amplio ni parecía ser muy confortable pero contaba con una estufa enorme que pusieron en funcionamiento, con éxito, apenas cerraron la puerta después de entrar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Lo que en la ruta y a lo largo del amanecer parecía iba a ser un día impecable se había convertido en un desapacible manto de nubes grises con ventarrones y llovizna intermitente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;“Tiempo de mierda”, dijo mirando hacia el mar a través de la ventana que daba a la calle. “No empieces con tus quejas, Antonio”, respondió Barca, amenazante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;– Además, ya lo dice el refrán, a mar revuelto, ganancia de pescadores.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;– ¿No era a río revuelto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;– Mar revuelto, río revuelto, es lo mismo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;– No sé si es lo mismo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;– No importa. No seas amargo. Voy a desatar las cañas del portaequipaje. Vos poné la pava y prepará unos mates que hace un frío bárbaro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-2757316160084629439?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/2757316160084629439/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=2757316160084629439' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2757316160084629439'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2757316160084629439'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/11/despojos-novela-corta-indita-44.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 44'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-4498801752619054678</id><published>2008-11-03T15:59:00.000-02:00</published><updated>2008-11-03T16:00:10.310-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 43</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;43.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Con Lucía habían acordado que ella se llevaba los negativos y él se quedaba con las fotos. Durante el tiempo que habían pasado juntos habían completado dos álbumes de cien, algo así como ocho rollos de veinticuatro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Era sábado a la tarde, era invierno, afuera llovía a cántaros y no había ningún partido de fútbol para ver ya que los campeonatos, tanto locales como extranjeros, estaban en receso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Se acercó al modular del living y tomó al azar uno de los álbumes. Era el más antiguo. Como la luz natural era débil a causa del mal tiempo y la lámpara se había quemado, se lo llevó a &lt;st1:personname productid="la cocina. Aprovech￳" st="on"&gt;la cocina. Aprovechó&lt;/st1:PersonName&gt; para servirse una doble medida de whisky.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Apenas dio vuelta la tapa, Lucía le sonrió desde el jardín zoológico, desde aquella tarde en la que se habían propuesto, casi como un juego, recrear un paseo de infancia, con pochoclo y copo de nieve incluidos. El cielo de aquél día también estaba nublado, aunque no llovía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;La tarde fue pasando. Se fue sirviendo un whisky tras otro hasta que la botella estuvo vacía. A lo largo de la tarde y del whisky fue pasando una y otra vez las mismas páginas que alguna vez se habían prometido ver juntos hasta el fin de sus vidas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Cuando llegó la noche estaba, además de borracho, sumergido en un llanto incontrolable, infantil, un llanto demorado por semanas y meses.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-4498801752619054678?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/4498801752619054678/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=4498801752619054678' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4498801752619054678'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4498801752619054678'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/11/despojos-novela-corta-indita-43.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 43'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-5387326165154071782</id><published>2008-10-31T15:14:00.000-02:00</published><updated>2008-10-31T15:15:28.067-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 42</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;42.&lt;br /&gt;Corre. Corre a toda velocidad, con todo el peso de su cuerpo lanzado hacia adelante. Cada dos pasos alcanza la pelota, que va unos metros por delante de él pero pierde impulso rápidamente, y la vuelve a empujar con la parte exterior del pie derecho. La cancha es infinita, los rivales parecen no existir. Antonio Bardi atraviesa un campo de juego que se parece al universo en un pique de puntero derecho que avanza hasta el fondo pegado a la raya y espera, en vano, entrever la línea final para frenar en seco su carrera y tirar el centro hacia el área, en la que algún compañero se encargará de enviar la pelota al fondo de la red.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-5387326165154071782?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/5387326165154071782/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=5387326165154071782' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5387326165154071782'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5387326165154071782'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/10/despojos-novela-corta-indita-42.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 42'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-2247031534471812594</id><published>2008-10-27T12:40:00.000-02:00</published><updated>2008-10-27T12:41:35.045-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 41</title><content type='html'>41.&lt;br /&gt;Salieron del hotel y caminaron uno al lado del otro en silencio durante dos cuadras. Al llegar a la avenida él la invitó a tomar otro café. Ella le agradeció pero se negó, argumentando que ya se le había hecho bastante tarde. Se despidieron con un beso en la mejilla y él se quedó mirándola cruzar la avenida y correr para alcanzar un colectivo a punto de arrancar.&lt;br /&gt;Entró al bar. Pidió un café y una ginebra. Cuando el mozo volvió con el pedido le preguntó si tenía el diario de la tarde. “Ya se lo alcanzo, jefe”, repondió.&lt;br /&gt;A la media hora estaba otra vez en la calle, caminando en dirección a su casa. No lo amedrentaban ni el viento ni la llovizna helada.&lt;br /&gt;Llegó empapado y calado de frío hasta los huesos. Tiró la ropa mojada en el cesto del lavadero y caminó desnudo hasta el baño. Esperó a que la ducha saliera bien caliente y recién entonces se metió debajo del chorro, quedándose ahí, quieto, durante varios minutos, aspirando el vapor que saturaba el baño dándole el aspecto de un sauna.&lt;br /&gt;Una vez fuera de la ducha y ya seco, sin encender una sola luz, se dirigió hacia el dormitorio y se metió en la cama. Se quedó boca arriba con las manos cruzadas debajo de la nuca y la vista fija en el techo hasta que las primeras luces del día comenzaron a entrar por las hendijas de la persiana. Recién entonces se quedó dormido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-2247031534471812594?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/2247031534471812594/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=2247031534471812594' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2247031534471812594'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2247031534471812594'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/10/despojos-novela-corta-indita-41.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 41'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-6192999768249184035</id><published>2008-10-22T16:42:00.000-02:00</published><updated>2008-10-22T16:43:08.992-02:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 40</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;40.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Antes de abandonar el hospital decidió pasar por secretaría a retirar sus recibos de sueldo. Varias veces le habían pedido que lo hiciera ya que tenían acumulados los de un año entero y necesitaban, además, su firma en una planilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Eran casi las seis de &lt;st1:personname productid="la tarde. Al" st="on"&gt;la  tarde. Al&lt;/st1:PersonName&gt; acercarse a la ventanilla advirtió que la empleada estaba a punto de retirarse, por lo que el primer gesto que recibió de su parte fue de desagrado, en vano disimulado con un saludo cordial. “Doctor Bardi, ¿cómo le va?”, dijo. “Si quiere paso en otro momento, pero como me volvieron a llamar para que retirara los recibos”, dijo él. “Está bien, no hay problema, ya se los busco”, contestó dando por iniciada la tarea.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;De Leticia sólo sabía que trabajaba en el hospital desde hacía más de veinte años. Parecía muy eficiente. Calculaba que tendría unos cincuenta años y era fácil advertir que no había perdido del todo sus encantos físicos de juventud. A pesar de las arrugas su cara era aún un buen marco para ese par de ojos enormes y claros, y todavía podía lucir sin complejos sus largas piernas de una tonicidad muscular más que aceptable. En ese momento, precisamente, ofrecía a su mirada un cruce fenomenal, mientras sus manos hurgaban en el contenido de una caja de archivo llena de papeles.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;“Acá están”, dijo levantando la vista hacia él bruscamente advirtiendo su observación libidinosa. “Tengo desde enero del año pasado”, agregó mientras sacudía un manojo de recibos amarillentos y trataba de disimular un indisimulable sonrojeo. “Sí, sabía que eran unos cuantos”, dijo él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Leticia se acercó al mostrador y le alcanzó, junto con los recibos, una birome. “Firme la copia de cada uno, el original es para usted”, indicó. “Muy bien”, dijo él, y se entregó a &lt;st1:personname productid="la tarea. Mientras" st="on"&gt;la tarea. Mientras&lt;/st1:PersonName&gt; tanto, fue testigo del minucioso y exhaustivo proceso de reordenamiento de la oficina llevado a cabo por Leticia después de la búsqueda, al final del cual la apariencia de la oficina volvió a ser idéntica a la que tenía al momento de su llegada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;Entre octubre y noviembre se tomó un descanso. Ella lo observaba desde el otro lado del mostrador. “Se me cansa la mano”, explicó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;– La vine a demorar justo cuando estaba a punto de irse, ¿no?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;– No hay problema.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;– Para compensar la molestia le invito un café, ¿quiere?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;– Se lo agradezco, pero es que vivo lejos y con las cosas que están pasando no quiero llegar de noche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;– Un cafecito, vamos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;– Bueno, cómo no, doctor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;– Antonio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.45pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Bookman Old Style&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;– Antonio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-6192999768249184035?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/6192999768249184035/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=6192999768249184035' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6192999768249184035'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6192999768249184035'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/10/despojos-novela-corta-indita-40.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 40'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-8621862583857056525</id><published>2008-10-17T13:25:00.000-03:00</published><updated>2008-10-17T13:30:04.385-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 39</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;39.&lt;br /&gt;“Van a ser abuelos”, había anunciado Sofía en mitad de la comida. “Fue por eso que quise que estuvieran los dos, así ninguno se quejaba después de que el otro se hubiera enterado antes”. Abuelo. El abuelo Antonio. La nueva denominación sonaba una y otra vez en su cabeza, y sonaba mal, una disonancia más para ese acorde cada vez más tenso en el que se había convertido su vida, un acorde que demandaba una resolución urgente, una descarga, alguna clase de reposo.&lt;br /&gt;Estaba sentado en el sillón del living. La luz que lo iluminaba llegaba desde la lámpara de pie ubicada en el otro extremo de la habitación. Era una luz tenue, que llegaba hasta él con sus últimos retazos. Miró el reloj. Las tres y veinte. La ensoñación provocada por el vino que había bebido durante la cena había desaparecido. Fue hasta la mesita de los licores y efectuó una rápida inspección. Ginebra no había más, whisky tampoco. Quedaba algo de coñac y una botella casi llena de ese licor irlandés dulcísimo que a Lucía le encantaba. Buscó una copa de coñac en la cristalera y se sirvió una medida doble. Mientras cumplía con el ritual de hacer girar el líquido en la copa caminaba por la habitación, fijando alternativamente la mirada en el piso, la copa, las paredes y la ventana que daba al contrafrente del edificio. Se acercó a la ventana. Abrió una de las hojas y sintió el viento frío de fines de agosto en la cara. Podía ver las ventanas de los edificios de alrededor. No todas estaban iluminadas. No todas las que estaban iluminadas tenían las persianas bajas. Una, ubicada dos pisos más abajo que el suyo en el edificio de enfrente, le permitía observar el despliegue de una pareja entregada con fervor a la tarea amatoria. Otra, en diagonal, mostraba a un grupo de gente reunida en lo que parecía ser un grupo de estudio. Estaban sentados alrededor de una mesa redonda y manipulaban libros y papeles. Frente a cada uno había un jarro de café o té y, en el centro de la mesa, un enorme cenicero repleto de cenizas y colillas apagadas. Cada vez que alguien hablaba los demás lo escuchaban en medio de un clima que parecía ser de absoluta concentración. La escena lo hizo recordar sus épocas de estudiante y las madrugadas previas a los finales, en su casa o en la de Barca. La noche en vela, el desayuno, el viaje hacia la Facultad y la tensa espera por la bolilla de la salvación o de la condena.&lt;br /&gt;Fue bebiendo el coñac de a sorbos. Se retiró de la ventana a causa del frío, volviendo al sillón iluminado por la luz que llegaba desde la lámpara de pie ubicada en el otro extremo de la habitación.El sueño lo venció antes de que hubiera terminado de beber todo el contenido de la copa, que se le cayó de las manos y estalló contra el piso sin despertarlo.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-8621862583857056525?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/8621862583857056525/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=8621862583857056525' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8621862583857056525'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8621862583857056525'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/10/despojos-novela-corta-indita-39.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 39'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-3008535884065714016</id><published>2008-10-14T16:48:00.003-03:00</published><updated>2008-10-14T16:57:05.294-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 38</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;38.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;– No se puede jugar sin nueve, no me digas que no tengo razón. ¿De qué sirven dos tipos bien abiertos que lleguen hasta el fondo si en el área no hay nadie que la meta, eh?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;– Dicen que están por comprar un camerunés.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;– ¿Un camerunés? Pero que se dejen de joder, no ve van a decir que no pueden sacar un pibe como la gente de las inferiores. Ahí, hasta ahí, no cortes más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;– Es que el músculo ya está rígido, mejor cortarlo hasta arriba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;– Bueno, dale. ¿Así que ésta entró anoche?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;– Sí, dice el parte que llegó con un paro y que no hubo caso con &lt;st1:personname productid="la reanimaci￳n. Para" st="on"&gt;la reanimación. Para&lt;/st1:personname&gt; mí que estaba muerta desde antes, lo que pasa es que era medio famosa la mina, del ambiente del rock, creo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;– ¿Tomaste las muestras para los análisis?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;– Sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;– Si no fue sobredosis debe haber sido un aneurisma. Habría que tomar una muestra encefálica también.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;– Bueno, primero terminemos acá así cierro y después abro la cabeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;– ¿&lt;st1:personname st="on"&gt;Compras&lt;/st1:personname&gt;te el diario hoy?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;– Sí, está allá, con mis cosas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;– ¿Puedo llevarme los clasificados?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;span lang="ES-AR"  style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;– Sí, seguro. ¿Qué anda queriendo comprar, Antonio?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;– Comprar no, vender. El auto. Ya está medio viejo y la verdad es que no lo uso. No tengo idea de cuánto me pueden llegar a dar.&lt;br /&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:100%;"  lang="ES-AR" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-3008535884065714016?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/3008535884065714016/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=3008535884065714016' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/3008535884065714016'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/3008535884065714016'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/10/despojos-novela-corta-indita-38.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 38'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-4241992753383945927</id><published>2008-10-10T13:44:00.000-03:00</published><updated>2008-10-10T13:45:18.770-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 37</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;37.&lt;br /&gt;Había copiado la dirección en un rectángulo de papel que estaba seguro de haber colocado en el bolsillo interno del saco. Recorrió una y otra vez la suavidad de la tela del forro pero no lo encontró. Cambió de mano la botella que llevaba envuelta en papel madera y buscó en uno de los bolsillos exteriores. Ahí estaba, doblado por la mitad. Leyó la dirección. Estaba en la calle correcta. Le faltaban dos cuadras para llegar. Conservó el papel en la mano durante el trayecto. Llegó a una entrada antigua, de altas y angostas puertas de hierro forjado con vidrio del lado de adentro. Presionó el botón del timbre indicado. Pasaron unos cuantos segundos sin respuesta hasta que, justo cuando estaba por volver a tocar, escuchó una voz masculina que, aunque deformada por la baja calidad de audio, parecía ser la de su yerno preguntando quién era. “Aquí Antonio”, dijo. “Ya vamos”, respondió el otro, aunque era bastante dudoso que vinieran a abrir los dos.&lt;br /&gt;Apareció él, esgrimiendo esa sonrisa indeclinable y, a fuerza de omnipresente, inexpresiva. “Qué tal, Antonio, ¿cómo le va?”, dijo palmeándole el hombro apenas hubo traspasado el umbral. “Qué hacés, pibe”, se limitó a contestar mientras seguía avanzando por el pasillo hacia la puerta del departamento.&lt;br /&gt;“¡Qué olorcito!”, dijo al entrar. Sofía, en la cocina y de espaldas a la puerta, revolvía alguna clase de guiso en una olla oscura. “Pá”, fue la expresión verbal que acompañó su girar hacia él con una enorme sonrisa en la cara. Enseguida dejó la cuchara de madera sobre la mesada, se refregó las manos en el delantal y se acercó a abrazarlo. El apretón fue largo e intenso, después del cual tuvo que hacer un enorme esfuerzo para disimular sus ojos humedecidos en exceso. “Traje un vino”, dijo depositando la botella sobre una pequeña mesa ubicada contra una de las paredes de la cocina. “A ver, a ver”, dijo su yerno, destrozando el papel que bien podría haber servido para envolver otra botella o cualquier otra cosa en el futuro. “Uy, qué bueno debe estar esto”, exclamó al tiempo que se dirigía con la botella hacia el comedor, en el que de refilón podía ver ya puesta una mesa muy prolija con cinco cubiertos.&lt;br /&gt;Se sintió desorientado. Había supuesto una cena relativamente íntima y exclusiva, preparada especialmente para él como único invitado.&lt;br /&gt;“Hice lentejas”, informó Sofía.&lt;br /&gt;– Ya casi están –agregó. Ah, viene mamá con Ricardo, lo conociste en el casamiento. ¿No te molesta, no?&lt;br /&gt;– No, no –dijo sin preocuparse demasiado por darle tintes de verosimilitud a su respuesta.&lt;br /&gt;– Es que les debía una invitación a ellos también y me da tanta fiaca cocinar que, bueno, pensé, ya que hago algo los invito a todos y listo. ¿En serio no te molesta?&lt;br /&gt;– No, qué va.&lt;br /&gt;Mientras tanto, Ignacio había descorchado el vino y lo servía sin darle ni siquiera medio minuto de oxigenación y descanso. Le alcanzó una copa a él y otra a Sofía y, antes de volcar el primer trago sobre su garganta exlamó “salud” copa en alto. “Salud”, repitieron ellos, entrechocando sus cristales.&lt;br /&gt;– Está buenísimo este vino, Antonio.&lt;br /&gt;– Sí, creo que es bastante bueno. Tomalo despacio, así lo disfrutás más –dijo, pensando sin decir: margaritas a los chanchos.&lt;br /&gt;Sonó el timbre. Sofía fue hacia el portero eléctrico e Ignacio directamente hacia la puerta. “Ya va, mamá”, dijo ella.&lt;br /&gt;Menos de un minuto después, Norma atravesaba la puerta seguida de ese tipo más pelado que él. No pareció sorprendida al verlo, por lo que dedujo que ella sí sabía de su presencia. “Antonio, ¿cómo te va? ¿te acordás de Ricardo, mi pareja?”. Tanto su tono como su expresión eran excesiva y, por eso mismo, sospechosamente amables. “Sí, cómo no”, dijo él, estrechando la mano del otro, que se limitó a un escueto “cómo le va” a manera de saludo.&lt;br /&gt;El tipo también portaba una botella, aunque envuelta en el papel del lugar en el que la habían comprado, una de las principales vinerías de la ciudad. “Van a ver el vino que trajimos”, dijo, entregándoselo directamente a Ignacio, quién volvió a destrozar el envoltorio y a exclamar “Upa, estamos de parabienes”.&lt;br /&gt;– Estábamos empezando a disfrutar del que trajo Antonio –informó a los recién llegados mientras les acercaba dos copas recién servidas.&lt;br /&gt;Alberto probó apenas un sorbo, que demoró en tragar, saboreándolo con los ojos entrecerrados.&lt;br /&gt;– Es un poco duro –dictaminó, dando por tierra desde ese instante y hasta el fin de los tiempos con la posibilidad de caerle simpático a Antonio, quien, a pesar del agravio, se mantuvo en silencio.– Bueno, vamos, todos a la mesa, cada cual a su sitio –interrumpió Sofía ordenando el tránsito hacia el comedor en el que, suponiendo que las dos cabeceras fueran para los dueños de casa y las dos ubicaciones laterales para la pareja que formaban su ex–mujer y su pareja, no le quedaba otra que ocupar la ubicación solitaria del otro lateral. Así lo hizo, con la esperanza de que todo –la entrada, el guiso, el café y el postre– pasara lo más rápido posible. Lo que más deseaba en ese momento era volver a estar en la soledad y el silencio de su casa.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-4241992753383945927?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/4241992753383945927/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=4241992753383945927' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4241992753383945927'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4241992753383945927'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/10/despojos-novela-corta-indita-37.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 37'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-4522087538412994829</id><published>2008-10-06T12:41:00.000-03:00</published><updated>2008-10-06T12:42:13.688-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 36</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;36.&lt;br /&gt;Solo en el extremo derecho del ataque cerrándose hacia el centro. Casi en el borde del área grande. El marcador de punta, un volumen oscuro y sin rostro, da un par de pasos al frente intentando dejarlo en posición adelantada. Demasiado tarde. El pase ya partió de los pies de su compañero, otra sombra también inidentificable. La pelota viene hacia él por el aire, por encima de todas las cabezas. El cálculo de la trayectoria es veloz. La decisión es inmediata. El cuerpo se perfila y el pie derecho impacta de volea, con el balón todavía en descenso, a la altura de la cintura. A la fuerza inicial se le suma la de todo ese cuerpo que todavía siente, desde el empeine, la sensación de golpe pleno, de energía transmitida en su totalidad, y que todavía se enrosca sobre sí mismo apoyado en el pie izquierdo. La pelota pasa por entre unas manos lentas y débiles y se incrusta en el ángulo superior derecho del arco, en el ángulo más lejano a ese cuerpo en el que el grito de gol se concentra y explota como una garrafa de expectativa contenida.&lt;br /&gt;– Goool!!&lt;br /&gt;El grito y el despertar ocurren a un tiempo. El brazo derecho extendido con el puño cerrado delata el gesto complementario al grito.Al encender la luz, la habitación de siempre, la misma de antes de la oscuridad, con las mismas sombras y el mismo tic tac de la marcha incansable del reloj que no se detiene.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-4522087538412994829?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/4522087538412994829/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=4522087538412994829' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4522087538412994829'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4522087538412994829'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/10/despojos-novela-corta-indita-36.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 36'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-8626769873556564245</id><published>2008-10-03T14:58:00.000-03:00</published><updated>2008-10-03T15:01:03.948-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 35</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;35.&lt;br /&gt;– Café y ginebra.&lt;br /&gt;La dureza del tono de su pronunciación impidió que el mozo intentara iniciar cualquier clase de charla mediante un comentario acerca del clima o del partido de la noche anterior.&lt;br /&gt;Encendió un cigarrillo. Hacía mucho tiempo que no fumaba fuera de su casa. Más aún, hacía mucho tiempo que no fumaba fuera de la cama. Su hábito nicotínico se había limitado en los últimos años al después del coito.&lt;br /&gt;Ahora, después de varias semanas sin Lucía y sin ninguna otra mujer en perspectiva, necesitaba fumar de todos modos, fumar en seco. Extrañaba sobre todo la sensación del pucho recién encendido, la de la primera pitada.&lt;br /&gt;Barca llegó, como casi siempre, quince minutos después del horario pactado.&lt;br /&gt;– ¡Qué tornillo!&lt;br /&gt;– Qué hacés, Barca.&lt;br /&gt;– Ay, Antonito, siempre con cara de velorio vos.&lt;br /&gt;– ¿Y qué cara querés que tenga?&lt;br /&gt;– Hacé como yo. Tomate todo en joda. Sin ir más lejos, desde ayer estoy sin laburo y aquí me ves, rozagante y dicharachero.&lt;br /&gt;– ¿Te echaron?&lt;br /&gt;– Digamos que con la empresa llegamos a un digno acuerdo de desvinculación. Ellos querían mi puesto vacante, yo una parte de su dinero.&lt;br /&gt;– ¿Te pagaron buena guita?&lt;br /&gt;– No, qué va, si estuve apenas unos cuantos meses.&lt;br /&gt;– ¿Y qué vas a hacer ahora?– ¿Ahora? Ahora voy a fijar con vos la fecha cierta y definitiva de nuestra excursión pesquera. Después veremos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-8626769873556564245?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/8626769873556564245/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=8626769873556564245' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8626769873556564245'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8626769873556564245'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/10/despojos-novela-corta-indita-35.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 35'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-1449483597885713144</id><published>2008-10-02T16:14:00.002-03:00</published><updated>2008-10-02T16:23:23.334-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 34</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;34.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;Regresó al jardín del hospital pertrechado con una bolsa de alimento balanceado sabor pescado y un cartón de leche. En un primer momento tuvo la misma sensación de paz y soledad que en su visita anterior. La única presencia entre los bancos y los árboles parecía ser la de &lt;st1:personname productid="la mutilada Venus" st="on"&gt;la mutilada Venus&lt;/st1:personname&gt; apócrifa, a la perfección de cuyos senos, sin embargo, su mirada no pudo resistirse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;Pero enseguida comenzó a notar la presencia y los pasos sigilosos de la avanzada del pelotón felino. El negro, que parecía ser el patriarca, encabezaba la columna y fue el primero en refregarse en sus pantorrillas. A continuación se sumaron el blanco y dorado, el blanco y negro, el dorado y el gris. Los más pequeños, el negro y blanco y el gris, se mantenían a una distancia prudencial pero se hacían notar mediante unos agudísimos e insistentes maullidos que contribuían a reforzar la demanda generalizada. Faltaba uno, el blanco. Miró alrededor, se agachó para ver entre los árboles, pero no estaba. Supuso un sueño más pesado o un paso más lento. Apostó a su aparición para el momento de servir la comida y la leche.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;Primero abrió el paquete del alimento balanceado. A esa altura todos maullaban casi encima suyo y las miradas podían interpretarse tanto de súplica como de amenaza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;Buscó en las inmediaciones alguna clase de recipiente donde volcar el contenido del paquete. Encontró una bandeja de plástico de supermercado en uno de los tachos de basura. Como estaba limpia y tenía una cierta profundidad decidió que la usaría para &lt;st1:personname productid="la leche. Entonces" st="on"&gt;la leche. Entonces&lt;/st1:personname&gt; esparció los trocitos directamente en el piso. En pocos minutos el cemento quedó tanto o más limpio que antes gracias a la voracidad felina. Al servir la leche, las cabezas se amontonaron sobre la bandeja, con lo cual el tramo final del chorro dio sobre más de una oreja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;Finalizada su tarea, se sentó en uno de los bancos a observar la conclusión del festín. Poco a poco cada uno de los gatos se fue alejando de la zona, dedicándose con gran esmero a una limpieza profunda que finalizó, en la mayoría de los casos, con una relamida de bigotes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;Uno a uno fueron desapareciendo del patio, con seguridad hacia una siesta y una modorra de panza llena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;  &lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;Volvió a quedarse solo frente a la bandeja y los envases vacíos. Pensó en el gato blanco. No había aparecido. Imaginó varias formas en las que podría haber muerto. Pensó también que alguien podría haberlo adoptado, aunque no era demasiado probable.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.45pt; line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;Se levantó de su asiento, recogió el paquete de alimento, el cartón de leche y &lt;st1:personname productid="la bandeja. Escondi￳" st="on"&gt;la bandeja. Escondió &lt;/st1:personname&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;esta última detrás de la base de Venus y tiró lo demás en el tacho. Se sacudió las manos y emprendió el regreso a su trabajo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-1449483597885713144?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/1449483597885713144/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=1449483597885713144' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/1449483597885713144'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/1449483597885713144'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/10/despojos-novela-corta-indita-34.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 34'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-5487645751112341312</id><published>2008-09-29T10:59:00.000-03:00</published><updated>2008-09-29T11:00:29.568-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 33</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;33.&lt;br /&gt;La última vez que había visto a Lucía había sido la mañana en la que se había llevado el resto de sus cosas del departamento. Se habían cruzado en la cocina, mientras él desayunaba y ella envolvía un juego de platos de su abuela en papel de diario. Él le había ofrecido su ayuda para la carga de cosas hasta la camioneta del flete, ella la había rechazado. Le preguntó si estaba segura de que lo que estaba haciendo era lo que quería. Ella dijo que sí. Al mirarla vio frente a él a una mujer decidida y tranquila en su decisión. Ella debe haber visto a un hombre abrumado, al que los años parecían habérsele venido de golpe en semanas. “A la tarde paso y dejo mis llaves encima de la mesa del comedor”, dijo ella. “Está bien”, respondió, sabiendo que ella sabía que a la tarde estaría trabajando. Antes ella había dicho que llamaría de vez en cuando para saber si había alguna carta para ella. No le dejaba su nuevo teléfono. Se despidieron con un beso en la mejilla y un abrazo rápido. No se recomendaron cuidarse ni se desearon suerte. Ella siguió envolviendo platos y él, sin saber qué hacer, se encerró en el baño y se puso a llorar como hacía mucho tiempo no lloraba.&lt;br /&gt;A la noche, cuando volvió del hospital, encontró el manojo de llaves encima de la mesa y advirtió que en cada estante y en cada rincón faltaba algún adorno, algún libro o algún mueble. Recién entonces empezó a comprender lo que significaba que Lucía y él se hubieran separado.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-5487645751112341312?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/5487645751112341312/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=5487645751112341312' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5487645751112341312'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5487645751112341312'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/09/despojos-novela-corta-indita-33.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 33'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-1891224943285927940</id><published>2008-09-26T13:49:00.000-03:00</published><updated>2008-09-26T13:50:47.317-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 32</title><content type='html'>32.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Antes de decirle que el trámite de su jubilación ya estaba en marcha, el director le había dicho que no había manera de obtener ni un nombramiento para Barca ni la extensión de la residencia de Fernando. Lo de la jubilación fue un mazazo. No sólo porque tendría que achicar gastos y tal vez hasta mudarse a un departamento más chico para comerse la diferencia entre ambos. Era el final. El final de su vida útil. De su vida, a secas. Y él sabía mejor que nadie que después del final de la vida no quedaba nada, o casi nada. Apenas despojos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-1891224943285927940?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/1891224943285927940/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=1891224943285927940' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/1891224943285927940'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/1891224943285927940'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/09/despojos-novela-corta-indita-32.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 32'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-677347432680060611</id><published>2008-09-25T11:04:00.000-03:00</published><updated>2008-09-25T11:06:06.351-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 31</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;31.&lt;br /&gt;“Sofía se casa”, “Chau, pa”, “Antonio, mi ex–esposo”, “Si querés puedo hablar con el director. Déjemelo pensar y después le contesto”, “Después de la señal puede enviar un fax o dejar un mensaje”, “Me quiero separar”, “Lucía se fue”.&lt;br /&gt;Despertó bruscamente. Estaba empapado en sudor. Miró el reloj. Eran casi las siete, aunque el invierno hacía que aún fuera noche cerrada. Al salir de la cama se puso la bata. No se ocupó de atarla por delante. Se miró al espejo. Vio su panza. Adjudicó el volumen a la reducción de su menú a pizza con cerveza durante las últimas semanas.&lt;br /&gt;Al llegar a la cocina encendió la radio. Recibió los datos de la hora y la temperatura tres veces en diez minutos, además del estado del tránsito y la cotización de toros y vaquillonas en el mercado ganadero.&lt;br /&gt;El café con leche y las tostadas se enfriaron frente a su mirada inapetente.Después de ducharse caminó desnudo desde el baño hasta el dormitorio. Se puso una camisa limpia, una de las que había mandado a lavar y planchar, además del saco y el pantalón de siempre. Advirtió que los zapatos necesitaban una lustrada pero no quiso demorar su salida. Antes de ponerse el reloj le dio unas cuantas vueltas a la cuerda. Al apagar la luz, advirtió que todo el departamento estaba aún en penumbras. Necesitaba más luz, la calle, ruidos. Salió apresurado, aunque no tenía que llegar a horario a ningún lado.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-677347432680060611?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/677347432680060611/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=677347432680060611' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/677347432680060611'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/677347432680060611'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/09/despojos-novela-corta-indita-31.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 31'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-6177212765084344735</id><published>2008-09-22T12:42:00.000-03:00</published><updated>2008-09-22T12:43:48.950-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 30</title><content type='html'>30.&lt;br /&gt;No había prestado atención al cuerpo en el que Fernando trabajaba, entretenido en la lectura de los titulares del diario. Mientras se colocaba los guantes y el delantal de goma, a unos metros de la plancha, se dio cuenta de que se trataba de la joven a la que se había acercado en terapia intensiva. El cuerpo acarreaba las marcas de cada uno de los implementos involucrados en el tratamiento. La cabeza mostraba la cicatriz de una cirugía mayor. El rostro ya no transmitía ninguna sensación.&lt;br /&gt;Se quitó uno de los guantes y tocó con la punta de los dedos uno de los brazos. La frialdad que sintió era aquella a la que estaba acostumbrado y eso lo tranquilizó aunque nunca, nunca jamás podría olvidar aquella otra.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-6177212765084344735?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/6177212765084344735/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=6177212765084344735' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6177212765084344735'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6177212765084344735'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/09/despojos-novela-corta-indita-30.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 30'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-5391559166481542812</id><published>2008-09-19T14:02:00.000-03:00</published><updated>2008-09-19T14:03:41.182-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 29</title><content type='html'>29.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tiro libre desde la izquierda. Posición de número diez. A cinco metros del borde del área. La ubicación es ideal para que un diestro le pegue por encima de la barrera al primer palo o para que un zurdo sorprenda por afuera con un tiro bajo al palo del arquero. Todas las siluetas que puede observar entre sombras pertenecen al equipo contrario. Las que forman la barrera, más cercanas, cubren hombro con hombro la trayectoria que une el punto en el que se apoya el balón y el primer palo. La otra, más lejana, la del arquero, permanece sobre la línea de gol, casi pegada al segundo palo y agazapada. El silencio, como siempre, es total. El vacío circundante también. Los brazos desarman la postura de jarra y comienza la corta carrera. El contacto entre la pelota y el pie se produce en el punto preciso y con la fuerza necesaria para que la parabólica resulte casi perfecta. El golpe seco hace que la pelota  no gire, que avance como detenida en el aire y vaya a incrustarse  en el ángulo superior izquierdo de un arco que ahora parece desguarnecido al haberse corrido el arquero hacia el centro, a la espera de la aparición del balón por detrás de la barrera. La imagen de la pelota avanzando como detenida en el aire e introduciéndose en el arco se repite una y otra vez hasta que el despertador marca el final del juego, y entonces Antonio Bardi se descubre enredado entre sábanas  y extendido en diagonal en la cama de dos plazas en la que ha dormido solo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-5391559166481542812?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/5391559166481542812/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=5391559166481542812' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5391559166481542812'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5391559166481542812'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/09/despojos-novela-corta-indita-29.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 29'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-930976018428150970</id><published>2008-09-18T12:29:00.000-03:00</published><updated>2008-09-18T12:30:39.571-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 28</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;28.&lt;br /&gt;Aunque no había sido él quien había pedido la entrevista con el director, el encuentro le vendría como anillo al dedo para tantear la posibilidad de la extensión de la residencia de Fernando y de la contratación interina de Barca, gestiones que pensaba encarar a pesar de los propios interesados.&lt;br /&gt;Lo habían citado a las diez de la mañana sin darle una explicación precisa acerca del motivo de la convocatoria. Eran las diez menos cuarto y ya cruzaba el patio en dirección al pabellón principal. El despacho del director estaba en el piso más alto. Al llegar a la entrada vio, frente a él, los anchos escalones de mármol desgastados en los bordes y, a un costado, los ascensores. Aunque eran cinco pisos se decidió por la tracción a sangre.&lt;br /&gt;Al llegar al primer piso ya estaba exhausto. Se encontró, además, con una especie de muro formado por personas que hacían cola frente a una ventanilla.&lt;br /&gt;Después de recuperar algo de aire y de abrirse paso entre la multitud, encaró el ascenso hacia el segundo piso. Al llegar al rellano lo recibió un ambiente radicalmente opuesto al del piso de abajo. El silencio era casi absoluto y no había una sola persona a la vista. A derecha e izquierda, la entrada a ambos pasillos estaba mediada por puertas de vidrio. Se acercó a la de la derecha y pudo leer “Terapia Intensiva. No pasar sin autorización”.&lt;br /&gt;Mientras recuperaba aire y ritmo respiratorio se puso a pensar qué pocas veces había recorrido las salas de internación del hospital. Una vez terminada la residencia, y hacía de eso más de treinta años, a causa de la especialidad que había elegido, su contacto con pacientes vivos había sido más bien nulo.&lt;br /&gt;En lugar de volver a la escalera y seguir subiendo hacia el tercer piso atravesó la puerta vidriada. A continuación, en una pequeña sala de espera, se encontró con unas veinte personas de rostros entre preocupados y abatidos. Un cartel escrito a mano indicaba los horarios de visita y de parte médico.&lt;br /&gt;Se acercó al mostrador de una especie de recepción y la empleada, a la que no recordaba haber visto nunca en su vida, lo saludó con un “qué tal, doctor”, dando por hecho que estaba ahí dando comienzo a una recorrida de rutina. Aprovechó el error y, asumiendo el papel, después de contestar el saludo con un lacónico “buen día”, atravesó la doble puerta vaivén de madera que daba a la sala.&lt;br /&gt;Se encontró enseguida con una pileta y un estante de ropa esterilizada. Se lavó las manos en abundante espuma de Pervinox y se colocó el sombrero, el barbijo, el delantal y los cubrezapatos de rigor. Las exigencias del protocolo de tratamiento de pacientes vivos en estado de gravedad lo hacían sentir una especie de astronauta. Avanzó entonces a través del estrecho pasillo que separaba cada uno de los boxes que albergaban uno o dos pacientes, además de un complejo sistema de monitoreo y respiración artificial a disposición de cada usuario.&lt;br /&gt;Fue observando uno a uno esos cuerpos ubicados en el límite de la supervivencia, algunos con mayores posibilidades de mejoría, otros a punto de ir a parar a sus manos.&lt;br /&gt;Se detuvo frente al cubículo en el que reposaba una joven que tenía la cabeza vendada y era asistida por un respirador. Encima de la cama, un monitor digital registraba su ritmo cardíaco, su presión arterial y otros datos clínicos semejantes. Su cuerpo estaba cubierto por una sábana hasta los hombros, y los brazos se extendían a lo largo del torso por fuera de ella. La muñeca izquierda, en la que seguramente se incrustaba la aguja del suero, estaba cubierta por una venda. El pulgar de esa misma mano soportaba la presión de una especie de broche conectado al monitor, el sensor de pulso distante. El respirador hacía que el ritmo de entrada y salida de aire fuera parejo y calmo, aunque la expresión del rostro de la joven no era para nada distendida.&lt;br /&gt;Se acercó a la cama y le tocó uno de los brazos. Estaba helada. Retiró la mano bruscamente. Aunque estaba acostumbrado a la frialdad de la piel, ese frío, el frío de ese cuerpo todavía vivo le provocó una sensación siniestra.&lt;br /&gt;Retrocedió de manera torpe y en ese movimiento casi provoca la caída del tubo de oxígeno. Atravesó el estrecho pasillo buscando la salida con desesperación, arrancándose el barbijo y el delantal a medida que avanzaba. Uno de sus zapatos parecía negarse a perder su cobertura ascéptica, por lo que estuvo a punto de arrojarlo al cesto junto con todo lo demás con tal de abandonar ese lugar lo más pronto posible.Una vez en el patio central, después de haber bajado las escaleras a la máxima velocidad de la que era capaz, recuperó la calma respirando profundamente sintiendo el calor del sol en la cara. Estaba transpirado. Fue hasta el teléfono público de la entrada y marcó el número de la dirección. Inventó un compromiso de último momento para justificar su ausencia. La mujer le fijó un nuevo encuentro para el día siguiente a la misma hora. Estaba seguro de que subiría en el ascensor sin dudarlo un momento.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-930976018428150970?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/930976018428150970/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=930976018428150970' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/930976018428150970'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/930976018428150970'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/09/despojos-novela-corta-indita-28.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 28'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-982533946503992038</id><published>2008-09-15T11:30:00.001-03:00</published><updated>2008-09-15T11:33:31.738-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 27</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;27.&lt;br /&gt;– ¿Pero qué explicación te dio?&lt;br /&gt;– Nada concreto. La falta de proyectos, mi actitud ante la vida, el futuro.&lt;br /&gt;– ¿Y vos qué le dijiste?&lt;br /&gt;– Nada, qué iba a decir. Me tomó de sorpresa. Igual, no tengo argumentos para retrucarle.&lt;br /&gt;– ¿Creés que te lo dijo para hacerte reaccionar, para provocarte, o que va en serio?&lt;br /&gt;– Creo que va en serio. Estamos durmiendo en cuartos separados y me dijo que está buscando un departamento.&lt;br /&gt;– Carajo. Va en serio, entonces.&lt;br /&gt;– Así parece.&lt;br /&gt;– ¿Cómo te sentís?&lt;br /&gt;– No sé. Aturdido. Desorientado. Ni siquiera podría decir que estoy triste. Supongo que si se va, cuando se vaya, sí voy a sentirme realmente mal.&lt;br /&gt;– Pero hacé algo, viejo, no sé, pedile una nueva oportunidad, proponele algún plan.&lt;br /&gt;– No, Barca, no. Me parece que la suerte está echada. Se la ve muy segura. Siento que no podría hacer nada para hacerla cambiar de idea.&lt;br /&gt;– ¿Creés que hay otro tipo?&lt;br /&gt;– No. Se lo pregunté y me dijo que no. Le creo.&lt;br /&gt;– No sé qué decirte.&lt;br /&gt;– No digas nada. Es así. De repente el mundo en el que vivís se desarma y chau, a empezar de nuevo. Nunca pensé no terminar mi vida con Lucía. Mozo, otra ginebra.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-982533946503992038?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/982533946503992038/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=982533946503992038' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/982533946503992038'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/982533946503992038'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/09/despojos-novela-corta-indita-27.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 27'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-5869183906086387372</id><published>2008-09-11T13:56:00.000-03:00</published><updated>2008-09-11T13:57:12.074-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 26</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;26.&lt;br /&gt;Nunca había prestado atención a las esculturas que poblaban el jardín del hospital. Esa mañana, en lugar de cumplir el trayecto entre el portón de las ambulancias y las escaleras que llevaban a la morgue, se desvió hacia el sector arbolado que rodeaba al patio principal. Enseguida percibió un cambio de ambiente. Un par de pasos dados en una dirección no habitual y el universo se había convertido en otra cosa. Se encontró inmerso en un espacio semiensombrecido por los árboles, andando por senderos rodeados de canteros cubiertos de plantas y de pasto. Algunos bancos de madera aparecían distribuidos de manera irregular por el terreno. Se sentó en uno ubicado debajo de una palmera altísima y de tronco grueso. Inspiró una bocanada de aire profunda y exhaló mediante un soplido que le hizo aflojar los hombros y los párpados, relajándolo. Una de las esculturas era una falsa Venus de Milo. La perfección de los senos llamó inmediatamente su atención. Eran turgentes, redondeados y firmes, con los pezones hacia delante, una obra de arte en sí misma, pensó. En cuanto a los brazos mutilados, advirtió que el izquierdo faltaba en su totalidad. Imaginó los cortes y movimientos de muñeca necesarios para separar quirúrgicamente con semejante prolijidad la articulación entre la escápula, la clavícula y el húmero. Advirtió que la punta del pie izquierdo también faltaba, dado que la actitud de la diosa era la de estar dando un paso adelante con esa pierna. Un corte abrupto ponía fin a los pliegues de la túnica y a cuanto fuera que hubiera más allá de ella. Trató de imaginar los brazos de Venus. Se preguntaba si alguien alguna vez habría intentado reconstruir la disposición original de los brazos faltantes. Supuso que sí y entonces se propuso indagar en las ilustraciones de la enciclopedia.La súbita aparición de varios gatos lo sacó de sus cavilaciones. De repente se encontró rodeado de, por lo menos, media docena de maullantes felinos que lo increpaban en busca de alimento. Los había de varios colores. Uno blanco y negro, uno blanco y dorado, otro dorado, negro y blanco, otro todo negro, otro todo blanco, otro gris. Los tamaños también variaban. El blanco y negro y el gris pertenecían sin duda a la generación más joven. El patriarca parecía ser el negro. Lo que no pudo distinguir fueron los sexos, por lo que optó por un neutral “mishi, mishi” para tratar de atraer a los más pequeños hacia su mano. Con desconfianza, pero impulsados por el hambre evidente, se le fueron acercando. Enseguida sintió el contacto de las rugosas lenguas y los hocicos fríos contra sus dedos. Los maullidos persistían. Incómodo ante un reclamo que no estaba en condiciones de satisfacer, decidió abandonar el lugar comprometiéndose en silencio a volver con una provisión de leche y alimento la mañana siguiente.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-5869183906086387372?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/5869183906086387372/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=5869183906086387372' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5869183906086387372'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5869183906086387372'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/09/despojos-novela-corta-indita-26.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 26'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-6451890568277999443</id><published>2008-09-08T10:34:00.000-03:00</published><updated>2008-09-08T10:35:29.429-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 25</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;25.&lt;br /&gt;Al abrir la puerta de su departamento lo sorprendieron dos cosas. Que la luz estuviera encendida y que –como causa y explicación de lo anterior–, Lucía estuviese en casa a esa hora, apenas pasadas las siete de la tarde. La encontró en el living, sentada en uno de los sillones, fumando y con un vaso en la mano. Lo que bebía parecía ser whisky. “¡Qué raro vos acá a esta hora!”, dijo. “Sentate. Tenemos que hablar”, dijo ella sin mayores preámbulos. Estaba tensa, se notaba que lo que tenía que decirle la incomodaba demasiado. El alcohol, cualquiera que fuese la cantidad que hubiera bebido hasta ese momento, no parecía haberle hecho gran efecto.&lt;br /&gt;Descartó enseguida que pudiera tratarse de una desgracia, por ejemplo la noticia del fallecimiento de alguien, u otra clase de mala noticia. Esas cosas se dicen de entrada, sin anestesia, se lanzan a la cara de la manera más cruda y directa. “Llamó tu primo para avisar que murió tu mamá”, “Alberto chocó. Está grave”, “Me echaron”. Frases, retazos de escenas que todavía resonaban en su cabeza.&lt;br /&gt;Iba a pedirle que lo esperara un par de minutos para poder darse un baño y servirse algo él también pero casi todo en la expresión del rostro de ella lo hizo abandonar inmediatamente la idea. Por lo menos la primera parte. “¿Qué estás tomando?”, preguntó. “Coñac”, respondió ella.&lt;br /&gt;– ¿Coñac en vaso?&lt;br /&gt;– Ay, sí Antonio, coñac en vaso. No empieces con esas cosas.&lt;br /&gt;Era una de sus tantas manías. Utilizar para cada bebida el recipiente adecuado. Su argumento habitual, a la hora de tener que explicar semejante exigencia, pasaba por la mejora que en el gusto producía la adecuación entre el líquido y el vaso. “¿Querés más?”, le preguntó mientras se servía una copa para él. “No, este fue el segundo”, respondió ella mientras dejaba el vaso vacío encima de la mesa ratona.&lt;br /&gt;– Epa! Lo que tenés para decir debe ser bastante serio.&lt;br /&gt;– Sí. Serio, complicado, difícil. Seguro te va a parecer un arrebato, un impulso, pero no lo es. Es algo que vengo madurando desde hace tiempo, sólo que hasta hoy no me sentí capaz de ponerlo en palabras.&lt;br /&gt;– ¿De qué hablás, Lucía? Me estás empezando a preocupar.&lt;br /&gt;– Me quiero separar de vos, Antonio. Quiero que nos separemos.&lt;br /&gt;Bebió un trago largo y sintió cómo el coñac que revolvía en su boca iba dejando a su paso su ardor característico en el paladar, en la lengua y en la garganta. Después de tragar exhaló una especie de vapor mientras la sensación intensa descendía hacia el estómago.&lt;br /&gt;– ¿Cómo que nos separemos?&lt;br /&gt;– Sí, separación Antonio, eso.&lt;br /&gt;– ¿Y desde cuándo lo venís madurando, como vos decís, si se puede saber?&lt;br /&gt;– Desde hace un tiempo, no sé exactamente desde cuándo ni a partir de qué, pero estoy segura de lo que digo, segura de que lo que digo es lo que quiero.&lt;br /&gt;– ¿Pero qué es lo que sentís?&lt;br /&gt;– Antonio, cuando lo puedas pensar un poquito vos también vas a sentir lo mismo que yo. Estamos mal, Antonio, vos lo sabés. No sé desde cuándo pero en algún momento nos quedamos ahí, estancados. No vamos ni para atrás ni para adelante. Más bien cada vez un poco más para abajo. Siento que nos estamos volviendo viejos juntos pero no románticamente sino apagándonos, ¿entendés?&lt;br /&gt;– No.&lt;br /&gt;– No tenemos ninguna expectativa de nada, ningún sueño. Es como si lo único que nos quedara por delante fuera morirnos. Es terrible. No quiero eso, esto.&lt;br /&gt;– Es lo que hay.&lt;br /&gt;– Pero no lo quiero.&lt;br /&gt;– ¿Hay otro tipo?&lt;br /&gt;– No seas imbécil. Si pensás eso no entendiste nada de lo que te dije. Anque a su manera te podría decir que sí, que quiero a otro tipo, aunque no es ningún tipo concreto. Quiero a un tipo que es alegre, divertido, que tiene ganas de hacer cosas, de viajar, de salir, qué se yo. Vos antes no eras así.&lt;br /&gt;– ¿Así cómo?&lt;br /&gt;– Apagado, triste, aburrido, rutinario. Cuando nos conocimos recién te habías separado de Norma, ¿te acordás? ¿Te acordás las ganas de hacer cosas que tenías? Salíamos, viajábamos. Después no sé qué te pasó. Te fuiste apagando de a poco. Te fuiste quedando de a poco. Te quedaste pegado a la radio, a los tangos, a los partidos de fútbol, al vino.&lt;br /&gt;– Lucía, cuando nos conocimos tenía cuarenta y dos años, ahora tengo sesenta y cinco, ¿de qué me estás hablando? ¿querés que vayamos a cenar y a bailar todos los sábados a la noche?&lt;br /&gt;– No, Antonio, no es eso. Quizás sea yo, no vos, la que fue cambiando en estos años. Siento que quiero vivir de una manera que con vos sería imposible. Perdoname. Te quiero mucho pero no quiero seguir con vos. No sé qué más decirte.&lt;br /&gt;Dijo eso, se levantó y, sin mirarlo, salió del living rumbo al baño. Llevaba el rostro escondido entre las manos.&lt;br /&gt;Miró el fondo del vaso que tenía en la mano. Se quedó un rato largo mirando el reflejo algo deformado de su cara en el fondo del vaso vacío.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-6451890568277999443?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/6451890568277999443/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=6451890568277999443' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6451890568277999443'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6451890568277999443'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/09/despojos-novela-corta-indita-25.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 25'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-8231854870833164667</id><published>2008-09-05T10:49:00.000-03:00</published><updated>2008-09-05T10:50:18.756-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 24</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;24.&lt;br /&gt;“Dejá, yo saco el corazón”, dijo a Fernando y, escalpelo en mano hundió ambos brazos dentro del torax de ese hombre que habían bajado por la mañana desde la guardia, fallecido, aparentemente, de un infarto de miocardio. Cortó primero la vena cava. Después la aorta, junto con el resto de las venas y arterias pulmonares. Cuando el órgano estuvo suelto, sintió todo su peso en la mano izquierda, con la cual lo extrajo de la cavidad torácica para depositarlo en una badeja de acero reluciente ubicada a un costado de la mesa de disección. “Y bien, con ustedes el asesino”, broméo.&lt;br /&gt;– La historia clínica menciona ciertas cardiopatías congénitas –acotó Fernando.&lt;br /&gt;“Veamos”, dijo, y seccionó el órgano transversalmente, dejando al descubierto las cavidades aún humedecidas de sangre.&lt;br /&gt;– ¿Qué diagnóstico apuntan?&lt;br /&gt;– Estenosis infundibular subpulmonar, por un lado, y…&lt;br /&gt;– Pará ahí –lo interrumpió. Veamos eso primero.&lt;br /&gt;Tomó de la bandeja del instrumental un escalpelo de hoja más corta que el anterior y seccionó una parte de la arteria pulmonar.&lt;br /&gt;– Ahí está la válvula, ¿ves? –dijo, señalando un tejido elástico con la punta del escalpelo.&lt;br /&gt;Fernando asintió con la cabeza.&lt;br /&gt;– Ese estrechamiento que se ve por debajo de la válvula es la estenosis. No es muy grande pero debió de sonar fuerte en cada auscultación. ¿Qué más dice la historia?&lt;br /&gt;– Intercomunicación ventricular.&lt;br /&gt;Al oír eso, después de fijar con intensidad la vista en la pared que separaba el ventrículo izquierdo del derecho, pidió a Fernando que acercara aún más la lámpara.&lt;br /&gt;Después de unos instantes señaló, otra vez con la punta del escalpelo, un punto cercano al extremo inferior de la pared fibrosa. “Ahí está”, dijo, “es ínfima pero ahí está, ¿ves?”.&lt;br /&gt;– Sí, ver veo, lo que no entiendo es cómo dos afecciones tan menores pudieron provocar semejante infarto.&lt;br /&gt;– No lo provocaron, lo potenciaron, en todo caso. Hay que tener en cuenta además el colesterol, tabaquismo y posibles antecedentes hipertensos. Hay que tomar muestras de sangre para el laboratorio.&lt;br /&gt;– O–ka.&lt;br /&gt;– Después cerralo. El corazón queda como documento de prueba. Agregá los resultados de los análisis en el informe y cuando esté todo listo dámelo para firmar.&lt;br /&gt;– O–ka.&lt;br /&gt;En ese momento hubiera querido preguntarle si había pensado en el ofrecimiento que le había hecho días atrás, pero no se animó. No se sentía del suficiente buen ánimo como para recibir un rechazo contundente de la oferta por parte de Fernando.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-8231854870833164667?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/8231854870833164667/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=8231854870833164667' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8231854870833164667'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8231854870833164667'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/09/despojos-novela-corta-indita-24.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 24'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-7477432110212302006</id><published>2008-09-04T12:10:00.000-03:00</published><updated>2008-09-04T12:11:04.766-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 23</title><content type='html'>23.&lt;br /&gt;– No hablo con ella desde el casamiento.&lt;br /&gt;– ¿No la llamaste?&lt;br /&gt;– Claro que sí, pero no está nunca, o no atiende el teléfono. Siempre aparece el contestador con la voz gangosa del imbécil ése.&lt;br /&gt;– Quizás están ocupados, vos sabés, recién casados…&lt;br /&gt;– No creo que ahora se dediquen a hacer algo que no hayan hecho antes.&lt;br /&gt;– Sí, pero es distinto. Están en su casa, solos, sin horarios, sin interrupciones abruptas o turnos que terminan.&lt;br /&gt;– Bueno, largá con eso. La cosa es que la llamé varias veces pero nunca pude hablarle. Punto. ¿Cómo va el nuevo trabajo?&lt;br /&gt;– Y, ahí estoy, tengo la espalda a la miseria de dormir en el asiento del auto.&lt;br /&gt;– ¿Te están pagando a tiempo por lo menos?&lt;br /&gt;– Sí, pagar pagan. Lo que pasa es que tengo que ir a cada lugares. Hay barrios a los que el remisero se niega a entrar. Me deja a unas cuadras y algún familiar o amigo del paciente viene a buscarme y me acompaña.&lt;br /&gt;– Qué locura. Ya no estás para eso, Barca.&lt;br /&gt;– No sé para qué estoy, pero es lo único que tengo a mano, ¿qué querés que haga?&lt;br /&gt;– Si querés puedo hablar con el director del hospital, quizás como interino pueda haber algún puesto disponible.&lt;br /&gt;– No sé si quiero volver a trabajar en hospital. Lo voy a pensar. Cualquier cosa te aviso. Igual gracias por el ofrecimiento.&lt;br /&gt;Era el segundo rechazo que sufría en menos de dos días. La gestión laboral no parecía ser lo suyo. Quizás lo que ofrecía resultaba importante para él pero no para los otros.&lt;br /&gt;– Tenemos que ir a pescar.&lt;br /&gt;– Bueno, arreglemos. El departamento de la costa sigue estando disponible.&lt;br /&gt;– Podría ser el mes que viene.&lt;br /&gt;– Bueno, dale, vayamos viendo cuándo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-7477432110212302006?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/7477432110212302006/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=7477432110212302006' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7477432110212302006'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7477432110212302006'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/09/despojos-novela-corta-indita-23_04.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 23'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-1442637106283971596</id><published>2008-09-01T10:32:00.000-03:00</published><updated>2008-09-01T10:33:02.044-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 22</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;22.&lt;br /&gt;Tomó el teléfono. Fue leyendo y marcando cada uno de los dígitos lentamente. Le resultaba raro tener que poner tanta atención para poder comunicarse con su hija. Era la primera vez que la llamaba a su casa nueva. Después del cuarto beep escuchó la voz de su yerno informando que después de la señal era posible dejar un mensaje o enviar un fax. Escuchó la señal y se quedó en silencio. No podía armar en su cabeza una oración sintética y coherente que hiciera saber a su hija que la había llamado. Al cabo de un minuto de silencio, otro beep dio por terminada la comunicación nunca establecida. Lo que esuchó a partir de ahí fue el tono de ocupado. “Carajo”, dijo en voz alta para sí mismo y colgó con bronca el teléfono.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-1442637106283971596?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/1442637106283971596/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=1442637106283971596' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/1442637106283971596'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/1442637106283971596'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/09/despojos-novela-corta-indita-22.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 22'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-5120972016358958286</id><published>2008-08-28T11:48:00.000-03:00</published><updated>2008-08-28T11:50:26.560-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 21</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;21.&lt;br /&gt;– ¿Cuánto tiempo te queda de residencia, Fernando?&lt;br /&gt;– Hasta fin de año.&lt;br /&gt;– ¿Y qué pensás hacer?&lt;br /&gt;– No sé. Concursos parece que no va a haber.&lt;br /&gt;– ¿Entonces?&lt;br /&gt;– Ni idea.&lt;br /&gt;– Mirá, a mi me parece que lo mejor para vos sería seguir acá si es que no podés pelear ningún cargo en otro lado. Aunque sea como interino. Si querés puedo hablar con el director.&lt;br /&gt;– No sé qué hacer. Déjemelo pensar y después le contesto.&lt;br /&gt;Hubiera preferido escuchar un sí rotundo. La duda de Fernando indicaba que era perfectamente capaz de prescindir de él tanto como de ese puesto de trabajo.&lt;br /&gt;– Pasame las tijeras cortas –pidió, y durante el resto de la mañana se limitó a emitir hacia el otro sólo órdenes e indicaciones estrictamente profesionales.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-5120972016358958286?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/5120972016358958286/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=5120972016358958286' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5120972016358958286'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5120972016358958286'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/08/despojos-novela-corta-indita-21.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 21'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-2710136330293042365</id><published>2008-08-25T10:59:00.000-03:00</published><updated>2008-08-25T11:01:03.492-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 20</title><content type='html'>20.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La pelota en el punto del penal. Unos metros más allá, sobre la línea de gol, como entre sombras, la silueta del arquero. El peso de su cuerpo ya va lanzado hacia adelante en una larga carrera. En el instante previo al impacto la pierna izquierda funciona como pivote de todo el movimiento. La otra viene desde atrás. El arquero elige cubrir su derecha y comienza a recostarse hacia ese lado. Justo antes de llegar a la pelota, el pie se abre y la impacta con la parte interna, empujándola con suavidad hacia la izquierda. La pelota cruza la línea y sigue, avanza indefinidamente y se pierde en lo profundo de un arco que parece no tener nada detrás.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-2710136330293042365?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/2710136330293042365/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=2710136330293042365' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2710136330293042365'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2710136330293042365'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/08/despojos-novela-corta-indita-20.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 20'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-3306233177843633231</id><published>2008-08-22T12:02:00.000-03:00</published><updated>2008-08-22T12:04:06.462-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 19</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;19.&lt;br /&gt;Fue subiendo los escalones lentamente, apoyando en cada uno primero un pie y después el otro. Antes de alcanzar el primer descanso su respiración ya era agitada. Abría la boca en cada inspiración tratando de captar más aire. Levantó la cabeza para calcular cuanto faltaba. La distancia parecía ser la misma que al comienzo. Lo peor era que la respiración no podía ser muy profunda en medio del olor a amoníaco degradado que se desprendía del río líquido que corría escaleras abajo. Tampoco podía contar con el apoyo de las barandas, plagadas de escupitajos más o menos verdosos. Y encima los que venían atrás lo apuraban. “Vamos, vamos”, era la arenga que preanunciaba el empujón. Las voces se multiplicaban en el corredor de cemento. Los jóvenes, más ágiles, pasaban a su lado subiendo a grandes trancos.&lt;br /&gt;– ¿Está cansado, doctor?&lt;br /&gt;– No doy más, ¿cuánto falta?&lt;br /&gt;– Un piso más, vamos, no es nada.&lt;br /&gt;“Vamos que empieza, vamos”, continuaba la presión. Hizo un esfuerzo supremo y subió de un tirón el tramo completo hasta el siguiente descanso. Al levantar la cabeza pudo ver ya el cielo a través de la salida que se abría al final del pasillo. Al ruido que lo rodeaba se iba sumando de a poco el de las voces que ya estaban afuera. El “dale, dale, dale bo” y el “vamos, vamos que empieza” se confundían en un mismo aturdimiento.&lt;br /&gt;Después del último escalón desembocó frente al campo de juego a la altura de la mitad de la cancha. Desde el piso más alto, el de las plateas más baratas, la vista era casi panorámica. “Bueno, llegamos. Ahora que gane Boca, ¿no?”, dijo Fernando. “Y, es lo menos que se puede pedir después de tanto esfuerzo”, respondió con la voz entrecortada por la agitación que tardaría un buen rato en desaparecer.&lt;br /&gt;Recorrió con la mirada las demás tribunas. A la izquierda estaban los tres pisos ocupados por la popular local, plagados de banderas azules y amarillas de todos los tamaños. En el centro del piso central había un hueco reservado para la barra brava, que todavía no había llegado.&lt;br /&gt;A su derecha, los tres niveles se repartían entre los socios locales, ubicados en el más bajo, y la hinchada visitante, en los dos más altos. El equipo visitante de esa tarde era Estudiantes de La Plata.&lt;br /&gt;Frente a las plateas, del otro lado del campo de juego, estaban los palcos de lujo, ubicaciones adquiridas a perpetuidad por personajes farandulescos y mediáticos que acaparaban el interés de cámaras de televisión y flashes fotográficos durante todo el partido.&lt;br /&gt;En la cancha propiamente dicha estaba a punto de terminar el partido preliminar. Preguntó al hombre que tenía sentado a su izquierda cuál era el resultado hasta ese momento. “Gana Estudiantes dos a cero”, respondió. “Mal presagio”, pensó, pero enseguida sintió la necesidad imperiosa de ingerir algo líquido. “¿Querés una gaseosa?”, ofreció a Fernando viendo que el vendedor se acercaba hacia donde ellos estaban.&lt;br /&gt;– Deje, doctor, yo lo invito, usted pagó las entradas.&lt;br /&gt;– Está bien pero largá con el doctor, podés llamarme Antonio.&lt;br /&gt;– O–ka. Deje, Antonio.&lt;br /&gt;– También me podés tutear.&lt;br /&gt;– Ah, no, eso no me va salir.&lt;br /&gt;– ¿Por qué?&lt;br /&gt;– No sé, es una cuestión de imagen de autoridad, supongo.&lt;br /&gt;– Y bué, como quieras.&lt;br /&gt;Mientras Fernando llamaba al vendedor y compraba las gaseosas se puso a pensar en que estaba casi terminando su residencia. Hacía más de dos años que trabajaba con él. En poco tiempo podría intentar conseguir un cargo fijo en algún hospital. No le gustaba la idea de cambiar de ayudante. No por el cambio en sí sino por Fernando. Se entendían con pocas palabras y eso era para él un valor altamente preciado. Iba a pensar en algo. Tal vez podría hablar con el director del hospital. Ya vería.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-3306233177843633231?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/3306233177843633231/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=3306233177843633231' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/3306233177843633231'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/3306233177843633231'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/08/despojos-novela-corta-indita-19.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 19'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-8457143871112680544</id><published>2008-08-20T14:25:00.000-03:00</published><updated>2008-08-20T14:28:14.071-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 18</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;18.&lt;br /&gt;De repente la música se detuvo y, por primera vez en la noche, se escuchó solamente el ruido de múltiples voces superpuestas. Fue un segundo apenas. Enseguida nomás sonaron los violines y comenzó la arenga. “Vamos Antonio, a bailar el vals con su hija”. Tuvo tiempo, apenas, para ponerse el saco, no para abrochárselo. Sin saber exactamente cómo se encontró en el medio de la pista ciñendo la cintura de Sofía y moviéndose en círculos. Iba a repetirle que se la veía hermosa cuando el relámpago de un flash lo encandiló durante varios segundos. Cuando pudo volver a ver con claridad tenía entre sus brazos a una mujer de unos cincuenta años a la que no recordaba haber visto nunca en su vida. La mujer portaba una al parecer inalterable sonrisa. Miró a un costado y vio a Lucía bailando con un hombre de, al parecer, una edad bastante cercana a la suya. Comprendió que se trataba de los padres del imbécil y temió que en el ritual del cambio de parejas que evidentemente se había desatado, en algún momento le tocara bailar con su ex–cuñada Luisa. Para su suerte eso nunca ocurrió, aunque una vez finalizado el vals, que había sido repetido varias veces, cuando creía que podría ir a sentarse, empezó lo peor: el carnaval carioca.&lt;br /&gt;Vio aparecer a los mozos repartiendo toda clase de elementos de cotillón, uno más espantoso que el otro, y vio cómo los invitados parecían desesperados por obtener los más llamativos y los más ruidosos. Alguien vació una bolsa de papel picado sobre su cabeza. Sin sacudírselo, decidido a encajarle ahí nomás una trompada a quien quisiera que fuera el atrevido, se dio vuelta bruscamente. Se encontró de frente con un rostro conocido aunque enmarcado en un sombrero de plástico amarillo del cual colgaban unas serpentinas doradas. “¿Qué hacés, Barca?”&lt;br /&gt;– Vamos, Antonio, no seas amargo, es el casamiento de tu hija.&lt;br /&gt;– Eso no justifica el ridículo. ¿Por qué no te sacás esa porquería de la cabeza? Ya estás grande para semejante pavada.&lt;br /&gt;– Dale, movete un poco, parecés una momia.Barca bailaba delante suyo y, cada tanto, soplaba una corneta desde cuya punta surgía y se estiraba un tubo de papel de unos veinte centímetros de largo. Estaba por abandonarlo en su delirio festivo cuando sintió que lo agarraban de la cintura y lo empujaban decididamente hacia delante. “Vamos, el trencito”. Era Sofía. Detrás de ella, agarrados unos a otros de igual manera, venían casi todos los invitados. Se dejó llevar. Al cabo de un par de vueltas por el salón, logró desprenderse de la fila y volver a su mesa. Pidió a uno de los mozos una botella de agua sin gas fresca y un whisky con hielo. Se desanudó la corbata y estiró las piernas. Estaba exhausto. Los demás seguían moviéndose como poseídos en una especie de trance.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-8457143871112680544?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/8457143871112680544/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=8457143871112680544' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8457143871112680544'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8457143871112680544'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/08/despojos-novela-corta-indita-18.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 18'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-2436437295779487318</id><published>2008-08-15T13:59:00.000-03:00</published><updated>2008-08-15T14:01:09.388-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 17</title><content type='html'>17.&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo primero que vio al doblar la esquina fue un amontonamiento de gente demasiado bien vestida. A medida que fue acercándose, aquello que a lo lejos parecía una aglomeración de personas indistinguibles fue convirtiéndose en una serie de rostros más o menos conocidos. Pudo identificar a Sofía y al imbécil del novio a varios metros de distancia. “Pa”, fue la exclamación sonriente de ella al verlo, y un momento después pudo sentir sus brazos aferrándose a él por el cuello como en los tiempos de su ya lejana infancia. “Estás hermosa”, le dijo al oído tragando enseguida el nudo de saliva que se le había formado en la garganta a causa de la emoción. “Él es mi papá”, anunció al grupo de jóvenes que la rodeaba. Lucía, que había saludado en primer lugar al novio, se acercó y abrazó a Sofía con mucha ternura. “¡Qué tal, Antonio!”, escuchó a sus espaldas y al darse vuelta se encontró frente a frente con la imbécil sonrisa. “¡Qué hacés, pibe, qué pinta!”, dijo trantando de parecer afectuoso y simpático. “Allá están mamá y los tíos”, anunció Sofía señalando a otro grupo de personas ubicado a unos cuantos metros. Efectivamente, ahí estaba Norma, del brazo de un tipo más bajo y más pelado que él, vestida como para una cena de gala en un palacio. No tuvo más remedio que acercarse y saludarla, a ella, al pelado (“Ricardo, mi pareja, Antonio, mi ex–marido”, había dicho al presentarlos), a su hermana Luisa y a una serie de individuos cuyo vínculo parental se volvía cada vez más complejo como para poder seguirlo con la poca atención que solía prestar a esa clase de cosas. Lucía avanzaba detrás suyo repitiendo alternativamente un “qué tal” y un “mucho gusto” después de cada beso o mano estrechada. Al terminar el recorrido le dijo como en secreto “preparate que falta la familia del novio”. No había pensado en eso y no tuvo tiempo para pensarlo en ese momento. El imbécil ya se había puesto junto a ellos y, tomando delicadamente del brazo a Lucía les dijo “vengan que les presento a mi familia”. Puso piloto automático y fue. No podría recordar uno solo de los rostros de las personas que saludó pero sí advirtió que también estaban vestidos de manera suntuosa. “Menos mal que vos no tenés familia”, fue el comentario de Lucía al final de la recorrida. Tenía razón. Era hijo único de padres hijos únicos. Muertos los padres y los abuelos, no tenía ni tíos, ni primos, ni sobrinos. Una ecuación sencilla la de su familia de origen.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-2436437295779487318?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/2436437295779487318/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=2436437295779487318' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2436437295779487318'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2436437295779487318'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/08/despojos-novela-corta-indita-17.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 17'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-3834200111405049845</id><published>2008-08-11T12:18:00.001-03:00</published><updated>2008-08-11T12:19:42.974-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 16</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;16.&lt;br /&gt;“Pasame la lupa”, pidió a Fernando, que estaba parado enfrente suyo listo para abrir el tórax del cuerpo que tenían delante una vez finalizada la inspección ocular. En realidad esto ya había sido hecho unas semanas atrás para una cirugía a corazón abierto que, después de varios días y supuestamente a raíz de una septicemia generalizada había derivado en la muerte del paciente.&lt;br /&gt;Fernando hurgó en el instrumental dispuesto en una bandeja al costado de la mesa de disección. “Acá tiene”, dijo, extendiendo una lupa hacia él.&lt;br /&gt;Lo primero que examinó fue la parte superior del cuello por el lado izquierdo, donde aparecía una cicatriz de unos dos centímetros de extensión.&lt;br /&gt;– Esto es un cateterismo previo a la cirugía. La infección puede haber comenzado acá.&lt;br /&gt;– ¿Responsabilidad médica?&lt;br /&gt;– Es posible. Si la herida no iba cerrando bien no deberían haberlo operado.&lt;br /&gt;– ¿Quién operó?&lt;br /&gt;– Ramírez Pardo. Me parece que se va a comer un juicio. Tomá una muestra del cuello y una de cada órgano y mandalas al laboratorio. Cuando esté el resultado, antes de pasar los datos al informe, me los mostrás, ¿estamos?&lt;br /&gt;– Estamos. ¿Vio el partido?&lt;br /&gt;– No, lo escuché. No tengo cable codificado y si voy al bar seguro termino peleándome con alguno. Vi los goles a la noche.&lt;br /&gt;– Un golazo el segundo, ¿no?&lt;br /&gt;– Sí, bárbaro, una volea fenómena.&lt;br /&gt;– Yo fui a la cancha.&lt;br /&gt;– ¿Ah, sí? ¿Y vas siempre o de vez en cuando?&lt;br /&gt;– Cada vez que puedo. Mientras vivió mi viejo siempre fui con él, ahora voy con un par de amigos.&lt;br /&gt;– Hace años, muchos años que no voy a la cancha. Me malacostumbré al televisor.&lt;br /&gt;– Eh, pero es otra cosa, estar ahí, los colores, los cantos, sobre todo en la popular.&lt;br /&gt;– Ah, no, yo para la popular ya no estoy. Iría a la platea, eso sí. ¿Cuándo juega de nuevo de local?&lt;br /&gt;– El otro domingo.&lt;br /&gt;– Bueno, si llego a tener ganas de ir te invito, ¿querés?&lt;br /&gt;– Pero cómo no. Un lujito de vez en cuando no viene mal.&lt;br /&gt;– Ahora terminá con esto y mandá todo al laboratorio, ¿queda alguno más?&lt;br /&gt;– No, por hoy nada más.&lt;br /&gt;– Vuelvo a casa temprano, entonces. Acomodá y cerrá. Nos vemos mañana.– O–ka.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-3834200111405049845?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/3834200111405049845/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=3834200111405049845' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/3834200111405049845'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/3834200111405049845'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/08/despojos-novela-corta-indita-16.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 16'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-1499693373315205680</id><published>2008-08-06T11:57:00.000-03:00</published><updated>2008-08-06T11:58:24.937-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 15</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;15.&lt;br /&gt;La cancha de siempre. Inmensa. Sin tribunas ni nada alrededor. El silencio de siempre. Esta vez la pelota viene por el aire. Los hombros se arquean hacia atrás y el pecho se infla para recibirla. El ruido del golpe es opaco. El impulso de la pelota se detiene y durante un segundo parece haber quedado adherida al esternón. Pero enseguida empieza a caer, a deslizarse hacia el empeine que la espera. Una combinación de movimientos de pie, rodilla y muslo hace que rápidamente vuelva a estar en el aire, girando y ascendiendo frente a su cuerpo. Al descender la espera el muslo de la otra pierna. Golpea en él con ruido seco y es otra vez impulsada hacia arriba. Después es otra vez el empeine pero el vuelo es más corto, dura lo necesario como para dar tiempo a la otra pierna para ubicar el otro empeine debajo. Sucesión de malabares cortos. Cinco, seis, diez, veinte. En cada pierna se prefigura el peso de la pelota antes del contacto, lo que permite dosificar la fuerza del impulso para que no sea mayor que la estrictamente necesaria. Malabar infinito que podría durar más que la noche y atravesar todos los sueños presentes y futuros de Antonio Bardi.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-1499693373315205680?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/1499693373315205680/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=1499693373315205680' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/1499693373315205680'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/1499693373315205680'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/08/despojos-novela-corta-indita-15.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 15'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-6168869262277809860</id><published>2008-08-05T13:37:00.000-03:00</published><updated>2008-08-05T13:38:59.349-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 14</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;14.&lt;br /&gt;– Bueno pa, creo que ya está todo listo.&lt;br /&gt;– ¿Con el del remís ya hablaste?&lt;br /&gt;– Limousine, no remís. Sí, ya hablé. Dijo que el cheque ya se le acreditó, que va a estar a la hora convenida. ¿Ya decidiste?&lt;br /&gt;– ¿Qué cosa?&lt;br /&gt;– Si querés o no estar en la misma mesa que mamá.&lt;br /&gt;– Ya te dije, a mi me da lo mismo, a Lucía también. Que decida ella.&lt;br /&gt;– Ufa, qué complicados. Ella me dijo exactamente lo mismo. Voy a tener que volver a llamarla.&lt;br /&gt;– Bueno, no es tan grave, podemos decidirlo en el momento.&lt;br /&gt;– No, papá, no se puede andar improvisando ubicaciones en plena fiesta. Otra cosa, los regalos los voy a ir a buscar a la vuelta de la luna de miel.&lt;br /&gt;– ¿En el departamento ya está todo listo?&lt;br /&gt;– Hoy terminan los pintores. Está quedando bárbaro. Tenés que ir a verlo.&lt;br /&gt;– Bueno, cuando vuelvan del viaje les hacemos una visita.&lt;br /&gt;– Ah, me olvidaba, hay que arreglar lo del pasaje de vuelta de la tía Luisa.&lt;br /&gt;– Que se ocupe tu madre. Es su hermana. Además a mí me odia.&lt;br /&gt;– Dale, que alguna vez me dijiste que estaba loca por vos.&lt;br /&gt;– Bueno, pero hace mucho de eso, fue antes de que me casara con tu madre. Después se convirtió en una harpía.&lt;br /&gt;– Sí, una harpía que cada vez que iban a almorzar a lo de la abuela preparaba tu postre preferido.&lt;br /&gt;– Un detalle, un detalle.&lt;br /&gt;– Bueno pa, me voy. Tengo que ir a la peluquería y a la modista.&lt;br /&gt;– ¿Cómo va el vestido?&lt;br /&gt;– Está casi listo. Igual los últimos retoques siempre se dan en el momento. Hablamos mañana a la mañana. Si no, nos vemos once menos cuarto en la puerta del civil.&lt;br /&gt;– Muy bien.– Chau pa.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-6168869262277809860?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/6168869262277809860/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=6168869262277809860' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6168869262277809860'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6168869262277809860'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/08/despojos-novela-corta-indita-14.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 14'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-7950173703798312754</id><published>2008-08-01T10:56:00.001-03:00</published><updated>2008-08-01T10:58:58.267-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 13</title><content type='html'>13.&lt;br /&gt;Al entrar a la sala lo sorprendió la penumbra reinante. Pocas veces llegaba antes que Fernando, lo que significaba encontrar casi siempre todo puesto en marcha y funcionando. El ambiente presentaba la misma imagen que al final del día anterior. Podía escuchar el sonido de cada uno de sus pasos rebotando en las paredes azulejadas hasta el techo. Llegó hasta el interruptor de la luz y lo accionó. Al click del botón siguió el ruido característico de los tubos de neón encendiéndose. Se quitó el saco y lo colgó. Cruzó la sala hacia el perchero de la pared de enfrente y se colocó el delantal de goma. Se sentía desorientado. Había perdido la costumbre de poner el trabajo en marcha. No sabía cuántos casos tenía ni dónde estaba la planilla que indicaba la ubicación de cada uno de los cuerpos en las heladeras. Vio unas cuantas carpetas apiladas encima del gabinete del instrumental. Tomó una y al abrirla advirtió que se trataba de uno de los ingresos producidos durante la noche. Eran cuatro carpetas en total. Se quedó con la que había tomado bajo el brazo y se encaminó hacia las heladeras. No veía el listado por ningún lado. Decidió poner en práctica el método empírico de ensayo y error. Abrió la primer puerta. Vacía. En la segunda encontró uno de los casos del día anterior, el vagabundo supuestamente muerto de frío pero en realidad asesinado de un puntazo. Le pareció raro que todavía no hubieran venido de la Facultad a buscar el cuerpo. En la tercera heladera encontró lo que buscaba. Los datos de la planilla coincidían con los de la etiqueta que colgaba del pulgar del pie derecho. Arrastró la camilla hasta ubicarla junto a la mesa de disección y volvió a cerrar la puerta de la heladera. Mientras lo hacía, escuchó un ruido de llaves en la puerta de la sala. Era Fernando. Tenía cara de mal dormido. Lo saludó con un parco “buen día”. “Qué raro vos llegando tarde”, lo increpó. Sin responder, y con evidente gesto de malhumor, el otro se limitó a calzarse el delantal, mostrándose así listo para comenzar con el trabajo. Era evidente que no tenía ganas de hablar. Ante ese estado de cosas, se limitó a silbar un tango mientras trataba de encontrar sus guantes de goma.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-7950173703798312754?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/7950173703798312754/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=7950173703798312754' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7950173703798312754'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7950173703798312754'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/08/despojos-novela-corta-indita-13.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 13'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-8075122250756429524</id><published>2008-07-31T14:16:00.000-03:00</published><updated>2008-07-31T14:17:42.978-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 12</title><content type='html'>12.&lt;br /&gt;Descorrió la sábana con lentitud, tirando de uno de los ángulos del extremo superior. Lo primero que vio fue el pelo. Estaba tirado todo hacia atrás. Enseguida la frente, las cejas, los párpados que cubrían los ojos cerrados, la nariz redondeada. A esa altura la sábana hacia las veces de barbijo. Continuó bajándola. Apareció una boca amplia, de labios generosos. El mentón se le apareció como una terminación de una delicadeza extrema. Después el cuello delgado, las clavículas rectas, muy marcadas, y el nacimiento de los senos. Poco a poco el borde de la sábana fue ganando altura a medida que subía la cuesta, hasta que aparecieron los pezones con su areola, lo que significó el inicio del descenso inevitable. Si bien el tamaño no era espectacular, la relación entre forma y curvatura provocaba a la vista una sensación más que satisfactoria. En la continuidad del recorrido apareció primero el abdomen levemente abultado y, después del ombligo, una zona cada vez más poblada de vello púbico. Bien abajo, apenas visible entre el nacimiento de los muslos, la línea genital. Las piernas eran robustas, aunque delgadas. Los tobillos estrechos daban paso a unos pies casi perfectos.&lt;br /&gt;Extendió el brazo hacia uno de los senos prefigurando su forma en el hueco de la mano. Al momento del contacto, Lucía abrió los ojos de manera violenta y lo miró durante unos segundos con expresión de no entender nada. Enseguida se dio media vuelta y buscó la sábana, que estaba arrugada a los pies, extendiéndola de nuevo hasta por encima de su cabeza. “Tengo sueño”, balbuceó.Se quedó sentado en silencio junto a ella, escuchando el ritmo continuo de su respiración profunda.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-8075122250756429524?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/8075122250756429524/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=8075122250756429524' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8075122250756429524'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8075122250756429524'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/07/despojos-novela-corta-indita-12.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 12'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-989727084690211870</id><published>2008-07-30T12:01:00.000-03:00</published><updated>2008-07-30T12:03:42.668-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 11</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;11.&lt;br /&gt;Le gustaba el bar de enfrente al hospital porque no tenía ni televisor ni música. Lo único que podía oírse era la superposición caótica de las voces de los clientes, a la que se sumaban los sonidos de la calle, bocinazos o chirriar de neumáticos. Se trataba de un local alargado y angosto en el que las mesas ocupaban uno de los lados y la barra, frente a la cual había unos taburetes altos, el otro. En general prefería ubicarse en alguna de las mesas del fondo. Eso le permitía tener una perspectiva amplia y a la vez distante del ventanal que daba a la calle. Así se entretenía un rato largo observando el paso de la gente y los vehículos. Le gustaba dejar que su mirada vagara en medio de esa especie de ruido blanco formado por el movimiento constante.&lt;br /&gt;Al entrar, fue saludado por uno de los mozos. Respondió el saludo y miró hacia el fondo del local. Todas las mesas estaban ocupadas. Entre las mesas de la entrada y la barra prefirió esta última. Ocupó el único taburete libre entre dos hombres de sobretodo, casi seguro visitadores médicos, que apuraban un café express antes de iniciar su recorrido a través de los consultorios.&lt;br /&gt;Saludó al dueño del bar, que se ocupaba de atender la barra y de la caja, y le pidió un café y una ginebra. No podía sacarse de la cabeza la imagen del rostro de la joven en la que acababan de trabajar. Por lo general no observaba las caras ni los rasgos físicos de modo estético, pero en ese caso la belleza se había impuesto por su propia fuerza. Una leve mirada había alcanzado para cautivar su atención, para perturbarlo de manera poderosa. No sólo el rostro era perfecto. Las proporciones corporales, sumadas al pálido blancuzco de la piel, lo hacían pensar en una diosa, una diosa griega hecha carne. Si a eso le agregaba el detalle de la actividad sexual confirmada en el momento previo a la muerte, la diosa se volvía mujer, una mujer sexualmente activa. Era demasiado.&lt;br /&gt;Cuando llegó su pedido, bebió primero la ginebra de un trago. Sintió el ardor intenso primero en la garganta y después a todo lo largo del esófago. Una quemazón placentera. El café también lo apuró de un trago. Quería volver y terminar lo más pronto posible el informe sobre la chica, sacárselo de encima cuanto antes. Aunque sabía que durante un par de días, hasta que tuviera los resultados de los análisis, iba a tener que trabajar sabiendo su cuerpo ahí, a unos metros, en una de las heladeras, cubierta apenas por una delgada sábana de hilo.“Chau gallego”, gritó levantando el brazo primero y señalando después el billete que dejaba junto al pocillo vacío, antes de bajar de la butaca y dirigirse hacia la puerta.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-989727084690211870?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/989727084690211870/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=989727084690211870' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/989727084690211870'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/989727084690211870'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/07/despojos-novela-corta-indita-11.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 11'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-5485413080759737730</id><published>2008-07-28T12:05:00.000-03:00</published><updated>2008-07-28T12:06:56.427-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 10</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;10.&lt;br /&gt;“¿Qué tenemos?”, preguntó, dando por terminada la a esa altura bastante extensa conversación acerca de los resultados de los partidos de la noche anterior. “Hay dos casos”, informó Fernando, “pero pidieron de arriba que despachemos urgente uno de ellos. Una piba de guita, parece. Suicidio. La familia quiere llevarse el cuerpo y terminar con todo cuanto antes”. “¿Edad?”, preguntó.&lt;br /&gt;– Quince.&lt;br /&gt;– ¿Método?&lt;br /&gt;– Ahorcamiento.&lt;br /&gt;– Bueno, vamos a ver.&lt;br /&gt;Apenas se arrimó a la mesa de disección exclamó “ahá” e indicó a Fernando, que lo miró como sorprendido, “andá tomando nota”.&lt;br /&gt;– Diagnóstico inicial, aparente suicidio.&lt;br /&gt;– ¿Aparente?&lt;br /&gt;– Sí. Fijate. El cuerpo está pálido, no amoratado.&lt;br /&gt;– Pero se ahorcó.&lt;br /&gt;– No estaría tan seguro. Mirá esa cara. No es para nada un rostro desencajado, como podría decirse. Además, no me gustan nada estas contusiones en los brazos. Ni el cuello. Anotá. Hemorragia aparentemente vital a nivel del surco y del músculo esternocleido.&lt;br /&gt;– ¿Dónde?&lt;br /&gt;– ¿Ahí, ves? Acercate más. Ahí, esas esquimosis subcutáneas, ¿las ves?&lt;br /&gt;– Sí, parecen vitales.&lt;br /&gt;– Parecen, pero también pueden aparecer en lesiones cadavéricas dando el aspecto de un ahorcamiento auténtico.&lt;br /&gt;– ¿Está sospechando algo?&lt;br /&gt;– Sí, acá hay algo raro. Pedí un análisis completo de laboratorio, sobre todo de los pulmones. La verdad, no creo que se haya suicidado. Anotá. Se indican pruebas complementarias para descartar posible muerte por sumersión.&lt;br /&gt;– Pero doctor, la palidez, ¿le parece?&lt;br /&gt;– Me parece que pueden haber intentado ahogarla. Existe lo que se llama el ahogado blanco, que muere por síncope a causa del miedo, no por asfixia. Pasá el informe en limpio y seguimos cuando estén los resultados de los análisis.&lt;br /&gt;En ese momento golpearon la puerta de la sala. “¿Quién?”, gritó desde donde estaba. “Matilde, doctor”. Era la secretaria del director. “Entre”, indicó, también con un grito.&lt;br /&gt;La mujer apenas abrió la puerta y habló desde el borde del canto, seguramente a causa del terror que le producía la posibilidad de ver un cuerpo despanzurrado.&lt;br /&gt;– Disculpe doctor Bardi, es por el caso de la joven de la que ya le hablé a su ayudante. El director pregunta en cuanto tiempo cree que la familia podrá disponer del cuerpo. Parecen un poco pesados.&lt;br /&gt;– Dígale que en aproximadamente cuarenta y ocho horas.&lt;br /&gt;– ¿Qué? ¿Cómo cuarenta y ocho horas?&lt;br /&gt;– Pedí cultivos de laboratorio y tardan un par de días.&lt;br /&gt;– Nos van a volver locos. No sabe lo que son. Digo, teniendo en cuenta la situación, pobre gente, no sería posible efectuar un examen más, cómo decir, más de rutina, para poder terminar con esto de una vez.&lt;br /&gt;– No creo. Me parece que acá hay un homicidio no un suicidio.&lt;br /&gt;– No me diga.&lt;br /&gt;– Sí, le digo, pero esto no hay que decírselo a ellos. Si se confirma hay que hablar primero con el juzgado. Vaya y dígale al director que lo maneje lo mejor que pueda.&lt;br /&gt;– Cómo no doctor, cómo no.&lt;br /&gt;La mujer cerró los cinco centímetros de puerta que había abierto y se marchó azorada por la nueva dimensión de intriga que envolvía la situación.&lt;br /&gt;Ellos volvieron a trabajar sobre el cuerpo de la joven. Evaluaron cada órgano y tomaron las muestras necesarias para los análisis. No había signos de violación, aunque sí semen en la vagina, lo que permitía pensar en un acto sexual bastante próximo al momento de la muerte.Después de dos horas de trabajo continuo se sintió agotado. Necesitaba tomar un café y comer algo. “Salgo. Cuando vuelva seguimos con el otro caso”, anunció. “O–ka”, respondió Fernando mientras empujaba la camilla con el cuerpo ya estudiado rumbo a los refrigeradores.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-5485413080759737730?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/5485413080759737730/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=5485413080759737730' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5485413080759737730'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5485413080759737730'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/07/despojos-novela-corta-indita-10.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 10'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-3264641168189869175</id><published>2008-07-24T14:00:00.000-03:00</published><updated>2008-07-24T14:01:34.561-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 9</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;9.&lt;br /&gt;Una inmensa cancha de fútbol sin tribunas ni nada alrededor. El silencio más puro que hubiera oído jamás. Desde un lugar indefinible, una pelota rueda hacia él. El pie derecho se prepara para recibirla –la punta contra el suelo, el talón en el aire–, formando una empalizada que el recorrido del balón adopta sin inconvenientes. Una vez sobre el empeine, una combinación de movimientos del pie, la rodilla y el muslo hace que la pelota suba en el aire, girando frente a su cuerpo. Mientras sube, antes de que comience a descender, la otra pierna se apresta a recibirla. Un momento después cae con suavidad sobre ella y es otra vez impulsada hacia arriba. Tres, cuatro, cinco veces el mismo malabar, en el que cada tanto el muslo alterna en la función de apoyo e impulso. Finalmente, una combinación de movimientos de todo el cuerpo que culmina con un giro de ciento ochenta grados le permite quedar frente a un arco que justo en ese momento se vuelve visible. Un último impulso de la pierna izquierda y esta vez la pelota se eleva mucho más que las veces anteriores, el tiempo necesario para que hasta los brazos formen parte de la coreografía. La pelota desciende y el pie derecho avanza desde el fondo del impulso que ha tomado yendo hacia atrás. A treinta centímetros del suelo el pie y la pelota se encuentran y ésta recibe toda la fuerza que estaba contenida en aquél. La esfera blanca avanza en su trayectoria parabólica en movimiento uniformemente acelerado hacia el centro del arco desguarnecido.&lt;br /&gt;“Ay”, gritó Lucía. “¿Eh?”, balbuceó él, sin haber despertado del todo.&lt;br /&gt;– Me pateaste.&lt;br /&gt;– Disculpá, estaba soñando. Dormite, es temprano.Miró el reloj. Eran las seis y veinte. Lucía volvió a dormirse al instante. Él se quedó acostado boca arriba, mirando el techo con las manos cruzadas debajo de la nuca. La sensación de ese derechazo perfecto todavía le duraba en todo el cuerpo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-3264641168189869175?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/3264641168189869175/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=3264641168189869175' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/3264641168189869175'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/3264641168189869175'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/07/despojos-novela-corta-indita-9.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 9'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-7612910896191046023</id><published>2008-07-23T14:42:00.001-03:00</published><updated>2008-07-23T14:44:27.451-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 8</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;8.&lt;br /&gt;El hecho de haber definido ya la elección del salón para la fiesta de casamiento de Sofía lo tranquilizaba. Había asegurado también diversión y comida para ciento treinta y siete personas. Mucha plata. Para compensar la erogación tenía que pensar una y otra vez en la felicidad que en su hija parecía provocar el hecho de casarse.&lt;br /&gt;Pensaba esto mientras trataba de anudarse la corbata. Tenía que presentarse a declarar en el juzgado como perito por la fiscalía en el caso del muerto por herida de bala. Eso significaba que el fiscal dependía de sus conclusiones para la elaboración de su argumento acusatorio. Vivía esa circunstancia como una especie de reconocimiento y eso lo hacía sentir importante.&lt;br /&gt;A veces se arrepentía de no haber hecho carrera como docente o investigador. Atribuía la elección del gabinete de disección al anonimato que brindaba y al tremendo terror que le producía cualquier tipo de exposición pública.Esa mañana, sin embargo, se sentía seguro y aplomado, capaz de desarrollar ante el juez y ante quien fuera los detalles del proceso deductivo en el que se basaban sus hipótesis acerca de la muerte de la víctima.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-7612910896191046023?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/7612910896191046023/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=7612910896191046023' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7612910896191046023'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7612910896191046023'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/07/despojos-novela-corta-indita-8.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 8'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-7857793653505548926</id><published>2008-07-21T11:13:00.001-03:00</published><updated>2008-07-21T11:13:49.237-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 7</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;7.&lt;br /&gt;“Tenemos un caso de muerte por herida de arma de fuego”, le anunció Fernando apenas entró en la morgue.&lt;br /&gt;– ¿Avisaste al juzgado?&lt;br /&gt;– Sí, está viniendo el secretario de un fiscal.&lt;br /&gt;– Contame mientras me cambio.&lt;br /&gt;– Masculino, treinta y seis años, recogido en la vía pública. No hay más datos. Alguien llamó a la policía cuando lo vio tirado en la calle. Ya estaba muerto. Parece que caminó herido unas cuantas cuadras.&lt;br /&gt;Estaban uno frente al otro a ambos lados de la mesa de disección. Entre ellos, el cuerpo extendido, desnudo y recién lavado de un hombre de unos treinta y cinco años de edad. “Andá anotando”, indicó.&lt;br /&gt;– A simple vista se advierte herida de bala con orificio de entrada a la altura del quinto espacio intercostal derecho. Orificio pequeño, lo que permite suponer que la bala no sufrió deformación alguna antes de ingresar. Posible proyectil tipo Browning.&lt;br /&gt;“¿Brou?”, preguntó Fernando levantando la vista de la planilla.&lt;br /&gt;– Browning. Bro, doble ve, ene, i, ene, ge. ¿Nunca oíste hablar de las pistolas Browning?&lt;br /&gt;– No. ¿Y por qué se supone que puede ser una pistola de esas?&lt;br /&gt;– Porque usan balas con camisa de níquel. Penetran y perforan con mucha limpieza, sin deformarse. Las de plomo desnudo se deforman y se rompen apenas chocan. También están las tipo Smith and Wesson, que vienen igual de encamisadas pero en cobre. Las peores son las de camisa incompleta, tipo Winchester o Mágnum. Estallan al chocar y provocan una lesión tremenda. Pasame la lupa.&lt;br /&gt;El rostro de Fernando expresaba fascinación. Se sintió complacido al advertir que era capaz de provocar semejante estado en alguien a partir de su conocimiento y su experiencia.&lt;br /&gt;– ¿Ves? El orificio es redondeado, casi perfecto. En estos casos hay que calcular el calibre sumando por lo menos un milímetro, porque un primer momento la piel se estira. ¿Ves el borde de la herida?&lt;br /&gt;– Sí.&lt;br /&gt;– ¿Qué parece?&lt;br /&gt;– Un círculo, un anillo.&lt;br /&gt;– Exacto. La zona de Fisch.&lt;br /&gt;– ¿Esa es la zona de Fisch? Recuerdo haber leído sobre ella pero nunca la había visto en un caso concreto.&lt;br /&gt;– ¿Vos aprobaste medicina legal?&lt;br /&gt;– Sí, pero en el examen me tocó una cuchillada. Era la herida de un cuchillo de carnicero arrojado desde unos siete metros. Impresionante. Cuando ingresó a la morgue, el tipo todavía tenía el cuchillo clavado. Había fotos.&lt;br /&gt;– Bueno, seguí anotando. La zona de Fisch presenta notable nitidez, sin signos de quemadura o desgarro. La distancia de disparo se estima en por lo menos cincuenta centímetros con Browning seis punto treinta y cinco o Colt, Colt como los cigarrillos, treinta y ocho. Con revólver el estimado es de por lo menos setenta y cinco centímetros. ¿Está todo?&lt;br /&gt;– Sí, pero, ¿eso qué significa?&lt;br /&gt;– Que no le dispararon a quemarropa. Bueno, ahora giralo hacia tu lado, así, ahí está. Anotá. Sin orificio de salida a simple vista. Se procede a apertura de tórax para efectuar seguimiento de la trayectoria y extracción del proyectil. Ahora abrilo, mientras yo voy a tomar algo porque con esto de los partidos tan temprano salí de casa sin desayunar.&lt;br /&gt;– Okay.Se sacó los guantes y los arrojó en el tacho que estaba junto a la mesa de disección. Colgó el delantal de goma en el perchero de metal, ubicado justo frente al otro, el de madera, del que descolgó el saco. “Hasta luego”, dijo antes de salir. “Hasta luego”, respondió Fernando, que ya se disponía a cortar y serruchar.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-7857793653505548926?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/7857793653505548926/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=7857793653505548926' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7857793653505548926'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7857793653505548926'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/07/despojos-novela-corta-indita-7.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 7'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-3233293050949021132</id><published>2008-07-17T13:06:00.000-03:00</published><updated>2008-07-17T13:07:44.598-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 6</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;6.&lt;br /&gt;Después de leer el cartel que indicaba el precio por kilo, extendió el brazo y tomó un atado de cebollas de verdeo de entre la pila que colmaba el estante. Ese gesto marcó el final de su recorrido por la sección verdulería, recorrido guiado, en lo esencial, por las ofertas de estación.&lt;br /&gt;Ya tenía, además, la carne, los artículos de limpieza, las conservas, los fiambres, los quesos, el alimento para los gatos, el agua mineral, las cervezas y el pescado. Restaban sólo los vinos. Los dejaba para el final adrede. Era el placer que se reservaba para después del castigo que significaba tener que recorrer esos pasillos estrechos con un carro de ruedas mal alineadas esquivando gente, niños sueltos y repositores casi siempre mal ubicados.&lt;br /&gt;Eligió unos cuantos tintos y un solo blanco, necesario apenas para acompañar el pescado.&lt;br /&gt;Una vez completada la carga, con el carro casi desbordado, se encaminó hacia la línea de cajas. En cada puesto había una cola de dos o tres carros. Salvo en el puesto del final, en el que un nuevo cajero parecía acabar de instalarse. “¿Se puede?”, preguntó. “Sí, adelante”, contestó con una sonrisa impostada el empleado. Ajeno a las miradas de odio de quienes hacían cola en las demás cajas, ubicó su carro junto a la cinta transportadora y comenzó a descargar la mercadería. Cuando terminó, pasó al otro lado y reintrodujo los mismos productos, embolsados, otra vez en el carro.&lt;br /&gt;Pagó en efectivo, desestimando la posibilidad de obtener un descuento utilizando la tarjeta de crédito, instrumento al cual nunca recurría. Después de guardar el vuelto en el bolsillo superior de la camisa se dirigió con su compra hacia el estacionamiento. Bajó dos niveles por rampas automáticas especialmente preparadas para sujetar las ruedas metálicas del carro. Al llegar al estacionamiento, le costó ubicarse geográficamente para poder recordar dónde había dejado el auto. Giró la cabeza de lado a lado apostando a una visualización inmediata. No consiguió reconocer ni la trompa ni la culata de su auto. Puso en práctica un segundo método: ensayo y error. Primero avanzó hacia el lado izquierdo. Llegó hasta el final del pasillo sin resultados. Volvió sobre sus pasos y comenzó a recorrer el ala derecha. A unos pocos metros, oculto detrás de una cuatro por cuatro enorme, ahí estaba su auto.&lt;br /&gt;Abrió el baúl y, por segunda vez, vació el contendido del carro distribuyendo las bolsas plásticas de manera que el espacio disponible rindiera al máximo.&lt;br /&gt;Ahora sólo quedaba lo más difícil, maniobrar en el espacio reducido del estacionamiento y subir por la rampa estrecha y empinada hasta salir a la calle.&lt;br /&gt;Cumplió con éxito la primer parte de la tarea. Tenía la trompa frente a la rampa. Puso primera y fue soltando lentamente el embrague. Fue siguiendo la curva ascendente con sumo cuidado, manteniendo una velocidad casi constante.&lt;br /&gt;Cuando salió a la calle estaba empapado en sudor y respiraba con agitación. Se fue recomponiendo a lo largo del trayecto hacia su casa.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-3233293050949021132?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/3233293050949021132/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=3233293050949021132' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/3233293050949021132'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/3233293050949021132'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/07/despojos-novela-corta-indita-6.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 6'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-9010265808226568711</id><published>2008-07-14T11:25:00.000-03:00</published><updated>2008-07-14T11:27:53.974-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 5</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;5.&lt;br /&gt;El invierno se iba volviendo cada vez más contundente. Lo primero que hizo al levantarse fue encender la estufa del living. Odiaba el frío. Quizás fuera una secuela de tantos años de trabajo en un ambiente en el que la temperatura nunca superaba los quince grados. A lo largo de su vida había tenido que sostener duras batallas con sus mujeres para evitar la instalación de cualquier clase de sistema de aire acondicionado en su casa. Con Lucía la guerra aún no estaba terminada y el tema, como las golondrinas, retornaba cada verano.&lt;br /&gt;Era la primera vez que encendía la estufa esa temporada. Los meses de inactividad parecían haber afectado en algo su funcionamiento normal. La llama del piloto permanecía encendida apenas durante segundos, para enseguida apagarse como si el paso del gas fuera cerrándose poco a poco.&lt;br /&gt;Se agachó hasta quedar casi extendido en el piso para poder acercarse a la unión entre el pico del piloto y la termocupla, donde sopló con fuerza con el objetivo de disipar la obstrucción que seguramente estaba ocasionando una partícula de polvo.&lt;br /&gt;Volvió a probar. La llama permaneció encendida aún después de haber retirado el dedo que garantiza el paso de gas durante los primeros minutos. La destapación parecía haber sido un éxito. Puso entonces el nivel al máximo y se dirigió hacia la cocina en pos del desayuno.&lt;br /&gt;Preparó un tazón de café express, al que agregó un chorro de leche fría y dos cucharadas y media de azúcar, además de tres tostadas de pan lacteado que untó con manteca y dulce de leche.&lt;br /&gt;Puso el café con leche y el plato de las tostadas encima de una bandeja con patas, agregó una servilleta de papel, y se dirigió con todo hacia el living.&lt;br /&gt;Eran las seis y cuarto de la mañana. Lucía dormiría hasta pasadas las diez. El efecto de la calefacción al máximo podía percibirse desde el pasillo mismo.&lt;br /&gt;Se acomodó en uno de los sillones individuales de respaldo alto, acercó la mesa ratona en la que había apoyado la bandeja del desayuno hasta sus rodillas, tomó el control remoto del televisor, lo encendió y buscó canal por canal hasta dar con el que buscaba. Era el partido inaugural del mundial de fútbol. El último campeón enfrentaba a un equipo debutante. Antes del juego tendría que soportar la absurda coreografía y el interminable desfile que daba inicio a cada torneo.Calculaba que después del partido tendría el tiempo justo para ducharse y salir hacia la morgue sin peligro de llegar tarde.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-9010265808226568711?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/9010265808226568711/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=9010265808226568711' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/9010265808226568711'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/9010265808226568711'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/07/despojos-novela-corta-indita-5.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 5'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-5679666449893954816</id><published>2008-07-11T14:13:00.001-03:00</published><updated>2008-07-11T14:13:53.218-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 4</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;4.&lt;br /&gt;Eligió una de las mesas pegadas al vidrio de la ventana. No la primera, demasiado cercana a la puerta, sino la segunda, sobre la que todavía estaban la taza de café, el sobre de azúcar abierto y la propina del cliente anterior. El bar estaba casi vacío, con apenas dos mesas ocupadas en el fondo. Cada tanto se oía el entrechoque de las bolas de billar, interrumpido por la descarga de la máquina de café ubicada en uno de los extremos de la barra.&lt;br /&gt;El mozo llegó hasta la mesa, le dijo “buenos días”, recogió en primer lugar la propina, después la taza de café y el sobre de azúcar, pasó un trapo rejilla húmedo por la superficie de madera y le preguntó qué deseaba tomar. “Buen día”, respondió él. “Un café chico y una ginebra”, pidió. Con un gesto de asentimiento y sin decir nada más, el mozo dio media vuelta y se encaminó hacia la barra. Antes de llegar le gritó el pedido al muchacho que estaba del otro lado, que terminaba de lavar unas cuantas tazas y vasos que iba poniendo a secar encima de la cafetera.&lt;br /&gt;Mientras esperaba miró hacia la calle. Frente al bar había un kiosco de diarios enorme, repleto de revistas plagadas de fotos a todo color en la tapa. El diariero, sentado en un taburete a un costado de la estructura metálica, ojeaba la quinta iluminado por el sol de la tarde.&lt;br /&gt;De pronto algo se interpuso entre él y lo que estaba mirando. Era un cuerpo. Alguien había detenido su paso justo frente a la ventana. Levantó la vista para saber de qué clase de persona se trataba y comprendió la broma. Era Barca, que sonriente lo saludaba desde afuera. Respondió con un mínimo movimiento de su brazo. Un instante después estaba sentado frente a él. “¿Qué mirabas con tanto interés? No me digas que te gusta el diariero”, dijo y rió festejando su propia humorada. “Qué hacés, Barca, cómo te va”, contestó abandonando de manera tajante el terreno del chiste fácil. En ese momento llegó el mozo con su pedido. Mientras descargaba la taza y la copa de la bandeja preguntó a Barca “¿el señor se va a servir algo?”, a lo que el otro respondió “lo mismo que el señor”. El mozo repitió el gesto de asentimiento silencioso, dio media vuelta y volvió a lanzar el mismo pedido hacia el muchacho, que esta vez lo miró con un dejo de fastidio. “¿Qué tal, todo bien?”, preguntó Barca devolviéndole la pelota para que empezara a contar algo.&lt;br /&gt;– Sí, en general, todo bien. ¿Y vos?&lt;br /&gt;– Tratando de resolver cuestiones de guita.&lt;br /&gt;– ¿El consultorio?&lt;br /&gt;– Sí, me parece que lo voy a cerrar. Cada vez va peor. Digo, las obras sociales pagan cada vez menos, las que todavía pagan.&lt;br /&gt;– ¿Y qué pensás hacer?&lt;br /&gt;– Me ofrecieron hacer domicilios en un servicio de emergencias.&lt;br /&gt;– ¿Pagan bien?&lt;br /&gt;– No. Además, son veinticuatro horas seguidas cada cuarenta y ocho. Y ni siquiera en una ambulancia, en un remís. Veinticuatro horas arriba de un auto, ¿te imaginás?&lt;br /&gt;– Es una locura. Más a tu edad.&lt;br /&gt;– Qué querés que haga.&lt;br /&gt;– Y bueno, ya te lo dije muchas veces, para mí no tendrías que haberte ido del hospital.&lt;br /&gt;– Uf, siempre lo mismo, ¿es lo único que se te ocurre? En ese momento me pareció que era lo mejor.&lt;br /&gt;– En ese momento puede ser que fuera lo mejor, pero podrías haber mantenido el cargo pidiendo una licencia sin jugarte el todo por el todo. Ya sabés cómo son las cosas en este país, hoy estás bien y mañana estás en bolas y a los gritos, como decía San Martín.&lt;br /&gt;– ¿En bolas y a los gritos?&lt;br /&gt;– Es una frase de San Martín.&lt;br /&gt;– Bueno, lo que sea, pero no me sirve de nada que me sigas hablando de lo que debería haber hecho diez años atrás.&lt;br /&gt;– Está bien. No te lo digo más.&lt;br /&gt;– ¿Y vos sabés algo de la jubilación?&lt;br /&gt;– No. No me volvieron a decir nada más. Por ahí se olvidaron. ¿A quién van a poner, a uno de estos pibes que recién empiezan? No, me necesitan.&lt;br /&gt;– ¿Este año cumplís los sesenta y cinco?&lt;br /&gt;– Sí, ahora, a fines de junio.&lt;br /&gt;– ¿Lucía qué dice?&lt;br /&gt;– Últimamente dice muy poco. No hablamos mucho.&lt;br /&gt;– ¿Qué pasa, no andan bien?&lt;br /&gt;– Más o menos.&lt;br /&gt;– Este mozo se olvidó de mi pedido.&lt;br /&gt;– Ya viene, no seas impaciente.&lt;br /&gt;Efectivamente, el café y la ginebra de Barca llegaron un minuto después. “Otra ginebra”, aprovechó a pedir.&lt;br /&gt;– Sofía se casa, ¿sabés?&lt;br /&gt;– No me digas. ¿Con el pibe de siempre? Ese, ¿cómo era? ¿Ignacio?&lt;br /&gt;– Sí, ese imbécil.&lt;br /&gt;– Qué bien. ¿Cuándo?&lt;br /&gt;– Dentro de dos meses. En realidad ya tienen todo casi listo. Seguro que la madre lo sabe desde hace rato. A mí, a nosotros, nos lo dijeron el otro día, una noche en la que vinieron a cenar.&lt;br /&gt;– Estás celoso porque fuiste el último en enterarte.&lt;br /&gt;– Largá.&lt;br /&gt;– ¿Hace mucho que no hablás con Norma?&lt;br /&gt;– Bastante. Desde que vendimos la casaquinta de Longchamps.   &lt;br /&gt;– ¿Va a haber fiesta?&lt;br /&gt;– Justamente, ahí es donde yo me vuelvo absolutamente necesario.&lt;br /&gt;– Entiendo.&lt;br /&gt;– Son ciento cincuenta personas, ¿podés creer? Un fangote de plata.&lt;br /&gt;– Bueno, es tu única hija al fin y al cabo.&lt;br /&gt;– Por suerte sí, es la única.&lt;br /&gt;– ¿Estoy en la lista de invitados?&lt;br /&gt;– Sí, claro.– Entonces voy a ir pensando en un buen regalo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-5679666449893954816?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/5679666449893954816/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=5679666449893954816' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5679666449893954816'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5679666449893954816'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/07/despojos-novela-corta-indita-4.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 4'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-8648745854958896623</id><published>2008-07-10T11:56:00.000-03:00</published><updated>2008-07-10T11:57:42.046-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 3</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;3.&lt;br /&gt;Deslizó la mano por encima de la mesa de luz en busca del encendedor. Lo tocó con la punta de los dedos y pudo agarrarlo justo antes de que cayera al suelo por el otro lado. Había tenido que sacar medio cuerpo por el costado de la cama para alcanzarlo. En el último estirón estuvo a punto de caerse pero lo evitó ayudándose con el otro brazo. “Carajo”, dijo al final del esfuerzo. En el movimiento había arrastrado hacia su lado la sábana y el cubrecama. “Me destapás”, se quejó Lucía, al tiempo que tiraba de las cobijas para volver a cubrirse con ellas. “Bueno, no es para tanto”, respondió mientras se incorporaba con dificultad hasta apoyar la espalda contra los barrotes de la cabecera de la cama. Resopló aliviado. Buscó después el paquete de cigarrillos que había dejado encima del cubrecama. Había desaparecido. Metió la mano por debajo de la sábana y en la búsqueda rozó una de las piernas de Lucía, que reaccionó corriéndola con brusquedad. “Tenés la mano fría”, le dijo.&lt;br /&gt;Al fin dio con el paquete de cigarrillos. Había ido a parar bien al fondo, cerca de los pies. Reacomodó las coberturas y volvió a apoyarse contra el respaldo. Encendió un cigarrillo. Dio una primer pitada larga y después otras más cortas. “¿Me prendés uno?”, pidió Lucía. Encendió el segundo cigarrillo con la punta del que tenía en la boca y se lo pasó. Ella también se había incorporado y había apoyado la espalda contra los barrotes de la cabecera.Mientras fumaban ella miraba hacia el techo con la mirada perdida en un punto indescifrable. Él fijó la vista en la pared de enfrente, en el espejo del ropero, ese espejo que le devolvía la imagen de esos dos cuerpos fumando uno junto al otro tan distantes.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-8648745854958896623?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/8648745854958896623/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=8648745854958896623' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8648745854958896623'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8648745854958896623'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/07/despojos-novela-corta-indita-3.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 3'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-8779613108390221461</id><published>2008-07-07T11:25:00.001-03:00</published><updated>2008-07-07T11:27:33.709-03:00</updated><title type='text'>DESPOJOS (novela corta, inédita) 2</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;2.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El sonido del interruptor de la luz retumbó en toda la cocina. A su reverberación se le sumó enseguida el ruido que producen los tubos fluorescentes al encenderse. Una luz difusa se desparramó por todo el ambiente.&lt;br /&gt;Se acercó a la mesada. La recorrió con la vista controlando la posición de cada uno de los objetos que había sobre ella. La tapa del termo junto al termo formando un triángulo con el mate, en un extremo. La jabonera y encima de ella la esponja y encima de la esponja un rulo de metal, junto a la pileta. Al lado, el tubo de detergente. Al otro lado de la pileta, alineados, los pocillos de café, los jarros de té y los tazones blancos para desayuno dados vuelta sobre sus platos, también blancos. En el otro extremo de la mesada, la radio y, a continuación, la tabla de madera, la aceitera, la vinagrera, la azucarera, el salero y el molinillo de la pimienta. “Todo en orden”, pensó aliviado, y se dispuso a cocinar.&lt;br /&gt;En primer lugar encendió la radio. Tenía sintonizada siempre la misma emisora, la única que pasaba tangos las veinticuatro horas del día. Después abrió el primer cajón del mueble bajomesada y extrajo el sacacorchos, que siempre estaba adelante, al alcance de la mano.&lt;br /&gt;Sacó una copa de una de las alacenas superiores y levantó la vista hacia la parte más alta del mueble, hacia la bodega que se extendía todo a lo ancho de la pared. No tardó en identificar el plomo de la botella que buscaba. Acercó un taburete a la mesada y se subió en él para alcanzarla.&lt;br /&gt;Descorchó la botella sin quitarle el polvillo que se había acumulado sobre el vidrio y la dejó sobre la mesa, junto a la copa, para que el vino se oxigenara. Mientras tanto emprendió la búsqueda de los ingredientes que necesitaba para la preparación de la salsa. Buscó un diente de ajo, un ramo de perejil y un poco de pan rallado. Sacó de la heladera una bandeja de champignones y se dispuso a lavarlos uno por uno, eligiendo al mismo tiempo los mejores, los más firmes, más aptos para ser cortados en rebanadas.&lt;br /&gt;Antes de empezar a cortar y picar apagó la radio, harto de no haber oído hasta ese momento más que informativos y publicidad.&lt;br /&gt;Una vez listos y dispuestos cada uno de los ingredientes buscó un sartén grande, lo puso a fuego medio y echó en su interior un chorro de aceite de oliva. Cuando el aceite estuvo bien caliente, echó sobre él los champignones feteados, cuyo alto contenido líquido produjo un chasquido estridente al momento del contacto. Los fue moviendo de un lado a otro del sartén con una cuchara de madera hasta que advirtió que estaban suficientemente blandos y ya habían largado todo su jugo. Retiró entonces el sartén del fuego y volcó el contenido en un plato hondo. Antes de seguir, consideró que ya podía arrancar con el vino.&lt;br /&gt;Llenó la copa hasta la mitad. La acercó a su nariz, aspiró dos veces y bebió un trago que demoró un par de segundos en la boca. Disfrutó el paso del líquido por la garganta.&lt;br /&gt;Dejó la copa al lado de la botella y se dirigió a la heladera. Extrajo un frasco de anchoas. Volvió a agregar un chorro de aceite al sartén al ponerlo nuevamente al fuego. Una vez que el aceite estuvo a temperatura ideal echó el diente de ajo cortado a la mitad, dorándolo hasta que ambos trozos comenzaron a oscurecerse por los bordes. Quitó entonces el ajo del sartén con la cuchara de madera, arrojándolo al tacho de basura que estaba junto a la heladera.&lt;br /&gt;El olor del ajo dominaba la cocina. Su memoria olfativa lo hizo retroceder a los años de residencia en aquél hospital suburbano en el que Nolberto, el peruano, inundaba la cocina de la guardia con idéntico aroma.&lt;br /&gt;Antes de acometer con el trozado de las anchoas bebió otro trago de vino. Cortó las anchoas una por una, volcándolas sobre el plato en el que había depositado los champignones para, enseguida, echar todo nuevamente al sartén, cuyo aceite permanecía caliente. Esta vez la operación duró apenas un par de minutos, el tiempo suficiente para amalgamar adecuadamente la mezcla.&lt;br /&gt;Era el tiempo de los fideos, de los vermicelli que había comprado en la fábrica de pastas al salir de la morgue. Puso a fuego intenso una olla alta cargada de agua hasta la mitad. Echó en ella tres puñados de sal gruesa y le puso la tapa para acelerar el hervor.&lt;br /&gt;Bebió otro trago de vino. Sonó el teléfono. Bajó la intensidad del fuego y atendió. Era Lucía, su mujer, su actual mujer, la segunda. Le avisaba que estaba demorada a causa del tránsito. Le avisaba porque sabía que se ponía de mal humor si no llegaba a la hora prevista, hora para la cual sabía que tendría la cena lista.&lt;br /&gt;Después de cortar volvió la intensidad del fuego al máximo. Destapó la olla y echó los fideos. Revolvió unas cuantas veces con la misma cuchara de madera.&lt;br /&gt;Fue probando los fideos de a pequeños trozos hasta que consideró que estaban al dente. Estaba volcando el contenido de la olla sobre el colador cuando escuchó ruido de llaves en la cerradura. Un “hola” llegó desde el living.&lt;br /&gt;Cuando Lucía apareció en la cocina ya se había descalzado. Tenía cara de cansada. “¿Tengo tiempo de darme una ducha antes de comer?”, preguntó sin acercarse a darle un beso. “Sí, todavía falta un rato”, respondió.&lt;br /&gt;Pasó los fideos del colador a una fuente. Volcó encima de ellos la salsa de anchoas y champignones y espolvoreó todo con perejil picado. Ahora debía dorar el pan rallado y cubrir con él toda la preparación, poniéndola a gratinar durante unos minutos. Pero para eso iba a esperar a que Lucía terminara de bañarse, con la intención de cumplir con el axioma que reza que es el comensal quien debe esperar a la pasta.Para amenizar la espera se sentó, tomó la copa y bebió todo el vino que quedaba en ella de a sorbos cortos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-8779613108390221461?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/8779613108390221461/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=8779613108390221461' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8779613108390221461'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8779613108390221461'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/07/despojos-novela-corta-indita-2.html' title='DESPOJOS (novela corta, inédita) 2'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-171557403130544470</id><published>2008-07-05T15:06:00.001-03:00</published><updated>2008-07-05T15:08:59.130-03:00</updated><title type='text'>Despojos (novela corta, inédita) 1</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;[a Malena, Catalina y Emilia]&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;1.&lt;br /&gt;Terminó de leer el parte de guardia mientras se colocaba el segundo guante de goma. Se trataba de una mujer de treinta y dos años que había ingresado a las cuatro y cuarto de la madrugada, víctima de un accidente de tránsito, según la policía.&lt;br /&gt;Se acercó a la plancha de disección. Fernando, su ayudante, se disponía a serruchar el esternón. Ya había cortado la piel. El tajo principal iba desde la punta del mentón hasta el pubis. Otros dos cortes unían los hombros con el centro del pecho. Se alejó de la plancha dando unos pasos hacia atrás para evitar las salpicaduras y las astillas que iría a producir la sierra. Miró hacia arriba. A través de una diminuta ventana entraba una pizca de luz de sol y daba contra la pared opuesta, produciendo reflejos de colores en los azulejos. Era un fenómeno que se producía alrededor de esa hora durante los últimos días del verano. Observó el proceso hasta el final, hasta que la luz declinó dando paso a la penumbra de siempre.&lt;br /&gt;La labor de Fernando con la sierra había terminado. Ahora abría la caja torácica con un separador de acero. Un crujido de costillas quebrándose resonó en toda la sala, al tiempo que la cabeza y las piernas de la mujer efectuaron unos cuantos movimientos reflejos.&lt;br /&gt;“Listo”, dijo Fernando señalándole la abertura que, en su parte central, tenía unos treinta centímetros de ancho.&lt;br /&gt;Volvió a acercarse a la plancha, ubicándose cerca del abdomen de ese cuerpo que, a esa altura del proceso, ya había perdido casi todo rasgo de individualidad. Tenía la bandeja del instrumental al alcance de su mano derecha. Mientras buscaba unas tijeras de hoja alargada preguntó a Fernando, que limpiaba con un trapo las manchas de sangre y las astillas del delantal de goma, si sabía algo acerca de la televización del partido de esa noche, un encuentro preparatorio para el mundial que se iba a iniciar dentro de poco.&lt;br /&gt;“Creo que lo dan, pero en diferido”, respondió Fernando.&lt;br /&gt;Las tijeras que buscaba no estaban en la bandeja. Se dirigió hasta el gabinete ubicado contra la pared del fondo de la sala y abrió una de las gavetas. Había en ella una cantidad enorme de tijeras de hoja alargada de distinto tamaño. Eligió la que creía que mejor podía servirle y volvió junto al cuerpo. Mientras introducía la punta de la tijera en el abdomen y efectuaba los cortes necesarios para extirpar los órganos principales, comenzó a silbar un tango.&lt;br /&gt;Trabajó dentro del vientre de la mujer a veces con la tijera y la mano izquierda, y a veces con ambas manos. Al cabo de unos minutos extrajo el hígado y lo depositó en la balanza de precisión ubicada del otro lado de la plancha. Fernando aguardaba a un costado, ya sin el delantal ni los guantes de goma, listo para volcar los datos en la planilla de registro macroscópico.“Hígado regular, setecientos treinta y cinco gramos”, indicó. Esperó a que Fernando terminara de anotar y agregó “decime una cosa, ¿no podrían darlo en directo?”, a lo que el otro respondió asintiendo con la cabeza. Antes de volver a introducir sus manos en el interior de la mujer, esta vez a la altura del tórax y en busca del corazón, dijo “desgraciados”. El otro volvió a asentir con la cabeza, lápiz en mano.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-171557403130544470?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/171557403130544470/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=171557403130544470' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/171557403130544470'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/171557403130544470'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/07/despojos-novela-corta-indita-1.html' title='Despojos (novela corta, inédita) 1'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-2196303789470197065</id><published>2008-03-06T19:15:00.001-02:00</published><updated>2008-03-06T19:17:18.096-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) CAPÍTULO XXV (Final)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Abrió los ojos sintiendo el esfuerzo de levantar los párpados. Tardó en convertir las luces y sombras que veía en una imagen coherente. La primera sensación fue de lisura, la lisura del techo de la habitación. Fijó la vista en el cuadro que colgaba de la pared frente a la cama. Puntos y líneas sobre un plano. Recorrió con la vista los bordes de la cama en el sentido de las agujas del reloj. Hizo lo mismo con los bordes del cuarto dejando que la mirada fuera guiada por los zócalos. Un rectángulo dentro de otro rectángulo, pensó. La puerta abierta permitía que desde el pasillo entrara una considerable cantidad de luz proveniente del comedor. Miró hacia la derecha. La mesa de luz. El despertador inútil indicando las siete y veinte. Junto a él, un paquete de cigarrillos arrugado y un encendedor. Un cenicero repleto de colillas al lado del vaso vacío. Advirtió que la intensidad de la luz proveniente del pasillo era cada vez mayor. Se desperezó emitiendo una especie de gruñido. La persiana baja evitaba la entrada de la luz directa del sol pero no de los ruidos de la calle. Bocinazos, alarmas de coches, frenadas, insultos. Se sentó en la cama y sintió una gota de sudor bajándole por la espalda. Debe de hacer por lo menos treinta grados, pensó. Tosió varias veces seguidas. Tragó saliva para evaluar el estado de su garganta. Le ardía. Sintió un ardor distinto subiendo desde la boca del estómago. Acomodó la espalda contra la cabecera de la cama. Las líneas de luz que se filtraban a través de la persiana se inclinaban cada vez más hacia el suelo. Escuchó a lo lejos el ruido de una aspiradora funcionando. Viernes, dijo. Pensó en el portero pasando la aspiradora en el pasillo cada viernes. Sintió pena por el portero amarrado a su rutina, pero ese ruido le venía bien para cerrar y dar forma al ciclo de cada semana que pasaba. Se levantó apoyando los pies sobre el frío del piso. Las pantuflas no aparecían a la vista. Abandonó la habitación rumbo al baño. Antes de entrar accionó el interruptor y fue el único testigo del estallido de la lámpara. No tenía otra de repuesto así que tendría que moverse a tientas en la oscuridad para cumplir con los hábitos higiénicos elementales. Volvió del baño a la habitación para buscar las pantuflas. Las divisó debajo de la cama al arrodillarse, justo en el centro, lejos de todos los bordes. Tuvo que acercarse aún más al piso y estirar al máximo el brazo para alcanzarlas. Tomó conciencia de la cantidad de tierra que se acumulaba debajo de la cama. Se imponía una limpieza general. Tal vez al otro día. Con las pantuflas puestas regresó al baño a lavarse las manos sucias de tierra. Sin pensar ni recordar lo sucedido momentos antes volvió a accionar el interruptor. Aunque no hubo explosión, la falta de luz después del clic igual lo sorprendió. Recordó la bombita quemada. ¡Qué boludo!, dijo sonriendo a su propia imagen en el espejo, apenas un perfil iluminado por la luz del pasillo. Se peinó hacia atrás con los dedos y pensó que le vendría bien cortarse un poco el pelo para aliviar el calor que sentía en la cabeza. También pensó que tenía la barba demasiado crecida. Salió del baño rumbo al comedor. Tuvo que ir cerrando los ojos a medida que se acercaba. Un mar de luz intensa y aire caliente, el comedor. Lo primero que hizo fue bajar la persiana. Las plantas le mostraban todas sus hojas marchitas. Se sintió culpable por tanto desinterés hacia ellas. Antes de pensar en nada más se ocupó de regarlas una a una. Sintió hambre. En el desorden que dominada la mesa del comedor, entre libros amontonados y diarios viejos, encontró la caja con restos de pizza de la noche anterior. Le encantaba la pizza fría. Separó una de las tres porciones que quedaban y le dio un mordisco. Necesitaba algo líquido para bajar esa masa de muzzarella fría. Fue a la cocina, encendió la hornalla, llenó la pava de agua y la puso sobre el fuego. Tomó el mate y se agachó sobre el tacho de residuos para vaciarlo de yerba usada. Utilizó la bombilla como espátula para remover los restos adheridos a los bordes de la calabaza. Al ponerse de pie sintió un fuerte calor en la nuca, se le nubló la vista y le zumbaron los oídos. Inclinó la cabeza sobre la pileta, abrió la canilla y dejó que el chorro frío corriera por encima de su cabeza. Al enderezarse otra vez su espalda recibió con satisfacción las gotas que se deslizaban desde arriba. Bebió de un trago un vaso de agua helada. Ya pasa, se dijo en voz alta. Se quedó unos minutos quieto, con las manos apoyadas sobre la mesada. En cuanto se sintió mejor volvió a ocuparse del mate. Echó la yerba directamente desde el paquete, volcando una gran cantidad por fuera de la boca. Incrustó la bombilla. Esperó a que el agua llegara a su punto justo y apagó la hornalla. Con la pava en una mano y el mate en la otra volvió al comedor. Se oían ruidos provenientes de la calle. Entre ellos pudo distinguir con claridad la voz de uno de los paseadores que frecuentaban la plaza de enfrente. Homero, salí del barro. Pobre Homero, pensó. Dejó la pava encima de la mesa, sobre un diario viejo, y subió apenas la persiana tratando de divisar al perro en cuestión con sus patas sucias entre la jauría. Corriente imperturbable de tránsito por la vereda y por la calle. En una terraza contigua vio a una chica preparándose para tomar sol. Tomó el segundo mate disfrutando de cómo embadurnaba todo su cuerpo con protector solar, cómo elegía la radio que obturaría sus oídos y cómo adquiría esa posición estática sobre la reposera, dejando al sol toda la extensión de su piel como si se tratara de una ofrenda viviente. Se sirvió otro mate y tomó otra porción de pizza. Pensó en qué hacer durante el resto del día. Antes que nada ponerse a corregir. No se permitiría escribir una sola palabra más sin trabajar sobre la pila de poemas que venía acumulando. Cuando terminó de comer volvió a la cocina a lavarse la mano engrasada. Se secó con el repasador que colgaba de la manija del horno. Con el mate en la otra mano fue hasta el escritorio. Tomó la pila de poemas y un lápiz negro. Llevó todo a la mesa. Se acomodó en una de las sillas y empezó a tachar y a escribir entrelíneas, encima de los bordes y en el dorso de las hojas. Los ruidos y el calor seguían entrando por la ventana. Pensó en un baño de inmersión en agua fría para cuando terminara. Leyó: ir siempre, siempre volver. Tachó los dos versos y se quedó con la punta del lápiz apuntando hacia la hoja.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;FIN&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-2196303789470197065?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/2196303789470197065/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=2196303789470197065' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2196303789470197065'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2196303789470197065'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/03/circuitos-novela-indita-captulo-xxv.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) CAPÍTULO XXV (Final)'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-2842841015619265536</id><published>2008-03-02T18:48:00.000-02:00</published><updated>2008-03-02T18:51:36.094-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) CAPÍTULO XXIV</title><content type='html'>Hacía un rato que Marcela tocaba con insistencia el timbre cuando Mirta y Lidia bajaron del ascensor. Les preguntó si lo habían visto últimamente. Mirta contestó que no lo veía desde antes de navidad; arriesgó la hipótesis de que hubiera viajado a algún lugar por unos días. ¡Qué raro! dijo Marcela y, antes de irse, les pidió que cuando lo vieran le dijeran que ella lo estaba buscando. Sí, cómo no, respondieron las otras dos y la vieron meterse en el mismo ascensor del que acababan de bajar. Mirta clavó la mirada en la puerta de su vecino con una expresión seria en el rostro. ¿Quién era?, preguntó Lidia. Creo que la ex–mujer, contestó mientras entraban en el departamento. El pasillo volvió a ser un corredor de silencio que iba desde los ascensores hasta esa puerta de la que Mirta acababa de despegar la mirada. Una puerta que separaba un silencio de otro. El del departamento ocupaba toda su extensión. Silencio de objetos inanimados. De un contestador automático indicando tres mensajes pendientes de ser escuchados, de un reloj luminoso informando la hora desde el visor de un equipo de audio. Silencio de escritorio cubierto de fichas desparramadas y de poemas apilados a la espera de una corrección necesaria. Silencio de sillón viejo acostumbrado a la forma del mismo cuerpo. Silencio de discos desordenados, de ropa tirada, de platos por lavar, de ventana iluminada por la luz menguante de un día de mediados de enero. Encima de la cama, silencio de sábanas amontonadas, de cajones del placard abiertos. Silencio de cosas que no están: un bolso, un short de baño, dos remeras, un buzo, un par de zapatillas, un pantalón. En el baño, ausencia de cepillo de dientes y de peine.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante todo el viaje fue pensando si no habría sido un error aceptar esa invitación a pasar el domingo en la casa de Joaquín –uno de los ayudantes de su ex–materia–, junto con el resto de los integrantes de la cátedra, salvo Mario, por supuesto. No quería recibir muestras de solidaridad ni tener que contar cómo lo había tomado y qué pensaba hacer de su vida en adelante. Había aceptado porque estaba verdaderamente aburrido de la ciudad, del calor, de su departamento y de los bodrios que daban en el cine. Le habían dicho que la casa era muy grande y tenía pileta de natación. Lo atrajo, además, la idea de un asado al aire libre. Lo cierto era que nunca había tenido un trato fluido con ninguno de los ayudantes. Su interlocutor siempre había sido Mario; de los demás apenas si conocía el nombre. Sabía que eran cinco: tres varones y dos mujeres, todos fanáticos de los rusos del diecinueve. El anfitrión era el hijo del gerente de una de las petroleras más importantes del país.&lt;br /&gt;El trayecto hasta el country devenido barrio privado se le hizo larguísimo. Tuvo que combinar dos colectivos y un tren hasta dar con la entrada de esa especie de fortaleza arbolada. Se anunció en una garita pegada al portón de rejas altas. Uno de los dos guardias de seguridad    –con cara de desconfianza– tomó el teléfono, marcó un número de tres dígitos y avisó de su presencia. Enseguida cambió la expresión de su rostro. Pase, lo esperan, le dijo mientras accionaba el mecanismo de apertura del portón y le indicaba hacia dónde dirigirse. Caminó por las falsas calles de esa falsa ciudad sintiendo que acababa de entrar en una dimensión diferente: una dimensión de orden, de control, de puro simulacro. Esas casas sin rejas, con bicicletas y juguetes desparramados en el jardín, esos autos estacionados con las ventanillas bajas, esa gente caminando con expresión despreocupada, parecían ser parte de un mundo fantástico, un mundo de negación e ingenuidad forzada.&lt;br /&gt;Después de haber andado varias cuadras había perdido todo sentido de la orientación. De repente vio abrirse la puerta de una de las casas, vio salir a un chico montado en un triciclo y detrás de él una mujer cubierta con una salida de baño y el pelo mojado estirado hacia atrás. Se detuvo a observar la escena. Mientras el chico iba y venía en triciclo por la vereda, la mujer cortaba rosas del jardín. Vamos Brian, la escuchó decir al terminar, y los vio entrar por la misma puerta, que se cerró detrás de ellos. Esa mujer podría haber sido Laura. Un country en Pilar, un varón, le habían dicho. Imaginó que la puerta volvía a abrirse, que primero volvía a aparecer el chico –esta vez empujando un camión de plástico enorme– y después la mujer (Laura), cubierta por la misma salida de baño, con el pelo igualmente mojado y estirado hacia atrás. Imaginó que volvían a estar frente a frente.&lt;br /&gt;– ¿Es tu hijo? &lt;br /&gt;– Sí, Brian se llama. ¿Y vos?&lt;br /&gt;– ¿Yo qué?&lt;br /&gt;– ¿Volviste a casarte?&lt;br /&gt;– No.&lt;br /&gt;– Pero estás en pareja.&lt;br /&gt;– No.&lt;br /&gt;– ¿Y en la universidad seguís?&lt;br /&gt;– No.&lt;br /&gt;– ¿Estás bien?&lt;br /&gt;– No.&lt;br /&gt;El diálogo imaginario le provocó una sensación de malestar en todo el cuerpo. Se alegró de que la mujer no fuera Laura y siguió caminando. Sin saber exactamente cómo dio con la casa en la que Joaquín y los demás lo esperaban.&lt;br /&gt;El almuerzo resultó más agradable de lo que hubiera pensado. Nadie le hizo ninguna pregunta acerca de su deserción en el concurso. Ni una sola vez fue pronunciado el nombre de Mario. Hablaron casi todo el tiempo de literatura. Hubo una picada, un chapuzón antes del almuerzo, el asado, un descanso a la sombra de los árboles, otra vez pileta, mate con facturas y un último bocadillo de carne fría acompañado de otra botella de vino tinto. Fue el primero en irse. Me estoy levantando temprano a escribir, argumentó, aunque la verdadera razón era que estaba cansado de hablar y de escuchar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al entrar tiró el bolso cerca de la puerta y, sin mirar si tenía o no mensajes en el contestador, fue a pararse frente a la ventana. Todo parecía estar en su sitio. Giró y desde ahí observó el comedor y parte de la cocina. Respiró profundo. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan a gusto en medio de ese silencio.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-2842841015619265536?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/2842841015619265536/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=2842841015619265536' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2842841015619265536'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2842841015619265536'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/03/circuitos-novela-indita-captulo-xxiv.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) CAPÍTULO XXIV'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-5688912516204678266</id><published>2008-02-27T21:39:00.000-02:00</published><updated>2008-02-27T21:40:58.218-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) CAPÍTULO XXIII</title><content type='html'>El calor y la luz del verano lo obligaban a despertarse más temprano. No quería perderse esa sensación de frescura que duraba apenas un par de horas después del amanecer. Pasado ese momento, el resto del día era nada más que aire caliente entrando por las ventanas inevitablemente abiertas. Empezaba a acostumbrarse al hecho de no tener ningún compromiso pendiente. Hasta marzo tenía un ingreso asegurado y nada que hacer salvo llevar ropa al lavadero, comprar pan y comida en el supermercado, pagar facturas en el banco y retirar plata del cajero automático. El resto, puro placer: ir al cine, recorrer librerías, sentarse a tomar un café, caminar un rato. Claro que en esa época del año la calle estaba insoportable. Ningún lugar parecía quedar a salvo del espíritu navideño. Mucho plástico, mucha bola y guirnalda brillante, mucho saludo compulsivo. Trataba de salir lo menos posible, aunque tuviera que resignar alguna película a punto de bajar de cartel. Sus actividades más constantes eran la lectura, por la mañana, y la escritura, por la noche, apenas después del atardecer al que asistía, mate en mano, pegado a la ventana. En el ángulo del escritorio la pila de poemas elevaba el pisapapeles hasta una altura considerable. En algún momento tendría que ponerse a corregir. Mientras tanto, tenía que aprovechar el impulso compositivo básico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El veintitrés de diciembre bajó bien temprano. Dejó la bolsa de ropa sucia en el lavadero con el compromiso, por parte de la empleada, de que se la tendrían lista en una hora y media. Sacó plata del cajero, bastante más de lo habitual. Como los bancos estaban aún cerrados pagó el teléfono y el gas, que vencían la semana siguiente, en una farmacia. Fue uno de los primeros clientes en entrar al supermercado. Eligió un carro grande. Nunca había comprado tanta mercadería junta. Un empleado del supermercado lo acompañó llevando las cosas hasta la puerta de su casa. Una cuadra antes de llegar le indicó la dirección y lo dejó ir solo, mientras iba al lavadero a retirar la ropa. Subió en el ascensor apretado por un montón de bolsas de nylon. Cuando estaba bajando en su piso se abrió la puerta del C.&lt;br /&gt;– Parece que fuimos de compras.&lt;br /&gt;– Sí, y ahora, a los refugios.&lt;br /&gt;– ¿Qué?&lt;br /&gt;– No salgo más. Hasta después de año nuevo no salgo más.&lt;br /&gt;– ¿No te gustan las fiestas?&lt;br /&gt;– Las odio.&lt;br /&gt;– Entonces no te digo lo que había pensado.&lt;br /&gt;– No, decime.&lt;br /&gt;– Bueno, mañana a la mañana me voy a la casa de mi familia en Mendoza a pasar las..., a pasar unos días allá. Pensé que esta noche podríamos fest... comer algo y tomar una, no sé, tomar algo.&lt;br /&gt;– Está bien, sí.&lt;br /&gt;– ¿Y vos no vas con tus viejos?&lt;br /&gt;– No. Siempre voy y es una tortura melancólica. Pienso decirles que viajo, que me voy a algún lado. Ya te dije, hasta el tres de enero no pienso salir. Tengo todo lo necesario: comida, bebida, ropa limpia, plata por las dudas, papel, lápices, libros y música.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cenaron en el departamento de Mirta. Hablaron del final de la tesis. Ya la entregué, ahora tengo que esperar la evaluación para poder hacer la defensa; no creo que sea antes de mitad de año, dijo ella. Hablaron de la vuelta de Marcela. No puedo creer que la hayas recibido como si nada, dijo también ella. Finalmente, mientras tomaban una sidra bien fría, hablaron otra vez de las fiestas. Prefiero estar solo y aislado a catorce pisos de la estupidez generalizada, dijo él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La comida, el vino, la sidra y el calor no habían sido una buena combinación. Cuando entró a la oscuridad del departamento se sintió mareado y a la vez pesado, como si tuviera una piedra en el estómago. Fue derecho a la ventana. Intentó en vano tomar un aire fresco ausente en esa noche de casi treinta grados. Se tiró en el sofá y se quedó dormido hasta que la luz de la mañana lo despertó. En ese momento sí pudo sentir un aire más frío y más húmedo a su alrededor. Recordó una frase de Boris Vian que había leído como epígrafe en la novela de un escritor amigo al que hacía tiempo no veía: la brisa fresca, recién ordeñada de la mañana. Tenía el cuello duro y un sabor amargo en el paladar. Al levantarse del sillon estiró los brazos hacia el techo y emitió una especie de gruñido. Cuando volvió al comedor después de haberse lavado la cara y los dientes advirtió que tenía un mensaje en el contestador. Lo escuchó. Era su madre preguntándole si iba a ir a cenar esa noche. Pensó que antes de llamar tenía que perfeccionar su excusa, definir adónde y por qué tenía que viajar un veinticuatro de diciembre. Lo haría durante la mañana. No tenía ganas de tomar café. Pensó que hasta el mediodía el movimiento de la ciudad sería bastante parecido al de siempre. Después iría pareciéndose al del sábado. El día siguiente sería una especie de domingo en mitad de la semana. Claro que desde apenas entrada la noche tendría que soportar la andanada de explosiones y luces de colores que llegaría a su momento álgido a la medianoche, cuando esperaba estar ocupado en algo realmente interesante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Sí, ya sé que es raro, pero qué querés.&lt;br /&gt;– ...&lt;br /&gt;– Ya te dije, mamá, es una investigación de la universidad. No a cualquier docente le proponen ir a presenciar los festejos de navidad y año nuevo a un pueblo del interior para después publicarle un ensayo. Además pagan muy bien y no son épocas para andar despreciando trabajo.&lt;br /&gt;– ...&lt;br /&gt;– No me vengas con que puede ser la última navidad ni nada de eso. Es mi trabajo.&lt;br /&gt;– ...&lt;br /&gt;– Vuelvo el tres de enero. Te prometo que ni bien llego voy a verlos. Dale un beso a papá de mi parte.&lt;br /&gt;– ...&lt;br /&gt;– Sí, felices fiestas para ustedes también, mamá.&lt;br /&gt;Aunque se había sacado un peso de encima no pudo evitar sentir algo de culpa al pensar en las palabras de su madre: ésta puede ser la última navidad que pasemos juntos. A pesar de saber que se trataba de un claro golpe bajo se puso a pensar en la posibilidad de que semejante augurio resultara cierto. Mil veces había pensado en la muerte de sus padres. Había experimentado el mismo profundo dolor de mil maneras distintas. Sin embargo, a pesar del terror y de la culpa se sintió firme en su deseo de soledad y aislamiento.&lt;br /&gt;La excusa que acababa de dar lo obligaba a conectar el contestador permanentemente. No le importaba demasiado. No esperaba recibir ningún llamado. Recordó las épocas de una agenda repleta de números y reuniones pendientes en esa misma época del año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando empezaron las explosiones más intensas y constantes, pasadas las ocho y media de la noche, se encontraba en la cocina adobando un pescado que iba a meter al horno sobre un colchón de papas cortadas en rebanadas finas. Ya se había servido la primer copa de vino, un blanco seco que había mantenido en el congelador durante horas. Pedazo de pelotudos o qué los reparió repetía en voz alta después de cada uno de los estallidos más estruendosos. Desde la cocina podía ver la oscuridad del comedor cada vez más interferida por la luminosidad efímera de las cañitas voladoras o los fuegos artificiales. Una vez que metió la bandeja en el horno sintió la necesidad de una compensación auditiva. Pensó en Charlie Parker. No podía dejar de asociarlo al personaje del cuento de Cortázar. Tenía un solo disco de él, en el que había veinte temas, quince de los cuales lo aburrían. Se tomó el trabajo de programar el equipo de audio para que sonaran únicamente los cinco que le gustaban, entre ellos Lover man, su preferido. Puso el volumen muy alto y se sirvió otra copa de vino. Pensó en ciertas palabras que había pronunciado el día anterior: tengo todo lo necesario. El recuerdo, que parecía empeñado ese día en aparecer para mostrarle lo que ya no tenía, lo mostraba esta vez acompañado de Marcela en alguna de las tantas cenas de navidad que habían compartido con Teresa y Alberto. Por la amistad y por el amor habían brindado infinidad de veces. Mierda, atinó a decir antes de salir corriendo hacia el horno a causa del olor a quemado que percibía proviniendo desde la cocina.&lt;br /&gt;El pescado le salió sabrosísimo, a pesar de que algunas de las papas se habían pegado al fondo de la fuente y estaban chamuscadas. Para cenar abrió una segunda botella de vino. Había bebido la anterior durante la preparación y mientras escuchaba música. Cantidad e intensidad de las explosiones iban en aumento. A la medianoche y durante diez minutos el ruido fue ensordecedor. Se acercó a la ventana, después de todo, el espectáculo que ofrecían las luces contra el fondo oscuro del cielo no dejaba de resultar atractivo. Sonó el teléfono y así, parado junto a la ventana con la copa en la mano, escuchó a su madre dejándole un saludo de parte de ella y de su padre. Sabemos que no estás pero queremos que cuando vuelvas sepas que en este momento pensamos en vos, dijo. Se sintió tan cruel como quien pretende ejercer su poder contra lo más vulnerable que tiene a su alcance. Se sintió un imbécil de cuarenta y cinco años bebiendo solo la noche de navidad mientras mira por la ventana, a catorce pisos de la realidad, cómo los demás se divierten. Dejó la copa sobre la mesa y encendió un cigarrillo que no pudo terminar porque eso que le nacía desde el medio del pecho lo obligaba a llorar con todo el cuerpo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-5688912516204678266?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/5688912516204678266/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=5688912516204678266' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5688912516204678266'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5688912516204678266'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/02/circuitos-novela-indita-captulo-xxiii.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) CAPÍTULO XXIII'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-2021057081491646189</id><published>2008-02-25T20:45:00.000-02:00</published><updated>2008-02-25T20:48:28.970-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) CAPÍTULO XXII</title><content type='html'>Menos de una semana después de la conversación con Teresa, Marcela lo estaba llamando, reapareciendo en su casa, contándole de manera muy parca la historia con Alberto y por qué se habían separado tan pronto . Menos de una hora después estaban en la cama ya sin hablar, antes de volver a dormir juntos una noche entera después de tanto tiempo.&lt;br /&gt;Cuando Marcela se fue a la mañana siguiente –bien temprano y sin desayunar–, no olvidó repetir el consabido yo te llamo antes de salir, dejando bien en claro su deseo de que las cosas volvieran a ser como antes en todo sentido. Eso le disgustaba y lo tranquilizaba al mismo tiempo. Le disgustaba que ella siguiera teniendo el poder de acercarse y alejarse cuando quisiera, algo que –si bien durante mucho tiempo le había resultado cómodo–, ya no lo satisfacía tanto. A esa altura de la vida su necesidad respecto de una mujer ya no pasaba solamente por un encuentro efímero de vez en cuando. A pesar de todo, la vuelta de Marcela se convertía en un punto fijo dentro de ese universo en movimiento y disolución en que se había convertido su vida. Volvía a estar pendiente: atento, agarrado de algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera semana de diciembre, con las fiestas y las vacaciones en el horizonte inmediato de la mayor parte de la gente, no era el mejor momento para ponerse a buscar trabajo. Sin embargo, caminando un día por el barrio había visto que estaban terminando de construir un colegio a pocas cuadras de su casa. Educación secundaria, bilingüe, actividades extracurriculares, computación y demás especies ofrecía un cartel enorme colgado sobre la fachada. Si están buscando sus primeros alumnos tal vez estén buscando también sus primeros profesores, había pensado, y al regresar a su casa se había puesto a actualizar y aumentar su currículum. Le llevó un par de días dar con el director y conseguir una entrevista. Al leer sus antecedentes el hombre lo miró a la vez sorprendido y desconfiado. Sorprendido por el nivel de su formación, desconfiado por el hecho de que una persona con semejante calificación estuviera buscando trabajo como profesor de literatura de nivel medio. La carrera académica es feroz y agotadora, dijo tratando de paliar la desconfianza sin mellar la admiración del director. Mire, hasta fin de febrero vamos a recibir currículums y ahí vamos a decidir, dijo el director al mismo tiempo que extendía su mano derecha hacia él intentando dar por concluida la entrevista.&lt;br /&gt;El final de febrero aparecía, aún con esa posibilidad de trabajo, como la costa opuesta de un río nada fácil de cruzar: un río de más de dos meses de calor y humedad en una ciudad casi desierta con bastante poco que hacer mientras tanto.&lt;br /&gt;Cuando salió del colegio era casi el mediodía. Decidió comprar el diario, comer algo afuera y esperar hasta la hora de la primera función de los cines. Para comer eligió una pizzería. Hacía mucho tiempo que no montaba una porción de fainá sobre una media masa con un centímetro de muzzarella derretida encima. Pidió cerveza, aunque no era una bebida que apreciara. El vino a esa hora y con ese calor le hubiera impedido mantenerse despierto en el cine. Mientras le traían la pizza se puso a hojear el diario de atrás para adelante. Dio con la cartelera y empezó a recorrer títulos y horarios de los cines del barrio. Eligió una película norteamericana dirigida por un director inglés del que ya había visto unas cuantas. Tenía una hora y media para comer tranquilo y dar una caminata que favoreciera la digestión. No tuvo ganas de seguir mirando el diario. Se dedicó a mirar por la ventana tomando a breves tragos el primer vaso de cerveza. La gente, a pesar del calor, caminaba tan apurada como siempre. Algunas mujeres desarrollaban al andar una sensualidad impresionante. Fue testigo de la discusión entre dos taxistas que pugnaban por demostrar cual de los dos había visto al pasajero primero. Vio como cada uno volvía a su vehículo después de una serie de insultos y amagues boxísticos de dudoso nivel técnico.&lt;br /&gt;La pizza y la fainá estuvieron a la altura de sus expectativas. No pudo evitar sentirse lleno y amodorrado. La luminosidad le lastimaba los ojos. Pagó y salió en busca de un lugar más oscuro donde tomar un café. Enseguida dio con un bar escondido en el fondo de una galería. Pidió un café doble y encendió un cigarrillo. Había dejado el diario en la pizzería. No recordaba con exactitud el horario de la película pero estaba seguro de contar todavía con unos veinte minutos. Hizo honor a su proyectada caminata. Comprobó que la gente, además de apurada, avanzaba indiferente a cualquier empujón o topetazo. Llegar al cine fue todo un alivio. No había nadie en el hall esperando por entrar. Un empleado de traje azul con ribetes dorados arrancó una entrada del talonario y se la extendió a través de una ranura en el vidrio que los separaba. Minutos después el mismo empleado abandonó la boletería y, con una linterna y un fajo de programas en la mano, se instaló en la puerta de la sala. Volvió a decirle buenas tardes cuando recibió de su mano la misma entrada que él mismo le había dado. La rompió en dos mitades y le devolvió una de ellas junto con un programa. No necesitó que el boletero–acomodador le iluminara el camino. Conocía de memoria ese pasillo escalonado que daba a la sala, una sala inmensa, inmensamente desierta. Fue uno de los únicos y exclusivos espectadores de una historia de pasión hacia los discos y la música de los años ochenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegó a su casa primero comprobó que no tenía mensajes en el contestador. Después, ahí mismo, en el comedor, se sacó el traje que se había puesto para la entrevista de la mañana y que a esa altura de la tarde ya no soportaba. Necesitaba darse una ducha. Fue hasta el baño y giró el grifo del agua caliente. Nada. Recordó de pronto cierto aviso que habían deslizado la semana anterior por debajo de la puerta, vinieron de golpe a su memoria las palabras desinfección y limpieza del tanque de agua. La reputa que lo parió, le gritó a su imagen en el espejo. Tendría que esperar un par de horas así, con esa sensación de transpiración pegada a la piel. Se acercó a la ventana. Todo parecía estar en su sitio. La intensidad de la luz disminuía de manera imperceptible. Pensó en Marcela. ¿Y si le proponía que volvieran a vivir juntos? No, no estaba preparado para recibir un no como respuesta. Tampoco estaba tan seguro de querer renunciar a su soledad. Imaginó que seguirían así por lo menos durante un tiempo, viéndose de a ratos, sabiendo poco y nada de la vida del otro. ¿Pero hasta cuándo? Cada vez que pensaba de ese modo volvían a su cabeza las palabras de su padre: ya no sos ningún chico. Sintió que no eran solo las palabras las que volvían. Había vuelto Marcela, estaba a punto de volver a tener un trabajo. Sin embargo, la sensación era la de haber perdido algo en el trayecto. Entre Marcela y él estaba para siempre la historia de ella con Alberto, entre él y su trabajo la sensación de no haberse animado a pelear un lugar en el nivel más alto. Pensó en regresos literarios. Recordó un verso de Juarróz: de ningún viaje se vuelve. Recordó cierta novela de Carpentier. Hizo un gesto casi mecánico hacia el fichero pero se detuvo en mitad del movimiento. Necesitaba escribir sus propias palabras. Así, en calzoncillos como estaba fue al escritorio y tomó unas cuantas hojas de la resma de papel que guardaba en uno de los cajones. Después de varias tachaduras, enmiendas y reescrituras pasó en limpio un poema de seis versos. &lt;br /&gt;Iba a efectuar otro movimiento automático, iba a tomar una carpeta y a sepultar el poema en ella. No lo hizo. Sentía que ese texto inauguraba algo, un nuevo impulso para la escritura. Hizo lugar en uno de los ángulos del escritorio y dejó la hoja ahí, sostenida por un pisapapeles. Quería tener esas palabras cerca y a la vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasadas las diez de la noche intentó de nuevo con la ducha y obtuvo una tibia y líquida respuesta. Después del baño se tiró en la cama a fumar y a escuchar a Roy Eldridge hasta la madrugada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-2021057081491646189?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/2021057081491646189/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=2021057081491646189' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2021057081491646189'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2021057081491646189'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/02/circuitos-novela-indita-captulo-xxii.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) CAPÍTULO XXII'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-4772226621767940078</id><published>2008-02-22T10:37:00.001-02:00</published><updated>2008-02-22T10:37:56.336-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XXI</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Estaba a punto de terminar de leer Adán Buenosayres. Le faltaban las últimas veinte páginas. Sabía que iba a guardar por ese libro, como por tantos otros, un cariño especial, un agradecimiento por haber ocupado tantas de sus horas vacías. Pero todo libro, aún el Ulises de Joyce, alguna vez se acaba, pensaba mientras tomaba un jugo de naranja sentado frente al libro abierto encima de la mesa del comedor. Y entonces hay que volver a buscar otras páginas en las que sumergirse. No quiso terminar de leer en ese momento. El final se merecía una ceremonia decorosa: whisky, cigarrillos y el silencio de la noche.&lt;br /&gt;Marcó la página en la que había quedado con el señalador que el mismo libro traía cosido al lomo. Era sábado al mediodía. Estaba en pijama y ojotas. El calor del verano se hacía sentir por anticipado. Se levantó para bajar la persiana. La intensidad de la luz le molestaba demasiado. Encendió la radio. Puso una AM para enterarse de algo de lo que estaba pasando en el mundo. Una voz engolada de locutor profesional le informó que la temperatura era de veinticuatro grados, la humedad del setenta y tres por ciento y la presión de mil veintiséis hectopascales. ¿Hecto qué?, dijo en voz alta. En mi época la presión se medía en milibares. Hectopascales.  Apagó la radio. Fue hasta la biblioteca y tomó el segundo tomo de la enciclopedia, el que iba de dinacho a muletilla. Hecto, hectógramo, hectólitro, hectómetro, Héctor. Nada de hectopascales. Hecto es cien, pensó. Cien pascales. Cambió el segundo tomo por el tercero, que iba de muleto a Zerual Amin, político argelino, y buscó Pascal. Además de la biografía del científico y filósofo francés de nombre Blaise,  y del principio de Pascal –según el cual toda presión ejercida sobre un líquido es transmitida por igual a todos los puntos de su masa y actúa perpendicularmente sobre las paredes del recipiente que lo contiene–, encontró el sustantivo masculino definido desde la física como unidad de presión que, en el Sistema Internacional de Unidades, equivale a un newton por metro cuadrado. Un pascal equivale a un newton. Primera conclusión que en concreto no le aportaba el más mínimo conocimiento. Siguió buscando. En el mismo tomo encontró la biografía del matemático, físico, astrónomo y filósofo inglés de nombre Isaac y el sustantivo masculino definido desde la física como unidad de fuerza que, en el Sistema Internacional de Unidades, equivale a la fuerza necesaria para que un cuerpo de un kilogramo adquiera una aceleración de un metro por segundo. Una unidad de presión equivale a una unidad de fuerza, en síntesis, las dos implican movimiento. Eso estaba mejor. Fuerza y presión. Impulsos necesarios para que un cuerpo adquiera aceleración, para que se dirija hacia algún lado. Pensó qué clase de newtons, pascales o milibares harían falta para que su cuerpo y con él su vida se desplazaran hacia algún lado. Imaginó posibles unidades: hectoteresas, milimarisas. Unidades magnéticas, centros de atracción que parecían no haber sido del todo efectivos hasta ese momento. Quizás él no estuviera hecho del material correcto para dejarse arrastrar hacia alguno de esos puntos.&lt;br /&gt;Dejó los tomos de la enciclopedia abiertos sobre la mesa del comedor y tomó el teléfono. Se quedó así, parado en el medio del comedor con el teléfono en la mano, durante unos cuantos minutos, pensando qué número marcar primero. Marcó el de Marisa. Atendió una mujer y le dijo que esperara. Escuchó pasos alejándose y enseguida otros pasos, más ágiles, acercándose. Era Marisa. La notó sorprendida aunque poco entusiasmada ante su reaparición. La invitó a salir. No, no puedo, dijo ella. Por qué, le preguntó. Bueno, vos te borraste, desapareciste, qué querés, hace un tiempo que estoy saliendo con alguien, dijo ella. Sintió que la presión de los milimarisas que lo habían impulsado al llamado descendía bruscamente. Dijo bueno, acepto que quien desperdició esta oportunidad fui yo. Se despidieron con amabilidad.&lt;br /&gt;El golpe había sido fuerte. Pasaron varios minutos y un montón de recuerdos por su memoria hasta que la presión de los hectoteresas se hizo efectiva. Atendió uno de sus hijos quien, después de dejar el tubo gritó mamá con una fuerza que lo obligó a separar el aparato de la oreja. Podía oír con claridad el sonido del televisor encendido y el ruido de una aspiradora que se detuvo después del grito del chico. De pronto escuchó la voz de Teresa diciendo hola. Esta vez no hizo ningún comentario acerca de su reaparición. La invitó a salir. No, salir no, pero tenemos que hablar, pasaron varias cosas desde la última vez que nos vimos, dijo ella. Bueno, hablemos, dijo él. Quedaron en encontrarse a las seis de la tarde en un bar cercano a la casa de ella, mientras sus hijos estuvieran en natación. Algo en el tono de su voz lo había hecho sentir que ni todas las unidades de fuerza del universo podrían provocar un nuevo choque entre ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bar era uno de esos bares reciclados, con mucha flor artificial y luces dicroicas, en los que los mozos parecen disfrazados con atuendos de servidores de una especie de realeza venida a menos: impecable pantalón de vestir, camisa y chaleco estampado con arabescos dorados. Teresa había llegado antes. Leía una revista en una de las mesas del centro, lejos de las ventanas. No estaba maquillada. La ropa que llevaba puesta parecía ser de entrecasa. Desde que lo miró y le dijo hola la notó tensa, ansiosa por irse.&lt;br /&gt;– Volvió Alberto.&lt;br /&gt;– ¿Ah, sí? ¿Qué pasa, hay un congreso de turros?&lt;br /&gt;– Vino a buscarme. Quiere que me vaya con los chicos para allá, para Brasil, dice que tiene todo arreglado como para que podamos vivir tranquilos.&lt;br /&gt;– ¿Y Marcela?&lt;br /&gt;– Lo dejó. Por lo que él sabe ella volvió para acá, ¿no te llamó?&lt;br /&gt;– Ni falta que hace. ¿Y vos qué vas a hacer?&lt;br /&gt;– Y... es el padre de los chicos. Además, a pesar de todo, lo quiero. ¡Qué voy a hacer! Una vez que terminen las clases voy a ir para arreglar lo de los papeles y buscar un colegio.&lt;br /&gt;– ¿Alberto está en tu casa? Me gustaría tener una charlita con él.&lt;br /&gt;– No, vino y se fue. No puede estar mucho tiempo acá.&lt;br /&gt;– ¿Te preguntó qué hiciste en su ausencia?&lt;br /&gt;– Sí, pero no le dije nada, ¿para qué? Mejor dejar todo así.Y así lo dejaron. Los hectoteresas y los milimarisas siguieron la suerte de los milibares: fueron abandonados para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-4772226621767940078?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/4772226621767940078/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=4772226621767940078' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4772226621767940078'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4772226621767940078'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/02/circuitos-novela-indita-captulo-xxi.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XXI'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-2797373841239762122</id><published>2008-02-20T16:12:00.000-02:00</published><updated>2008-02-20T16:14:03.612-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XX</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El tercer jueves de noviembre, después de despertar, tardó unos segundos en darse cuenta de que ese día era el día de su última clase. La última clase de su último cuatrimestre. Mario era el nuevo titular de la materia.&lt;br /&gt; Se quedó unos minutos en la cama, como siempre, con la vista fija en el techo, aunque en su cabeza se estuviera desarrollando una vez más una recorrida imaginaria por los pasillos y la escalera hasta la puerta del aula. Su última llegada no podía quedar librada al azar. Tenía que preparar hasta el más mínimo detalle, desde la ropa hasta los gestos, como si se tratara del rodaje de la última escena de una película muy larga.&lt;br /&gt;La luz que entraba por entre la persiana indicaba un nublado firme, gris, quizás lluvioso. Decidió quedarse en la cama unos minutos más. Así, acostado boca arriba, con las manos debajo de la nuca, cerró los ojos y trató de recordar su primera clase, aquella que había dado en reemplazo de un ayudante cuando era apenas un adscripto recién ingresado a la cátedra de literatura argentina. Podía recuperar hasta la sensación del temblor de las rodillas y de los papeles en la mano. Había preparado una clase perfecta, un recorrido previsto hasta en sus posibles desvíos, un andamiaje que había durado en pie el tiempo que tardó en aparecer la primera pregunta insólita. En aquél momento tenía veinticuatro años, y hacía seis meses que se había recibido. Hizo la cuenta, cuarenta y cinco menos veinticuatro, veintiuno. Veintiún años sujeto y pendiente de un ciclo académico que había ordenado su vida con rigurosidad, una sucesión inmodificable de clases, examenes y tiempo libre. Ese día, ese tercer jueves de noviembre, estaba a punto de dejar de estar pendiende: iba a dejar de estar atento a la preparación de las clases, a sus horarios, a las fechas de examenes; también iba a dejar de estar colgado, atado a esa actividad. La pregunta era de dónde iba a agarrarse desde las nueve de la noche. Se quedó así, acostado boca arriba, durante varios minutos más, y como la respuesta insistía en no aparecer se levantó. Eran las nueve menos cuarto de la mañana.&lt;br /&gt;Al levantar la persiana comprobó que no se había equivocado, era un día lluvioso, de lluvia tenue, esa lluvia lenta pero constante capaz de durar el día entero.&lt;br /&gt;Primero pensó en la ropa. El pantalón gris y la camisa blanca estarían bien. Cuando llegara la hora de salir decidiría entre el saco liviano y el piloto. Buscó los zapatos negros dentro del placard con la intuición de que necesitarían una lustrada. La necesitaban. Lo difícil sería dar con los cepillos y la pomada. Hurgó en el mismo rincón del que había sacado los zapatos. Ahí no estaban. Ya van a aparecer, pensó al mismo tiempo que dejaba los zapatos al lado de la cama y se dirigía hacia el baño. Cumplió con sus rutinas higiénicas sabiendo que tenía el problema del vestuario casi solucionado. Solamente le quedaba por cerrar el contenido de la clase. Pero primero necesitaba un buen desayuno.&lt;br /&gt;Mientras preparaba café decidió que trabajaría en la mesa del comedor. Hacía mucho tiempo que no desplegaba libros y papeles sobre ese rectángulo de algarrobo rojizo, acostumbrado a los límites de espacio y de luminosidad que le imponían el escritorio y la luz dicroica.&lt;br /&gt;El café, como la mayoría de las veces, le salió horrible. Ni la leche ni el azúcar alcanzaron a disimular un sabor tan amargo. Lo dejó a un lado después de haber bebido apenas un par de tragos. Se ocupó de los libros y los papeles.&lt;br /&gt;En dos horas había diseñado los puntos principales del recorrido con el que cerraría la exposición de los temas teóricos de la materia. Fueron dos horas intensas, de pura concentración, por eso al trazar el último punto tuvo la sensación de estar regresando desde otra dimensión, una dimensión de puros conceptos, relaciones y vínculos racionales. Salir para encontrarse con él mismo sentado frente a ese cúmulo de hojas sueltas y desordenadas, en ese departamento silencioso, frente a esa lluvia tenaz de ese tercer jueves de noviembre.&lt;br /&gt;Lista la clase, lista la ropa, casi, tengo que encontrar la pomada y los cepillos, pensó frente a la ventana. Por la calle los taxis parecían avanzar más lentos que de costumbre, como seguros de que la lluvia los obligaría a parar en cualquier momento para recibir algún viajante deseoso de no empaparse. Era casi el mediodía. Todavía no tenía hambre. Preparó unos mates. Volvió a pensar en aquella primera clase. Recordó que Marcela, además de haberle regalado un par de medias y una camisa para que se viera más elegante, lo había ido a buscar a la salida. Habían ido a tomar un café. Ella le había dicho que estaba orgullosa de él. Volvieron a sus oídos ciertas palabras de la conversación que había tenido la otra noche con Mirta.&lt;br /&gt;– ¿Nunca te enamoraste?&lt;br /&gt;– No sé, quizás sí de Marcela, pero sólo al principio.&lt;br /&gt;Por primera vez la falta de Marcela le dolía profundamente, como dicen que duele la cicatríz de una vieja operación los días de humedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La facultad, a esa altura del año, era un hervidero de ansiedades. A los segundos parciales se superponían las entregas de trabajos escritos y la inscripción a finales. Un ir y venir de rostros desencajados detrás de cualquier profesor capaz de aportar alguna precisión respecto de los temas de examen o una mínima pero decisiva indicación bibliográfica era la imagen dominante. La clase, a la que llegó respetando cada uno de los gestos ensayados en su imaginación durante toda la noche, estaba superpoblada. Es sabido que los alumnos pueden no asistir obligatoriamente a los teóricos, pero la primera y la última clase suelen exhibir la población completa de inscriptos a una materia. Ver tantos bancos amontonados, tanta gente sentada a los costados e incluso detrás del escritorio donde iba a ubicarse, le provocaba la sensación de estar a punto de dar una clase magistral. Y en algún punto lo era. Por cómo la había preparado y porque era la última. Su último abordaje de la literatura rusa, un universo en el que había entrado casi de casualidad. Marsiccio, el viejo profesor titular, le había propuesto hacerse cargo de una comisión de prácticos cuando estaba haciendo carrera en la cátedra de argentina. Había tenido que empezar prácticamente desde cero.La clase avanzó por los carriles previstos. Pudo exponer con tranquilidad lo que había planeado, hubo pocas interrupciones y apenas dos o tres preguntas interesantes. Cuando arreciaron sobre él las dudas acerca de los temas de examen y sobre la monografía, aprovechó para derivar la atención hacia dos de los ayudantes que estaban presentes al fondo del aula dando por terminada la clase, y con ella tantas otras cosas que, por supuesto, la multitud ignoraba.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-2797373841239762122?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/2797373841239762122/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=2797373841239762122' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2797373841239762122'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2797373841239762122'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/02/circuitos-novela-indita-captulo-xx.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XX'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-2714595778045346936</id><published>2008-02-18T11:06:00.001-02:00</published><updated>2008-02-18T11:09:44.804-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XIX</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Desde que vio pasar el sobre por debajo de la puerta supo que se trataba de la respuesta de Roberto que tanto esperaba desde hacía semanas. Acababa de levantarse. No tenía idea de la hora pero suponía que era por lo menos el mediodía. Había dormido mal, de a ratos, entre sueños confusos y pesadillas terroríficas. Levantó el sobre y lo llevó hasta la mesa. Antes de abrirlo fue a la cocina y preparó un café. No tenía leche para cortarlo. Le puso mucha azúcar. Volvió a tomar el sobre y se sentó en el escritorio. No necesitaba encender la lámpara para poder leer con comodidad. Octubre se presentaba generoso en días de sol radiante. Bebió un par de tragos de café y cortó uno de los lados del sobre con un cortaplumas. La carta era apenas media carilla de papel ultrafino escrita con una letra que parecía ser consecuencia de un cierto apuro. Leyó e imaginó la voz silenciosa de Roberto diciendo al escribir: mirá, tengo que pedirte disculpas si me excedí en una descripción optimista de la situación que se vive acá. No es tan fácil laburar en algo. Así como te digo que hoy tengo un pasar bastante tranquilo al principio la verdad es que no me fue nada bien. Si venís por poco tiempo quizás podamos conseguir algo, alguna invitación oficial, alguna conferencia, pero para pensar en un plazo mayor tendrías que tener papeles de residencia y eso es muy difícil. No es mi intención pincharte el globo pero tengo que ser sincero y realista. No arriesgues lo poco que tengas ahí. Si querés darte una vuelta y combinar paseo con tanteo de posibilidades no hay problema, pero no apuestes todo a lo que podrías conseguir acá porque, vuelvo a repetirte, no es para nada fácil ni seguro. Volvé a escribirme y contame que pensás hacer. Sabés que en mi casa podés parar el tiempo que quieras. Te mando un fuerte abrazo, Roberto. Con la misma mano que sostenía el papel hizo un bollo y lo arrojó al tacho que estaba a un costado del escritorio. Sincero y realista. Mentiroso. Pasar bastante tranquilo. Te debés estar rompiendo el culo tres veces más que acá, imbécil. Lo que tengas ahí. No arriesgues lo que tengas ahí. Qué mierda sabrás acerca de lo que tengo acá. Ni siquiera yo lo sé. Qué tengo acá, dijo en voz alta y se quedó con la vista clavada en las hojas de una de sus plantas, hojas caídas que pedían agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la oscuridad progresiva le dieron ganas de hacer algo para no estar solo esa noche. Salió al pasillo y tocó el timbre del 14C.&lt;br /&gt;– ¿Vienen a cenar esta noche?&lt;br /&gt;– El plural sobra. Estamos distanciadas. Después te cuento.&lt;br /&gt;Volvió al departamento a buscar la billetera y bajó a comprar lo que necesitaba para cocinar. No pensaba en nada demasiado sofisticado. Unas pastas con salsa de tomates y champignones. En el supermercado se decidió por sorrentinos. Eligió además un vino de los más caros y un lemon pie para el postre.&lt;br /&gt;Al entrar al departamento se dio cuenta de que antes de cocinar tenía que limpiar y ordenar aunque más no fuera los lugares visibles. Se puso un par de guantes de goma y, desinfectante en mano, emprendió el avance contra la mugre del baño. Después sacudió algo de la tierra que cubría los muebles, puso la ropa sucia que acumulaba en el respaldo de distintas sillas en una bolsa y barrió el piso. Cuando arribó a la cocina pensando en abrir las latas de tomate y el vino para entonarse en la tarea de cortar la cebolla, el ajo y los champignones se encontró con un foco quasi infeccioso. Tenía que lavar todo lo que tenía acumulado en la pileta, limpiar la superficie de la cocina, el piso y las salpicaduras de los azulejos. Semejante tarea le llevó el tiempo que pensaba dedicar a preparar con tranquilidad la salsa. Cuando por fin puso la cacerola sobre el fuego sonó el timbre. Estoy un poco demorado, le dijo. Traje un lemon pie para el postre, dijo ella y él no dijo nada acerca de la sobreabundancia, como buen caballero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Riquísimo.&lt;br /&gt;– ¿Sí?&lt;br /&gt;– Sí, comí un montón, bárbaros los sorrentinos.&lt;br /&gt;– ¿Más vino?&lt;br /&gt;– No, gracias.&lt;br /&gt;– Bueno, contame qué pasó con Lidia.&lt;br /&gt;– Nada grave, se sintió mal porque le dije que no quiero vivir con ella, que estoy bien así; se sintió herida, desilusionada.&lt;br /&gt;– ¿Cuánto hace que están juntas?&lt;br /&gt;– Cuatro años y medio.&lt;br /&gt;– Es todo un tiempo.&lt;br /&gt;– Ya lo sé, no es la primera vez que me lo propone.&lt;br /&gt;– ¿Y estás segura de que preferís seguir viviendo sola?&lt;br /&gt;– Sí, muy segura. Los placeres de la cotidianeidad no me atraen para nada. Eso de compartir desde el mal aliento hasta la ropa sucia no me va. ¿Y vos cómo estás?&lt;br /&gt;– Cada vez más aburrido de mi mismo.&lt;br /&gt;– ¿Y esa mujer...Teresa era?&lt;br /&gt;– Sí, pero no. Ya fue. No puedo estar con ella teniendo todo el tiempo presente la imagen de mi amigo.&lt;br /&gt;– ¿Y la otra, tu alumna?&lt;br /&gt;– Marisa, no, tampoco podía funcionar, un cuarto de siglo es una distancia insalvable.&lt;br /&gt;– Me parece que tenés miedo.&lt;br /&gt;– ¿Miedo de qué?&lt;br /&gt;– De estar metido con alguien, de enamorarte.&lt;br /&gt;– Enamorarse, enamorarse, eso sucede unicamente en las novelas románticas.&lt;br /&gt;– ¿Nunca te enamoraste?&lt;br /&gt;– No sé, quizás sí de Marcela, pero sólo al principio. Después siempre valoré otras cosas, pasarla bien, estar lo más cómodo posible, evitar cualquier tipo de conflicto, que no me rompieran las bolas.&lt;br /&gt;– Así estás.&lt;br /&gt;– Así estoy. Pero me la banco.&lt;br /&gt;– Cada vez menos.– ¿Traigo el lemon pie?&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-2714595778045346936?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/2714595778045346936/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=2714595778045346936' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2714595778045346936'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/2714595778045346936'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/02/circuitos-novela-indita-captulo-xix.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XIX'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-5473146121126423806</id><published>2008-02-15T13:17:00.001-02:00</published><updated>2008-02-15T13:18:53.347-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XVIII</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Más de una vez había tenido, frente a las ventanas que se abrían a su ventana, la fantasía de poder presenciar algún hecho extraordinario, de ser testigo de alguna acción que no fuera el mero entrar y salir, el ir y venir con una bandeja o una botella de una habitación a otra, el levantarse o sentarse frente al televisor, el apagar y prender la luz para iluminar una lectura o la búsqueda de un par de medias. Su expectativa no dejaba de tener como horizonte la imagen de James Stewart enyesado en La ventana indiscreta, una de sus películas favoritas. Después de haberla visto más de siete veces era capaz de recordar hasta los cambios de gradación en el enfoque de cada plano. Ese personaje del espía pasivo pero atento y capaz de desentrañar la trama de un crimen le resultaba a la vez querido y envidiable. Pero no, frente a su ventana no parecía suceder nada extraordinario. Ni crimen, ni suicidio, ni discusión violenta, ni nada. Los movimientos de siempre de la gente de siempre en los lugares de siempre. Así y todo, se entretuvo observando durante un rato largo, amparado por la oscuridad del comedor, cómo la pareja del catorce contrafrente del edificio de la calle de atrás cenaba delante del televisor tirada sobre almohadones. Comían algo que sacaban de unas cajas de cartón que el hombre había traído en una bolsa de nylon junto con dos botellas de cerveza. ¿Hamburguesas, comida china, sushi? Imposible saberlo a esa distancia. Comían juntos, eso sí, bien pegados el uno con el otro, iluminados por una lámpara de pie y por la luz alternativamente azulada, verdosa y rojiza que los inundaba desde el aparato en el que tenían la vista clavada. Después pasó a observar a la vieja del doce, iluminada por una luz amarillenta que le caía desde arriba, tal vez de una bombita de cuarenta watts colgando de un portalámparas desnudo. La vieja se inclinaba sobre la mesa de madera, con la cabeza casi dentro de un plato. A un costado tenía una radio, que movía a un lado y a otro, seguramente para mejorar la recepción de la onda. Imposible saber si viuda o solterona. Sola, eso sí, siempre sola. El caso del décimo era más complicado. Una luz intensísima parecía inundar el comedor, pero una cortina bastante gruesa mezquinaba la forma de los cuerpos que habitaban ese espacio. ¿Hombre, mujer, uno, seis? Imposible saberlo. Ni las luces del cielo ni las de la ciudad parecían ser un atractivo que justificara el descorrimiento de la cortina.&lt;br /&gt;Después de fijar la vista con tanta intensidad, descansó mirando la luna llena que subía rápidamente desde el borde de la terraza del edificio del costado. Un globo enorme que se iba desinflando al ritmo de su ascenso. La siguió hasta que estuvo a media altura, cuando su avance a través del espacio de la noche se hizo imperceptible.&lt;br /&gt;Cuando ya no quedaban excusas afuera en las que poner la vista, la atención y la expectativa, no tuvo más remedio que volver a aceptar el regreso de los pensamientos que lo venían ocupando desde hacía cierto tiempo.La pregunta básica era más o menos siempre la misma: qué mierda hacer con su vida. La respuesta, siempre distinta. En teoría podía imaginar cinco o seis salidas concretas al dilema. En la práctica, el solo hecho de pensar en dar el primer paso necesario para seguir cualquiera de ellas lo agotaba. Podría ser peor, terminaba pensando cada vez, aunque sintiera que cada noche era peor. ¿Hasta cuándo, hasta cuánto peor? Imposible saberlo. Eso sí, ya ni el alcohol podía lograr que durmiera en una misma noche tres horas seguidas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-5473146121126423806?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/5473146121126423806/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=5473146121126423806' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5473146121126423806'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/5473146121126423806'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/02/circuitos-novela-indita-captulo-xviii.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XVIII'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-6681170399977820998</id><published>2008-02-13T12:33:00.001-02:00</published><updated>2008-02-13T12:35:17.837-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XVII</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;A lo largo de la noche se había despertado varias veces, la última de ellas después de haber tenido una pesadilla que lo había dejado envuelto en sudor frío. Se había visto a sí mismo en un espacio vacío rodeado de varios cuerpos con tremendas suturas quirúrgicas, miles de puntos de sutura que en un determinado momento estallaban poniendo al descubierto un vacío y un silencio semejantes a los que rodeaban toda la escena. Estaba asustado. Sentía el corazón galopando a toda velocidad dentro del pecho. Por primera vez pensó en la muerte de un modo no especulativo. Pensó en la posibilidad de morirse ahí, en su cama, una noche como esa. Pensó cuánto tiempo tardarían en dar con su cuerpo muerto y putrefacto. Se imaginó muriendo en soledad. Se sintió solo.&lt;br /&gt;Después de un rato, cuando las imágenes de la pesadilla habían adquirido una cierta distancia en su recuerdo, pudo volver a dormirse. Cuando el timbre lo despertó ya era de día.&lt;br /&gt;Era Mirta. Venía a buscarlo para salir a caminar. Recordó que durante la última conversación que habían tenido le había contado acerca de su frustrado intento deportivo. Ella le había dicho que en cuanto se sacara de encima la tesis iba a pasar a buscarlo. Vamos dormilón, le dijo cuando lo vio asomar despeinado, ojeroso y en pijama por detrás de la puerta apenas abierta. No, no me siento bien, respondió y la invitó a pasar. Su expresión seguramente coincidía con su discurso porque no hizo falta que diera mayores explicaciones. Mientras se vistió y se lavó la cara y los dientes Mirta le preparó un café con leche con tostadas. No te hubieras molestado, le dijo cuando vio dispuestos sobre la mesa la taza, el plato de tostadas y el pote de dulce de leche. Bueno, a ver, contame, dijo ella, y se sentó enfrente suyo con un jarro de té entre las manos.&lt;br /&gt;– Nada, no es nada. Tuve un mal sueño y una fea sensación al despertarme en mitad de la noche.&lt;br /&gt;– Te angustiaste.&lt;br /&gt;– No, pará, psicoanálisis de entrecasa tan temprano no, Mirta.&lt;br /&gt;– Sos duro, eh. ¿No podés confiar en mí? ¿Por qué no aceptás que no estás bien y que en algún momento podés estar deprimido y angustiado?&lt;br /&gt;– No es que no lo acepte, no es eso. Me puse a pensar en la posibilidad de morirme ahí, en el cuarto, una noche cualquiera.&lt;br /&gt;– Y eso te angustió.&lt;br /&gt;– Dale con la angustia. No sé si fue angustia. Como quiera que se llame lo que sé es que últimamente vengo sintiéndome mal cada vez más seguido.&lt;br /&gt;– Te sentís solo.&lt;br /&gt;– En ciertos momentos. Ahora no. Me siento mucho mejor. Me cambio y salimos.&lt;br /&gt;Durante las primeras cuadras pudo mantener un paso más o menos ágil. Después empezó a sentirse agitado y a la vez ansioso. En ese momento hubiera dado cualquier cosa por tener un cigarrillo a mano, pero Mirta lo llevaba hacia adelante con un ímpetu notable. Dale, un par de cuadras más, la escuchó decir varias veces, seguramente debido a que veía en su cara una expresión más dispuesta al regreso que a otra cosa.&lt;br /&gt;Aunque no había llevado la cuenta, la distancia que habían caminado le parecía enorme. Se despidió de Mirta en el pasillo y, después de entrar, fue dejando el tendal de ropa transpirada por el suelo hasta la puerta del baño. El agua tibia terminó de aflojar los músculos de su cuerpo de manera completa. Esa sensación, sumada a la mala noche pasada y al cansancio producido por el ejercicio, hicieron que pensara en comer algo rápido para después tirarse en la cama a dormir una buena siesta durante la tarde.&lt;br /&gt;Abrió una lata de sardinas, la última que quedaba en la alacena, e hirvió una papa para acompañarlas. Después de la siesta podría aprovechar una misma salida para dejar la ropa sucia en el lavadero y pasar por el supermercado a comprar ciertas cosas que se habían terminado en sus de por sí reducidas reservas alimenticias.&lt;br /&gt;Cuando terminó de comer apiló los platos en la pileta de la cocina, preparó un té con limón y se paró frente a la biblioteca buscando un libro para llevarse a la cama. Unos minutos de lectura lo empujarían al abismo del sueño con mayor facilidad. Recorrió los estantes de arriba para abajo y de izquierda a derecha. Los libros no estaban dispuestos ni en orden alfabético ni por países ni por épocas. Se alineaban más bien por orden de compra. Puso su atención en los últimos, que ocupaban los estantes más bajos del lado izquierdo. Varios pertenecían a colecciones que habían salido con algún diario, en su mayoría clásicos que había comprado para obligarse a la relectura. Recordó una lista que alguna vez se había tomado el trabajo de hacer, una lista de las novelas argentinas que no había leído. La compra de varios de los últimos libros había respondido a ese proyecto. Había novelas de todos los tamaños. Le dieron ganas de sumergirse en una lectura larga, en un universo que lo absorbiera durante mucho tiempo. Las opciones eran dos: Rayuela de Cortázar, una falta que no se hubiera animado a confesar en ningún ambiente académico o literario, y Adán Buenosayres de Marechal, que acababa de reeditarse por cuestiones de calendario. En función de todo lo que ya había leído de Cortázar se animó a seguir sobrellevando su inconfesable falta. Se decidió por Marechal. Cargó con las setecientas dieciocho páginas encuadernadas en tapa dura hacia la habitación. La lectura del Prólogo Indispensable duró exactamente lo mismo que el té con limón, después de cuyo último trago cerró el libro, apagó la luz, se acomodó en la cama y se quedó dormido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentía que la noche, ese territorio que en otras épocas había sido para él el lugar del mayor de los disfrutes, se había vuelto no sabía de qué forma ni desde cuándo un espacio de sensaciones desapacibles. Ya ni siquiera la ventana abierta a las luces de la ciudad desde el piso catorce le alcanzaba para sostener con dignidad una vigilia poblada únicamente por el silencio de los objetos que lo rodeaban. Ninguna sangre, ninguna piel, ningún grito cercano. Sólo objetos, apenas, meros. No estoy muerto, no, yo sé que no estoy muerto pensaba mientras recorría el comedor desde el escritorio hasta la ventana.&lt;br /&gt;En plena madrugada, cuando en el vaso no quedaban ni restos de hielo derretido, cuando el efecto del whisky era una nube que le acariciaba la nuca, sentado en el sillón, de frente a la biblioteca, lloró como pocas veces en sus cuarenta y cinco años de vida.Después apareció el dolor de cabeza. Fue hasta el botiquín del baño, tomó un analgésico, uno de los más fuertes que tenía, y se tiró en la cama sin sacarse la ropa. El dolor irá declinando al ritmo del avance del sueño, pensó y se abandonó a la espera. Momentos antes de las primeras luces del día logró quedarse profundamente dormido.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-6681170399977820998?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/6681170399977820998/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=6681170399977820998' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6681170399977820998'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6681170399977820998'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/02/circuitos-novela-indita-captulo-xvii.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XVII'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-1861708216926160590</id><published>2008-02-11T14:01:00.000-02:00</published><updated>2008-02-11T14:03:35.242-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XVI</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;A Mario volvió a verlo recién en la fecha de examenes de septiembre, después de no haber contestado ni uno solo de los –a esa altura– cientos de mensajes que le había dejado en el contestador. Se le acercó en el bar, cuando tomaba el último trago de café antes de cruzar hacia la facultad. Lo saludó con indiferencia y a su tenemos que hablar respondió con un yo con vos no tengo nada de qué hablar.&lt;br /&gt;– Todavía no te anotaste en el concurso.&lt;br /&gt;– ¿Qué concurso?&lt;br /&gt;– No te hagas el boludo.&lt;br /&gt;– Más respeto, che, que todavía soy el que manda.&lt;br /&gt;– ¿No pensás presentarte?&lt;br /&gt;– Mario, no me rompás las bolas. Querías un concurso, lo tenés. Que te aproveche, pero no me rompás los huevos, ¿o encima querés que te haga de partenaire? Ni lo sueñes. Y ahora vamos, no quiero llegar tarde a mi última mesa de examen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se pasó la mañana viendo desfilar uno tras otro a más de treinta alumnos con cara de vaca en el matadero. No tenía ganas de preguntar nada, así que dejó la evaluación en manos de Mario y de los ayudantes. Se entretuvo mirando y comparando el tamaño de las tetas de las alumnas. Llegó a la conclusión de que a pesar de haber trabajado durante tantos años se había perdido lo mejor de la profesión.&lt;br /&gt;Después de firmar la última libreta, se fue sin despedirse. No quería recibir ningún tipo de comentario acerca de su situación, de la que seguro los ayudantes estaban enterados. Subió al tercer piso y recorrió la cartelera en la que se publicaban los concursos hasta encontrar el llamado correspondiente a su materia. La fecha límite para la inscripción era la del día siguiente. El concurso, en un mes y medio. Bajó por el ascensor para evitar un encuentro fortuito con Marisa en la escalera. Era probable que tuviera que rendir alguna materia y estuviera en la facultad en ese momento. Cuando salió a la calle eran las dos menos cuarto de la tarde. Pensó en Teresa, los chicos en el colegio, la posibilidad de una siesta no dormida en su compañía. Buscó un teléfono público. Vos desaparecés y aparecés cuando se te canta, eh, fue lo primero que dijo ella después de saludarlo. Sí, estuve muy complicado, dijo él antes de preguntarle si estaba sola y si no tenía ganas de que fuera para su casa. Una hora después estaba tocando el timbre de la que fuera la casa de quien fuera su amigo Alberto. Llevaba un pote de helado de limón y chocolate con almendras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué te pasa conmigo?, le había preguntado ella mientras comían helado del pote, desnudos, sentados en la cama, después de haber fatigado sus cuerpos en una cópula más que intensa . Lo único que te puedo decir es que me hacés sentir bien, había respondido tratando de ser amable y sin que se notara que tenía mucho miedo de haber cometido un error al volver con ella. Mejor hubiera buscado una puta, pensó al mismo tiempo que levantaba una almendra chorreante de chocolate y sentía que estaba cada vez más metido en una situación de la que no le resultaría nada fácil salir sin provocar algún daño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el viaje de vuelta hacia su casa, mientras fumaba el último cigarrillo del paquete, viendo pasar la ciudad a través de la ventana del taxi, reconfirmó su decisión de no presentarse al concurso. Tenía que empezar a pensar qué iba a hacer de su vida a partir de marzo del año siguiente, cuando ya no tuviera trabajo. No podía evitar sentir una piedra en el estómago. El temblor que sacudía su mundo tranquilo era cada vez más fuerte.&lt;br /&gt;Cerca de la medianoche, mientras trataba de concentrarse en la lectura a pesar de los whiskys que había tomado, volvió a ver la cara de Teresa pegada a la suya diciéndole vos también me hacés sentir bien. Se sintió incómodo y culpable. Imaginó que tenía el coraje suficiente para ir a verla al día siguiente, para decirle mirá Teresa, yo estoy en un momento de mucha confusión y no quiero involucrarme en ninguna historia con vos, no quiero lastimarte, lo del otro día fue nada más que un impulso. Sabía que no estaba en su campo de posibilidades animarse a semejante cosa. Lo único que podía hacer era volver a alejarse, volver a dejar pasar el tiempo, volver a esperar que ella se cansara de llamar. Después tendría que tener la lucidez y la fuerza necesarias para no volver a buscarla.&lt;br /&gt;Puso algo de música y se sirvió otro whisky. Después de mirar cuánto quedaba en la botella sintió que por esa noche tenía todo lo que necesitaba.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-1861708216926160590?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/1861708216926160590/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=1861708216926160590' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/1861708216926160590'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/1861708216926160590'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/02/circuitos-novela-indita-captulo-xvi.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XVI'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-7992748368866777461</id><published>2008-02-08T12:09:00.000-02:00</published><updated>2008-02-08T12:11:20.643-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XV</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El despacho del decano estaba en el tercer piso. Daba a la calle. Un ventanal de casi todo el ancho de la pared le permitía recibir gran cantidad de luz, así como también una serie de ruidos indeseables.&lt;br /&gt;Al decano lo conocía desde hacía muchos años. Tenían una relación afectiva, aunque se veían apenas un par de veces al año. Su rostro evidenciaba cierta incomodidad.&lt;br /&gt;– Te llamé personalmente porque no quería poner en tema a la secretaria. Sabés bien que desde hace un tiempo hay una movida para que la mayoría de los cargos sean concursados. Yo sé que a los profesores como vos, que vienen de años de trabajo, les sobra capacidad y no necesitan demostrar nada, pero hay mucha presión. Voy a tener que elevar el llamado a concurso de tu cátedra.&lt;br /&gt;– Está bien. Hacelo. No hay problema.&lt;br /&gt;– Me extraña que lo tomes de tan buen grado.&lt;br /&gt;– No, de buen grado no. Me da por las pelotas, pero bueno, no te voy a pedir que te comprometas frenando algo que de cualquier manera resultaría incontenible, según decís.&lt;br /&gt;– Sí, se insiste bastante con eso en cada reunión de rectorado. Lo peor en este caso es que la presión viene desde adentro.&lt;br /&gt;– ¿Cómo desde adentro?&lt;br /&gt;– Hubo un pedido formal de tu jefe de trabajos prácticos, Mario Tejero. Hizo toda una argumentación acerca de la falta de proyecto de investigación, de publicaciones, de participación en congresos. Si se abre el concurso, lo que doy por sentado, piensa presentarse a titular.&lt;br /&gt;– ¿Mario?&lt;br /&gt;– Sí, Mario.&lt;br /&gt;Cría cuervos, fue lo último que le oyó decir al decano cuando se despedían, pero él ya estaba dedicado a repasar cada una de las palabras de Mario durante la conversación que habían tenido en el bar. Lo del concurso no es joda, lo podés llegar a perder, había dicho. Qué lo parió. No le pienso dar el gusto, se va a morder la cola y va a morir por su propio veneno; no pienso presentarme, va a concursar contra él solo; pedazo de boludo, pensó. Después se puso a imaginar qué sería de su vida sin su trabajo en la facultad. Quizás sea la oportunidad para abandonar estos antros con olor a humedad infectados de ratas de biblioteca, había dicho en aquella misma conversación. Una buena oportunidad para... ¿para qué carajo podía ser una buena oportunidad el hecho de quedarse sin trabajo a los cuarenta y cinco años?, pensó mientras bajaba la escalera, bastante descomprimida a esa hora todavía temprana de la tarde. Caminó hasta la esquina y se dio vuelta. Miró el edificio de la facultad, los bares y las fotocopiadoras de la cuadra. La sensación era la de estar mirando los restos de un mundo perdido depositados en la vitrina de un museo. Empezaba a sentirse ajeno. Antes de tomar el taxi caminó unas cuadras fumando un cigarrillo. Su mundo tranquilo y ordenado tambaleaba. Se preguntaba en qué momento preciso había empezado el temblor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero escribió el sobre. Roberto Bellomo. Via Roma 4. Menaggio. 22011. Como. Italia. No puso remitente. Lo dejó a un costado y tomo el block de hojas lisas, un tanto amarillentas en los bordes. Se concentró durante un momento y escribió de un tirón: Roberto, me alegró recibir noticias tuyas. Mucho más saber que las cosas te van bien. Cuando leí la carta me resultó graciosa tu propuesta de que fuera a visitarte, mucho más tu hipótesis acerca de la posibilidad de tomar un año sabático. Eso acá es imposible. Bueno. No del todo. Estuve pensando y haciendo algunas gestiones y es probable que pueda contar con un tiempo libre más o menos largo. Mi jefe de trabajos prácticos está dispuesto a hacerse cargo de todo mi trabajo. El único problema es el dinero, pero bueno, no se puede resolver todo al mismo tiempo. Voy a volver a escribirte cuando esta posibilidad sea más o menos cierta y vea de qué manera podría financiar mi viaje y mi estadía. No sé qué interés puede despertar la literatura rusa en Italia, pero bueno, si no resulta puedo hablar de poesía argentina, de tango, o de lo que sea. Como verás, ando con ganas de cambiar de aire. Bueno Roberto, vuelvo a escribirte en cuanto tenga novedades. Y puso su firma al pie. Sin releer dobló el papel en tres y lo metió en el sobre. Lamió con la punta de la lengua el borde adhesivo y lo pegó pasando varias veces el pulgar por encima. Se puso de pie, tanteó el bolsillo de atrás del pantalón para asegurarse que tenía la billetera y salió hacia el correo.&lt;br /&gt;Al salir del edificio se cruzó con Mirta, que venía cargada con bolsas de supermercado.&lt;br /&gt;– Anoche te toqué el timbre.&lt;br /&gt;– Ah, no, no estuve, fue el cumpleaños de Lidia.&lt;br /&gt;– Lástima. Hubiéramos festejado los tres. Era también el mío.&lt;br /&gt;– ¡No! Qué casualidad. ¿Y qué hiciste?&lt;br /&gt;– Me cierra el correo, disculpame. Después hablamos.&lt;br /&gt;Cuando regresó pensó en tocar el 14C y tomar unos mates con Mirta. Recordó la sensación de la noche anterior. Siguió de largo hacia su puerta. Podía oír el teléfono sonando. Había salido sin encender el contestador. Dejó de sonar antes de que hubiera entrado. Supuso un nuevo intento por parte de quien fuera que estuviera llamando. Imaginó posibilidades:&lt;br /&gt;a) Mario. Lo llamaba para confesarle que era un hijo de puta, que le estaba moviendo el piso. Le pedía perdón hasta las lágrimas y él, inmutable. Lo hecho, hecho está.&lt;br /&gt;b) Marisa. Lo llamaba porque le habían dicho en su casa que había llamado alguien preguntando por ella sin darse a conocer y supuso que se trataba de él y él, inmutable. No, no era yo pero ya que llamaste, hablemos.&lt;br /&gt;c) Teresa. Lo llamaba para informarle que Alberto y Marcela habían sufrido un accidente en Brasil. Los dos muertos. Una desgracia y él, inmutable. Desgracia para los que tuvieron que juntarlos.Cuando el teléfono volvió a sonar se quedó escuchándolo hasta que quien fuera que estuviera llamando dejó de insistir.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-7992748368866777461?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/7992748368866777461/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=7992748368866777461' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7992748368866777461'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7992748368866777461'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/02/circuitos-novela-indita-captulo-xv.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XV'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-6514230962040108031</id><published>2008-02-06T12:17:00.000-02:00</published><updated>2008-02-06T12:18:23.210-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XIV</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El día en que cumplía cuarenta y cinco años, estando aún en la cama momentos después de haber abierto los ojos, había decidido empezar a hacer algún tipo de actividad física.&lt;br /&gt;Barajó varias posibilidades. La que menos lo atraía era la de sumarse al grupo de profesores que se juntaba los viernes a jugar al fútbol. Para hacerlo, en primer lugar, tenía que llamar por teléfono a alguno de los que sabía integraban el grupo, después, estar dispuesto a pasar vergüenza durante el juego, por lo menos las primeras veces, debido a su falta de estado físico y de talento para manejar con los pies esa esfera llena de aire y revestida de gajos de cuero de todos los colores. El fútbol nunca le había interesado, ni siquiera durante la infancia y la adolescencia.&lt;br /&gt;La segunda posibilidad era la natación. No era difícil encontrar una pileta donde poder hacer unos cuantos largos un par de veces por semana. Había aprendido a nadar en la escuela secundaria. En realidad, manejaba solo una versión deslucida de estilo pecho, pero eso le alcanzaba para pensar en la posibilidad de ir y venir con cierta decencia a lo largo del carril demarcado por la soga con flotadores. Sin embargo, los requisitos institucionales que implicaba ir a una pileta lo desanimaban. No quería saber nada de pagar una cuota, exhibir un carnet a la entrada ni tener que pasar por una revisación médica, por más superficial e ineficaz que fuera.&lt;br /&gt;La tercera posibilidad, la de ir a correr, fue la que más lo atrajo. Podía salir en el momento que quisiera, apenas necesitaba comprarse un buen par de zapatillas y, sobre todo, no tenía que interactuar con nadie.&lt;br /&gt;Cuando se levantó de la cama fue directamente al cajón del placard en el que guardaba las remeras y los pantalones cortos. Una tras otra, todas las remeras que se probó pusieron en evidencia los cambios que se habían producido en su cuerpo en los últimos años, sobre todo de la mitad del pecho para abajo. Tengo que bajar esta panza, pensó al mismo tiempo que se decidía por una remera gris con una inscripción en inglés. Leyó la inscripción: just do it. Just tell me how, dijo frente a su propia cara en el espejo. Se miró con esa remera ajustada a la barriga, en calzoncillos, despeinado y con lagañas en los ojos. Feliz cumpleaños, le dijo a esa imagen un tanto patética de sí mismo. Después se puso de perfil al espejo y trató de meter la panza para adentro subiendo el diafragma hasta donde pudo. No hay caso, esto no se resuelve aspirando. Eligió un pantalón corto, un par de medias blancas algo amarillentas y abrió una de las puertas interiores del placard, un cubículo en el que amontonaba zapatos y zapatillas viejos. El par que eligió era el más apto para la actividad que planeaba, aunque tuviera un agujero indisimulable en la punta, del lado derecho. A la tarde saldría de compras y se regalaría uno de esos modelos hipersofisticados que aparecían en las publicidades de las revistas, con aire comprimido en la suela y detalles similares. Cuando todavía no había abandonado el dormitorio y terminaba de atarse los cordones, sonó el teléfono. Podía adivinar la voz de su madre deseándole un felíz cumpleaños, enviándole igual deseo de parte de su padre e invitándolo a cenar con ellos. Atendió.&lt;br /&gt;– No, no puedo mamá, ya arreglé con un grupo de gente.&lt;br /&gt;– ...&lt;br /&gt;– Lo dejamos para el domingo. Un saludo al viejo. Gracias por llamar.&lt;br /&gt;Lo del arreglo con un grupo de gente no era cierto. No sabía qué iba a hacer, pero de lo que estaba seguro era de que no quería pasar la noche de su cumpleaños con sus padres.&lt;br /&gt;Pensando en la inminente corrida decidió no desayunar su habitual café con leche con tostadas. Buscó en la bandeja de la verdura. Estaba seguro de que quedaban algunas naranjas y pomelos. Quedaban. Exprimió un pomelo y dos naranjas. Cuando terminó de tomar el jugo, si bien la sensación que le bajaba por el medio del pecho era muy refrescante, tuvo que reprimir con fuerza las ganas de encender el primer cigarrillo.&lt;br /&gt;Antes de salir, se aseguró de que el contestador estuviera encendido. Suponía que podía recibir algún saludo mientras estuviera ausente y no quería perdérselo. Cuando salió a la calle, aspiró y soltó una profunda bocanada de aire, y a paso ligero se encaminó hacia el parque.&lt;br /&gt;Cuando llegó al borde del lago alrededor del cual pensaba correr, lo asaltó una vocación racionalista y sintió que tenía que saber cuál era la distancia exacta del perímetro, para después poder calcular, en función del tiempo que le demandara cada giro, cuál había sido su velocidad, y así tener en cuenta el dato para evaluar una eventual superación a lo largo de futuras incursiones. Dos kilómetros, le dijo un corredor exhausto al que se acercó a preguntar. Dos kilómetros, que lo parió, pensó mientras evaluaba la posibilidad de combinar el trote con un paso cancino. Veremos, pensó, y salió corriendo a una velocidad similar a la de una caminata ágil.&lt;br /&gt;A los cinco minutos se sintió asfixiado, empapado de sudor y con la boca seca. Pasó del trote a la experiencia de quietud que proporcionaba la sombra de uno de los árboles cercanos al lago, evitando la etapa de la vuelta completa y la del paso cancino. Regresó a pie hasta su casa.&lt;br /&gt;No tenía mensajes en el contestador. Algo desilusionado por esto y por su fracaso deportivo, permaneció largo tiempo debajo de la ducha dejando que el agua y el tiempo le siguieran pasando por encima.&lt;br /&gt;Cuando salió del baño se sentó en el sillón del escritorio a fumar un cigarrillo con la mirada puesta en el pedazo de ciudad que la ventana del comedor abarcaba.  Pensó en quiénes podrían llegar a llamar para saludarlo. Hasta el año pasado un número puesto era Marcela, con quién seguramente hubiera pasado la noche. El otro saludo infaltable hubiera sido el de Alberto. Hijos de puta, pensó. Quizás Teresa lo recordara. De la cátedra, el único que podía llegar a tener en cuenta la fecha era Mario, el jefe de trabajos prácticos. Ninguno de sus vínculos nuevos, Mirta y Marisa, tenían la menor idea de cuándo cumplía años, así que no esperaba el más mínimo gesto de su parte. Pensó cómo sería recibir el saludo de un hijo y se quedó mirando alguna de las cosas que lo rodeaban: un fichero repleto de palabras ajenas, un par de carpetas con poemas inéditos, un departamento lleno de luz y de silencio. Se quedó ahí, sentado en el sillón del escritorio, pensando en el hijo que no tenía, durante el resto de la mañana.&lt;br /&gt;Cerca del mediodía sonó el teléfono. Atendió. Era el decano. Había olvidado responder su llamado. Quería tener una reunión lo antes posible. Se comprometió a pasar por su despacho al día siguiente, a primera hora de la tarde.&lt;br /&gt;Las posibilidades para esa noche eran tres, dos de carácter sexual y una de índole puramente amistosa. Las opciones eran invitar a Marisa, a Teresa o a Mirta a comer. Mirta representaba algo así como un paracaídas de repuesto, útil para evitar que se precipitara en el vacío si algo no salía del todo bien. A Teresa no la veía desde aquella noche en la que se había escapado de su casa. No había respondido a ninguno de los mensajes que ella le había dejado. Con Marisa, después del último encuentro, había ido a tomar un café a la vuelta de la casa de ella, frente a la plazoleta en la que la había encontrado aquel domingo a la tarde. Habían hablado mesa de por medio, sin tocarse, mirando alternativamente cada uno a un costado y al otro. Siento que me usaste, que te sacaste las ganas y punto, había dicho ella. No es así, ya te expliqué, no es el mejor momento de mi vida, dijo él. Y así, entre reclamos y excusas más o menos sólidas, se les había pasado la tarde, hasta que en un momento ella se levantó diciendo me tengo que ir, cuando estés en un momento mejor llamame, y él se quedó ahí, igual que aquel domingo pero esta vez desde el bar, mirando los bancos vacíos de la plaza mientras se hacía la noche.&lt;br /&gt;Llamó a Teresa. Atendió uno de los hijos. Le dijo que su mamá no estaba, que había salido a hacer trámites. Se despidió diciendo que volvería a llamar más tarde y colgó. Llamó a Marisa. Atendió una mujer con voz gastada. No, Marisa no está. Vuelve tarde. Dijo disculpe, gracias y colgó. No iba a hablar con Mirta hasta que no lograra hablar con Teresa. Estaba ansioso. Postergada la compra del par de zapatillas se sintió con licencia para salir a comprar libros, lo que más le gustaba hacer con plata en el bolsillo. Antes de salir, volvió a confirmar que el contestador estuviera encendido.&lt;br /&gt;Las librerías están cada vez más sofisticadas, pensó cuando al llegar a la entrada los vidrios de la puerta se abrieron para él a la manera de Sésamo, uno para cada lado. Además, los libros estaban un poco más pesados. Las contratapas cargaban con una especie de dispositivo electrónico antirrobos. Innecesario, pensó, el noventa por ciento de lo que hay en todo este local no merece ni el honor de ser objeto de robo. Fue hacia el fondo del salón sabedor de que la poesía suele estar cerca de los baños. En una mesa de la mitad del tamaño de la de los best sellers que había cerca de la entrada se encontró varios de sus autores preferidos. La colección Austral había sacado una antología de Gelman. Aunque la compra estaba decidida, buscó en el índice algún poema para leer ahí mismo. La página doscientos ocho decía que la esperanza fracasa muchas veces, el dolor jamás, por eso algunos creen que más vale dolor conocido que dolor por conocer, creen que la esperanza es ilusión, son los ilusos del dolor. Trató de guardar esas palabras en la memoria. No quiso seguir mirando. No necesitaba una sola palabra más. Fue hasta la caja, pagó el libro y volvió rápidamente a su departamento. Aunque vio que tenía un mensaje en el contestador fue con el libro hasta la ventana. Rompió el envoltorio, buscó la página doscientos ocho y leyó en voz alta: la esperanza fracasa muchas veces, el dolor jamás, por eso algunos creen que más vale dolor conocido que dolor por conocer, creen que la esperanza es ilusión, son los ilusos del dolor. Se preguntó si él era uno de esos ilusos. No pudo responderse. Dejó el libro encima del escritorio. Escuchó el mensaje.&lt;br /&gt;– Soy yo, Teresa. Si no me equivoco hoy es tu cumpleaños, ¿no? Te mando un beso grande. Si querés llamame. Voy a estar en casa. Creo que tenemos que hablar, no digo hoy, por ahí estás en otra cosa, pero creo que tenemos que hablar. Otro beso. Chau.Se acordó. Pero quiere hablar. Busca una definición. Tiene razón, hoy estoy en otra cosa. Y bue, dijo, y salió al pasillo. Tocó el timbre del 14C. Nadie respondió. Volvió a tocar. Parece que el 14C se empeña en estar vacío, pensó. Volvió a tocar pero ya no con la expectativa de que le abrieran la puerta. Volvió a tocar para él, para poner aunque más no fuera algo de toda la bronca y la angustia que empezaba a sentir en ese timbrazo largo y ronco, en ese sonido que se desperdigaba por todo el departamento vacío.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-6514230962040108031?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/6514230962040108031/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=6514230962040108031' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6514230962040108031'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6514230962040108031'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/02/circuitos-novela-indita-captulo-xiv.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XIV'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-6602013360450768125</id><published>2008-02-04T11:17:00.000-02:00</published><updated>2008-02-04T11:45:44.727-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XIII</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Estaba juntando los apuntes de clase que había desparramado sobre el escritorio cuando la vio avanzar hacia él en sentido contrario al de la gente que abandonaba el aula. Marisa, dijo mirándola a los ojos oscuros.&lt;br /&gt;– ¿Qué te pasa?&lt;br /&gt;– ¿A mí?&lt;br /&gt;– Sí, a vos, qué pasa que no me llamás, ¿tan rápido se te fueron las ganas?&lt;br /&gt;– No, lo que pasa es que estoy muy enquilombado.&lt;br /&gt;– Enquilombado. Ajá. Imposibilitado absolutamente de levantar el teléfono, marcar mi número y hablarme durante dos minutos. Enquilombado.&lt;br /&gt;– No te enojes. Es verdad. Vamos a tomar un café y te cuento, ¿sí?&lt;br /&gt;Trató de que su relato de la historia de Alberto, Marcela, la guita y la escapada pareciera lo suficientemente complicado como para justificar su confusión, su necesidad de pensar y elaborar la situación, de reordenar su vida. Evitó, por supuesto, cualquier referencia a Teresa.&lt;br /&gt;– Si no te llamé hasta ahora fue por eso, porque necesitaba sentarme a pensar y a elaborar la situación, a reordenar mi vida. No quise involucrarte en semejante despelote.&lt;br /&gt;Su explicación resultó efectiva. Vio cómo la mirada inquisidora de Marisa se iba transformando primero en una mirada comprensiva y después, a lo largo de la charla en la que primero la tomó de la mano y después le acarició el pelo y la besó, en una mirada encendida que reclamaba otro tipo de acercamiento.&lt;br /&gt;Cuando se desnudaron, ya en su departamento, le pidió que se dejara las sandalias puestas. Ella aceptó. Eso y un pañuelo en el cuello eran para él los elementos que mejor satisfacían su fetichismo. En pleno desenfreno, de pronto se le hicieron presentes algunas escenas ingratas del pasado, varios momentos de su relación con Laura, la encamada fallida con la pelirroja, en fin, una sensación de inseguridad a la que se había desacostumbrado.&lt;br /&gt;– No te voy a decir que es la primera vez que me pasa.&lt;br /&gt;– Está bien, no importa.&lt;br /&gt;No podía soportar seguir en la cama en esa situación. Se levantó a fumar un cigarrillo al comedor. Enseguida ella lo alcanzó, ya vestida y lista para irse. No hace falta que bajes, le dijo. Hablamos, dijo él. Ella no dijo nada más y salió. Por la ventana pudo ver que los coches seguían pasando por la calle uno detrás del otro como si nada. La oscuridad del cielo era como la de todas las noches. Pero esa noche él no quería ser el de siempre. No quería irse a dormir saturado de alcohol y de tabaco. Se vistió y bajó a la calle. Hacía mucho que no salía a caminar a esa hora. Estaba acostumbrado a ver las luces desde arriba. Ahora veía los focos extenderse hacia el fondo de la calle por encima suyo y las luces de los coches le daban en la cara. Casi todos los negocios estaban cerrados, salvo los bares y los kioscos. Compró un paquete de cigarrillos. Al pasar por la puerta de una bailanta, vio un grupo de muchachos que tomaban cerveza del pico sentados en la vereda. ¿Tenés cincuenta centavos, fiera? le dijo uno del grupo. No contestó. Siguió caminando. Llegó a una plaza y se detuvo a observar a una pareja que se besaba en uno de los bancos. El movimiento de la mano del hombre por debajo de la pollera provocaba en la mujer espasmos de placer mal disimulados. Retomó sus pasos cuando se dio cuenta de que su presencia indiscreta había sido advertida por los besantes.&lt;br /&gt;Ya de vuelta, al bajar del ascensor, y para demorar todavía más el regreso, tocó el timbre del 14C. Tardó en escuchar el ruido de la cerradura abriéndose. ¿Dormías?, preguntó ante los ojos achinados de Mirta, que intentaba despertarse.&lt;br /&gt;– No te entiendo. Decís que de repente te das cuenta de que no querés estar solo pero no movés un pelo para dejar de estarlo.&lt;br /&gt;– Bueno, te toqué el timbre a las tres y media de la mañana.&lt;br /&gt;– No jodas. Te estoy hablando en serio.&lt;br /&gt;– Es que a la vez no quiero. No quiero complicaciones.&lt;br /&gt;– Paso a informarte: la vida, de principio a fin, es una complicación.&lt;br /&gt;– No me jodas vos ahora. Tres de azúcar.&lt;br /&gt;Después del café, de la charla, y cuando la noche ya no era, volvió a su departamento. No pensaba acostarse. No tenía sueño. Sí una necesidad imperiosa de ponerse a escribir. Pensó que lo mejor sería darse una ducha antes de empezar. Lo hizo. Debajo del agua, como solía ocurrirle, vinieron a su mente una serie de imágenes hechas de una mezcla de realidad y fantasía, pero no quiso masturbarse. Dejó que el agua y el tiempo le pasaran por encima. Antes de abandonar el baño se lavó los dientes poniendo abundante pasta sobre el cepillo. Estaba listo.&lt;br /&gt;Cada una de las palabras que fueron surgiendo terminaron por componer sobre el papel varias escenas contemplativas, especie de instantáneas, de detenimientos de una misma mirada sobre distintas cosas que le pasaban por delante. El lenguaje era neutro, impersonal, un lenguaje sin sujeto. Después de dos horas y media de escritura, borramientos, tachaduras, reescritura y pasadas en limpio tuvo frente a sí dos de esas escenas. No se le ocurría ningún título. Puso un uno y un dos en la parte superior de cada hoja y las guardó en una carpeta nueva, no la misma en la que venía acumulando sus textos anteriores. Sentía que en su manera de escribir se había producido un corte, un distanciamiento definitivo respecto de todo anteror.&lt;br /&gt;Durante el resto del día se sintió satisfecho. Como si esos dos poemas terminados le permitieran respirar con más calma, con la sensación de que lo más importante que tenía por hacer ya lo había hecho. Así como estaba, vestido de entrecasa, tomó la billetera y salió. De un universo cerrado a otro, pensó camino al cine.&lt;br /&gt;La sensación de pasaje fue acentuada por el cambio de luz. De la plena luminosidad de un mediodía de septiembre a la oscuridad de la sala. Después, la vida de ese hombre solo en una casa perdida en el campo en algún lugar de Europa. Un universo cerrado, sin amor. Un universo de locura y de muerte.&lt;br /&gt;Cuando regresó al calor de la calle y a los bocinazos el estómago le reclamaba algún tipo de alimento. Entró en una hamburguesería repleta de adolescentes. Pidió uno de los menúes prefijados. Todo parecía suceder a una velocidad distinta de la suya. Buscó una mesa cerca de la ventana pero estaban todas ocupadas. Tuvo que conformarse con un lugar en una barra de sillas altas. Hacía mucho que no comía una hamburguesa. El sabor lo remontó a momentos vividos varios años atrás. Laura, su segunda mujer, era adicta a ese tipo de lugares. Igual que a los shoppings. Cada vez que recordaba esa clase de cosas se preguntaba por qué: por qué había estado tanto tiempo al lado de una mujer así. En cuanto terminó de comer, un empleado se ocupó rápidamente de retirar la bandeja con los restos de envoltorios y el vaso vacío. Sentía que lo único que le quedaba por hacer era irse.&lt;br /&gt;Al volver al departamento encontró tres mensajes en el contestador. El primero de Marisa, pidiéndole que la llamara en cuanto pudiera. El segundo del decano, pidiéndole que lo llamara en cuanto pudiera. El tercero de Teresa, pidiéndole que la llamara en cuanto pudiera. No pensaba responder ninguno de los tres llamados de forma inmediata.La hamburguesa le había caído pesada. Preparó un té con limón y se tiró en el sillón del comedor. Buscó entre los discos y se decidió por uno de Miles Davis con John Coltrane. Así, tirado en el sillón del comedor después de una noche de insomnio y un almuerzo pesado, con el jarro de té entre las manos, viendo cómo a pesar de la persiana baja la luz de la tarde lograba filtrarse hacia el interior, se dejó llevar de las orejas por esa música. Recordó al mismo tiempo una frase de Juarróz: aquello que se ama nos sostiene. Y se sintió en el aire, apenas agarrado a la vida por un par de cosas que no amaba pero que le servían, como esa música. Cada vez menos, pero todavía le servían.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-6602013360450768125?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/6602013360450768125/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=6602013360450768125' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6602013360450768125'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6602013360450768125'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/02/circuitos-novela-indita-captulo-xiii.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XIII'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-7068663024508516116</id><published>2008-01-28T12:04:00.000-02:00</published><updated>2008-01-28T12:06:18.490-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XII</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Se despertó con dolor de cabeza. Lo primero que hizo al levantarse fue tomar un analgésico. No soportaba el dolor en ninguna de sus formas. Necesitaba eliminarlo rápidamente. Se sentó en el sillón del escritorio a esperar el efecto del fármaco. Empezaba a sentir náuseas. Cerró los ojos. La luz que entraba por la ventana del comedor era muy intensa. Aún con los ojos cerrados, la sensación de luminosidad era muy fuerte. Se tiró hacia atrás en el sillón y repasó mentalmente sus últimas comidas tratando de detectar la causa de la descompostura. Llegó a la conclusión de que las costillas de cerdo con papas fritas de dos días atrás, sumada a la tortilla a la española de la noche anterior, eran razones más que suficientes para que su vesícula se estuviera manifestando de semejante forma. Sería uno de esos días de mucho té con limón, mucho arroz blanco y galletitas de agua, nada de alcohol, poco cigarrillo y tal vez hasta una caminata bajo el sol de la tarde primaveral que se anunciaba.&lt;br /&gt;El dolor fue pasando. Poco a poco la realidad se hacía soportable otra vez. Abrió los ojos y se encontró con un sol alto y potente que se desparramaba por el piso desde el borde de la ventana hasta la mitad del comedor, volcando una parte considerable de su luz sobre las macetas. Tenía que regarlas. Cada vez que tomaba conciencia de eso se asombraba de la resistencia de esos organismos, que a pesar de su desatención eran capaces de sostener su ritmo vital, de llenarse de hojas verdes y, según correspondiera, de flores de distintos colores. Sin embargo, no tenía ánimo para las plantas en ese momento, tal vez más tarde. Pensó que una ducha sería un buen complemento para el analgésico. Fue hasta el dormitorio y se desnudó. Puso el calzoncillo y la camiseta sucios en la bolsa de ropa para llevar al lavadero. La bolsa estaba llena. Otra tarea pendiente para más tarde. Abrió el segundo cajón del placard y tomó el último calzoncillo limpio. Eso indicaba que no tenía opción, tenía que llevar sí o sí la ropa a lavar.&lt;br /&gt;Abrió la ducha y dejó que el agua corriera mientras decidía frente al espejo si se afeitaba o no. No, mañana, se dijo. Metió una mano por entre la cortina del baño para comprobar la temperatura del agua. Hervía. Tenía que bajar la intensidad del calefón, la temperatura ambiente ya no era la del invierno, no necesitaba que el agua estuviera tan caliente. Fue hasta la cocina y bajó dos puntos el nivel de la llama.&lt;br /&gt;No se había equivocado al pensar que la ducha completaría la terapia contra el dolor. Cuando volvió al comedor, con ropa limpia y la sensación de mente despejada, no percibía la más mínima molestia. Ahora tenía que organizar sus tareas para el resto del día. Si bien tenía que preparar su próxima clase, ese estado de frescura era el que prefería para ponerse a escribir. Pero primero necesitaba tomar algo. Fue a la cocina y preparó un té con limón. En un plato chico puso tres galletitas de agua y encima de cada una un pedazo de queso. Con el jarro de té y el plato de las galletitas fue directamente al escritorio. Abrió el cuaderno y así, frente a la página vacía, desayunó lentamente, fijando la vista alternativamente en la hoja y en la ventana del comedor, sobre la que la luz del sol comenzaba su retirada.&lt;br /&gt;Pasó toda la mañana frente a la misma hoja en blanco. Ni una palabra. Ni una sola puta jodida palabra. Cerró el cuaderno pensando que tal vez al otro día tuviera mejor suerte, como si fuera un pescador regresando del muelle después de una mala jornada de pesca. Sonó el teléfono. No tenía ganas de hablar con nadie. Era Marisa. Quedaste en llamarme, dijo, me gustaría que nos veamos, llamame si podés, dijo también, un beso, dijo antes de cortar. Su sentimiento hacia Marisa después de aquella noche era una mezcla de agrado y desagrado, una combinación poco felíz hecha del placer de haberla conquistado y de la tristeza inevitable que producen los sueños cuando se cumplen. No era a Marisa lo que él estaba buscando al buscarla, de eso estaba seguro. Era otra cosa, se estaba buscando a sí mismo siendo capaz de levantarse una alumna, algo que no había hecho en toda su carrera de profesor y de lo que la mayoría de sus colegas se jactaban abiertamente. Lo mismo con Teresa. Marisa y Teresa eran ahora dos mujeres detrás de la alumna y de la mujer del amigo, dos mujeres que esperaban algo de él como hombre, no como profesor, no como amigo del marido. Marisa y Teresa eran dos problemas reales y él frente a los problemas lo único que había podido hacer durante toda su vida había sido escapar. No se sentía capaz, en ese momento, de una actitud distinta. No podía llamarlas y declararles un amor que no sentía, ni siquiera podía elegir entre una y otra. No podía hacer nada más que dejar que pasara el tiempo y esperar. Esperar a que se cansaran de llamar.&lt;br /&gt;Después de almorzar se dedicó a regar las plantas y, explotando al máximo su capacidad de dedicación, a sacarles las hojas medio muertas. Más tarde cumplió con su proyecto de caminata. De paso aprovechó para dejar la bolsa de ropa sucia en el lavadero. A paso lento pero sostenido se fue alejando lentamente de su barrio. Después de un cierto número de diagonales y de esquinas dobladas en una y otra dirección, no sabía con exactitud dónde estaba. Decidió seguir caminando hasta dar con alguna avenida. Al cabo de un cierto tiempo, la tibieza del sol primaveral se había convertido en calor sofocante. Necesitaba tomar algo fresco. Paró en un kiosco a comprar un agua mineral. Cuando extendió el billete para pagar, la cara del kiosquero le resultó conocida, un rostro familiar aunque trabajado por el paso del tiempo. Era un ex-compañero de facultad, de la época en que estaba terminando la carrera. Habían sido bastante compinches, hasta que en un determinado momento dejaron de verse. Se reconocieron mutuamente y se saludaron con un apretón de manos por sobre el mostrador repleto de golosinas.&lt;br /&gt;– ¿Qué hacés por acá?&lt;br /&gt;– Andaba caminando. Y vos ¿qué hacés acá?&lt;br /&gt;– Y, qué va a ser, no queda otra. No pude terminar la carrera. Murió mi viejo y me hice cargo del kiosco. Primero para terminar de pagar deudas y después, bueno, me fui quedando.&lt;br /&gt;– ¿Y con tu novia te casaste?&lt;br /&gt;– No, qué me voy a casar, esa no era mina para un kiosquero. ¿Sabés que de vos siempre supe?&lt;br /&gt;– ¿Ah, sí, por qué?&lt;br /&gt;– Por Marcela, vivía acá en la otra cuadra y siempre pasaba a comprar fasos. Siempre me cayó bien esa mina. Cada tanto le preguntaba por vos. Me decía que de vez en cuando se veían.&lt;br /&gt;– Sí, de vez en cuando, hasta que se fue.&lt;br /&gt;– Qué raro, ¿no?&lt;br /&gt;– ¿Qué raro qué?&lt;br /&gt;– Digo, irse así, de un día para otro. No es que yo sepa demasiado pero pero se notaba que el tipo ese con el que andaba estaba metido en algún quilombo, estoy seguro.&lt;br /&gt;– ¿Un tipo?&lt;br /&gt;– Sí, ¿no sabías?, para mi que tuvo que rajarse, o algo así, por eso se fueron tan de golpe.&lt;br /&gt;Repasó las palabras del kiosquero: Marcela yéndose de un día para el otro, un tipo con el que andaba, un quilombo, la necesidad de borrarse. A eso unió el recuerdo de la última conversación con Marcela: un puesto en Brasil, un ascenso, otro tipo. Cerró el círculo con retazos del relato de Alberto: afuera, un lugar seguro donde ir, una vida nueva, otra mina. La reputa madre que los parió, dijo con toda la bronca de la que era capaz, ante la mirada sorprendida de su viejo compañero de facultad.&lt;br /&gt;Eran las once y media de la noche cuando marcó el número de Teresa. Atendió enseguida. Apareciste, le dijo. Sí, estuve muy ocupado, dijo él. Sí, ya sé, me imagino, dijo ella.&lt;br /&gt;– Te llamo porque descubrí algo importante, ¿puedo ir para allá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se despertó sobresaltado en plena madrugada. Tardó unos segundos en reconocer el lugar en el que se encontraba y en recordar lo que había pasado. Teresa dormía profundamente. Desnudo como estaba fue hasta la cocina a tomar un vaso de agua. La mina con la que tu marido se fue era mi mujer, había dicho en algún momento que a esa altura le resultaba lejano. Recoraba un largo silencio y después la voz de Teresa diciendo bueno, por lo menos todo queda en familia, al mismo tiempo que se levantaba para ir a buscar una botella de vino tinto a la despensa.&lt;br /&gt;No volvió al dormitorio. Toda su ropa había quedado desparramada junto al sillón del living. Se vistió y salió sin hacer ruido.Ya de vuelta en su casa, parado frente a la ventana, fue testigo del momento exacto en el que las luces de la calle se apagaban. La luz del sol empezaba a crecer desde uno de los bordes de la noche.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-7068663024508516116?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/7068663024508516116/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=7068663024508516116' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7068663024508516116'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7068663024508516116'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/01/circuitos-novela-indita-captulo-xii.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XII'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-8237644807658136815</id><published>2008-01-25T12:22:00.000-02:00</published><updated>2008-01-25T12:26:28.204-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XI</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Había dedicado gran parte de la clase a definir qué bibliografía iba a dar a leer para el segundo parcial y cuál pasaba directamente al examen final. Estaba cerrando con la recomendación de una lectura seria y profunda de los textos cuando vio a Mario, el jefe de trabajos prácticos, asomarse a la puerta del aula. Le había avisado que lo iba a pasar a buscar; tenía que hablarle sobre algo importante, había dicho.&lt;br /&gt;Fueron al bar de enfrente.&lt;br /&gt;– ¿Qué pasa?&lt;br /&gt;– Mirá, primero quiero pedirte que no te enojes por lo que te voy a decir.&lt;br /&gt;– Dale.&lt;br /&gt;– Es que no te va a gustar.&lt;br /&gt;– Dale de una vez.&lt;br /&gt;– Estuve pensando que la cátedra así no puede seguir.&lt;br /&gt;– ¿Así cómo?&lt;br /&gt;– Así, sumergida en el mero dar clases, tomar examenes, volver a dar clases, volver a tomar examenes.&lt;br /&gt;– ¿A qué te referís?&lt;br /&gt;– A ponernos las pilas, armar un proyecto de investigación, un trabajo más productivo, a eso. ¿No te das cuenta que estamos detenidos en el tiempo? Damos siempre lo mismo desde hace no sé cuántos años. No podemos seguir así. Las cosas están cambiando. La mayoría de las cátedras tienen algún subsidio para investigación, hay cada vez más alumnos interesados en ser adscriptos para trabajar en temas específicos. Los pendejos se nos vienen encima con sus maestrías y doctorados bajo el brazo. Si no empezamos a trabajar en serio, a publicar, a organizar jornadas o lo que sea, vamos muertos en los próximos concursos.&lt;br /&gt;– ¿Me estás hablando en serio?&lt;br /&gt;– Claro.&lt;br /&gt;– ¿Vos creés que yo después de casi veinte años de docencia, de haber leído y recontraleído a los autores que trabajo, tengo ganas de ponerme a jugar al investigador, a plantear hipótesis y problemas sobre cuestiones que conozco de memoria? Dejate de joder, Mario.&lt;br /&gt;– Ya sabía que no te iba a gustar.&lt;br /&gt;– No es que no me guste. Me parece una boludez eso de los proyectos de investigación. Gente grande ocupándose del uso del punto y coma en Joyce y estupideces semejantes. No. Lo mío es bien clarito: yo de las clases vivo pero no vivo para esto ¿entendés? Es lo que me permite dedicar la mayor parte del tiempo a mi propia escritura. Así que no me rompas las bolas. Por supuesto que no te voy a impedir a vos ni a ninguno de los chicos que lo haga, pidan todas las becas que quieran pero a la cátedra déjenla tranquila.&lt;br /&gt;–  Lo del concurso no es joda. Lo podés llegar a perder, en serio.&lt;br /&gt;– Y bueno, quizás esa sea la oportunidad de dejar estos antros con olor a humedad infectados de ratas de biblioteca. La verdad que sería una buena oportunidad para...&lt;br /&gt;– ¿Para qué?&lt;br /&gt;– No sé, no sé.&lt;br /&gt;Sabía que la charla no había conformado las expectativas de Mario. Su jefe de trabajos prácticos esperaba de él que se hubiera entusiasmado con la idea. Sabía que podía llegar a perderlo a manos de otra cátedra más activa. En el fondo no le importaba. En el fondo había muy pocas cosas que verdaderamente le importaran. En primer lugar, sin dudas, estaba su tranquilidad. No me rompan las bolas era su lema. En ese mismo momento, apurando el café que había pedido después de que Mario se fuera, lo que más deseaba era estar en su casa, entre sus libros y sus discos, lejos, arriba, catorce pisos por encima de esa realidad de la que cada vez más le costaba formar parte.&lt;br /&gt;La vio pasar como a una imagen fantástica. Se quedó un segundo repasando el segundo anterior para comprobar que se trataba de una imagen cierta. Era Marisa. Había pasado a toda velocidad hacia la fotocopiadora. Apuró el resto de café, dejó un billete sobre la mesa y se lo indicó al mozo, que estaba en la otra punta del salón. La fotocopiadora, como siempre, estaba repleta de gente. Sin embargo, por entre todas las cabezas, cerca del mostrador, pudo ver su nuca desnuda. Llevaba el pelo recogido en un rodete. Decidió que lo mejor era esperarla afuera. Se distrajo frente a la vidriera. Le gustaba mirar artículos de librería.&lt;br /&gt;Marisa salió del local a la misma velocidad con que la había visto pasar frente a la ventana del bar, en dirección a la puerta de la facultad. La llamó gritando su nombre. Ella se dio vuelta y lo miró desde la mitad de la calle que no había terminado de cruzar. Sin evidenciar el más mínimo gesto de sorpresa o de fastidio volvió sobre sus pasos hacia la vereda en la que él se encontraba.&lt;br /&gt;– Te vi pasar tan rápido que...&lt;br /&gt;– Tengo clase.&lt;br /&gt;– ¿Ahora?&lt;br /&gt;– Sí.&lt;br /&gt;– ¿Y después qué hacés?&lt;br /&gt;– Tengo que estudiar.&lt;br /&gt;– Estudiar, estudiar, hace mal estudiar tanto. No es para nada bueno, te lo aseguro.&lt;br /&gt;– ¿Usted me lo dice?&lt;br /&gt;– Dale con el usted. Sí, ¿por qué te sorprende?&lt;br /&gt;– Es raro que un profesor diga que no es bueno estudiar.&lt;br /&gt;– Dije estudiar tanto. Creo que vos ya tenés cubierta una cuota más que importante. Te propongo un recreo después de la clase. Te espero en el bar de la esquina.&lt;br /&gt;– No se da por vencido, eh.&lt;br /&gt;– No siempre. ¿Te espero en el bar?&lt;br /&gt;– Son cuatro horas.&lt;br /&gt;– Te espero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de sentarse a esperar había ido hasta la librería de la otra cuadra a comprar algún libro que leer mientras tanto. Pasó un buen rato revisando los estantes sin encontrar nada que le interesara. Hasta que en la B –iba de atrás para adelante– dio con la reedición de las Crónicas Marcianas de Bradbury, un libro que amaba, que había leído, prestado y perdido hacía muchos años.&lt;br /&gt;Se sentó en una mesa pegada a la ventana para poder aprovechar el último resto de luz natural. Volver a esa lectura de juventud le producía la sensación de estar recuperando algo muy íntimo y por demás placentero. Leyó de corrido hasta la página veintidós, cerca de la mitad de la segunda crónica. Ahí se topó con una frase que no pudo superar, que tuvo que releer varias veces, como si quisiera aprenderla de memoria, no volver a perderla entre los recuerdos olvidados. Al fin, después de numerosas pasadas, cerró el libro y, con la vista fija en algún punto del otro lado de la ventana, dijo en voz no demasiado alta: El sol se había ido. Lenta, muy lentamente llegó la noche y llenó la habitación, devorándolos junto con las columnas, como un vino oscuro servido hasta el techo. Y repitió: como un vino oscuro servido hasta el techo. No quiso seguir leyendo. No a cada rato se encuentra uno con una frase así, pensó, y se quedó el resto del tiempo masticando las mismas palabras, con la vista perdida en el mismo punto indefinido del otro lado del vidrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Marisa llegó a la mesa su expresión había cambiado. Llevaba la marca de cuatro horas de clase. Una mirada brillante rodeada de un cansancio indisimulable.&lt;br /&gt;– Me parece que lo mejor sería ir a comer algo.&lt;br /&gt;– No, no tengo hambre.&lt;br /&gt;– ¿Seguro? Se te ve cansada.&lt;br /&gt;– ¿Sí, se nota mucho?&lt;br /&gt;– No, no quise decir eso.&lt;br /&gt;– Ya vengo.&lt;br /&gt;La que había ido al baño era la alumna que acababa de salir de una clase de cuatro horas. La que volvió, una mujer que había pasado por un proceso de maquillaje sutil pero efectivo. En los gestos estaba todo dicho. Marisa lo estaba aceptando. Tenía la sensación de que ella estaba dispuesta a aceptar todo lo que le propusiera. Era esa noche o nunca. Tenía que ir a fondo. Le propuso –después de dos cafés– caminar un rato, otro café en otro lado, le propuso sentarse –ya en plena noche– en el banco de una plaza, un acercamiento mayor, un beso cada vez más profundo, ir a su casa, tomar algo, después le propuso el sillón del comedor o el dormitorio. Al final le propuso que pasara el resto de la noche con él, y esa fue la primera de todas sus propuestas a la que ella dijo que no.&lt;br /&gt;– No, tengo que volver a casa.&lt;br /&gt;– Me gustaría que te quedaras.&lt;br /&gt;– A mí también, pero no puedo. No se enoje.&lt;br /&gt;– Cortala con el usted.&lt;br /&gt;– Llámeme, digo, llamame.&lt;br /&gt; La acompañó hasta abajo y mientras esperaban que pasara un taxi se besaron de una manera que le dio ganas de llevarla otra vez arriba. Pero vino el taxi y ella se fue. La vio alejarse a través de la luneta trasera del auto. Su pelo iba suelto y desordenado.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-8237644807658136815?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/8237644807658136815/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=8237644807658136815' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8237644807658136815'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/8237644807658136815'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/01/circuitos-novela-indita-captulo-xi.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo XI'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-6514995807950217621</id><published>2008-01-21T12:04:00.000-02:00</published><updated>2008-01-21T12:07:27.731-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo X</title><content type='html'>Hacía mucho tiempo que no iba a almorzar a la casa de sus padres un domingo. Llegó apenas pasado el mediodía. Su madre preparaba lasagna, como le había prometido; su padre cortaba queso para una picada sobre la mesa del patio. Se ocupó de abrir el vino que había llevado, un malbec de cosecha reciente. Vio preparadas, junto con los platos y los cubiertos, tres copas del juego que sus padres reservaban para ocasiones especiales y que, de hecho, habían usado dos o tres veces a lo largo de toda su vida. Sirvió en una de las copas un dedo de vino como para probarlo. Después de haberlo olfateado imitando cada uno de los gestos del mejor de los enólogos, bebió un trago que le colmó la boca y sin tragarlo –en una especie de buche etílico–, trató de captar cada uno de esos sabores particulares que los especialistas que aparecían a veces por televisión declaraban percibir con claridad. Cuando en el recorrido por su boca el trago rozó la garganta, tuvo una picazón intensa y le sobrevino una tos inevitable, que lo obligó a escupir los restos del malbec de cosecha reciente mezclados con su saliva encima de los malvones.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Después de comer, cuando su padre ya se había ido a dormir la siesta y mientras su madre terminaba de lavar y secar los platos en la cocina, se sentó a tomar café en uno de los sillones de mimbre del patio. Fijó la vista en el tronco de la enredadera. Se entretuvo siguiendo las bifurcaciones de cada una de las guías. Cada brazo mostraba en el extremo el indicio de un brote incipiente, un bulbo carnoso a punto de desencadenar una nueva hoja y de permitir un nuevo centímetro de avance a lo largo del alambre que formaba el tinglado que atravesaba de pared a pared el patio.&lt;br /&gt;      Después del café, como casi siempre, tuvo un deseo irrefrenable de salir corriendo de esa casa, de huir de esos dos viejos que un día lo dejarían definitivamente solo en el universo. Pensó qué hacer el resto de la tarde. En poco tiempo más se empezarían a oír, desde las casas vecinas, relatos de partidos de fútbol por la radio, algo que sin dudas lo sumiría en una depresión abrumadora. Para ese entonces tenía que estar lo más lejos posible de ahí. Pensó en Teresa, en proponerle un paseo romántico de domingo a la tarde. La más que cierta posibilidad de que por alguna razón no tuviera dónde dejar a sus hijos y aceptara la invitación llevándolos consigo lo obligó a descartar la idea. No la veía desde la semana anterior. Se habían encontrado en el centro, un miércoles. Habían ido al cine y después a comer pizza. La noche la habían pasado en su departamento, la mitad de la noche, porque ella había tenido que volver a su casa para liberar a su madre del cuidado de los chicos. Le gustaba Teresa. Su ansiedad por saber acerca del destino de su ex-marido se había ido aplacando, sobre todo después de que él le contara acerca del encuentro que habían tenido y de los planes de Alberto por empezar una nueva vida en otro lado. Siempre fue un hijo de mil putas, había dicho ella. Había notado que desde ese momento Teresa se había sentido liberada, más atenta y dispuesta a la posibilidad de que la relación entre ellos prosperara. Él, por ahora, no quería involucrarse demasiado. Nada más que un encuentro de vez en cuando, se autoprescribía. Tenía que encontrar alguna otra cosa que hacer el resto de la tarde. Decidió salir a caminar sin rumbo fijo. Caminar a la deriva. Derivar.&lt;br /&gt;      En lo que iba de su caminata había atravesado ya tres plazas y una especie de parque natural con arboleda y vegetación exuberante. Ninguno de esos sitios le ofreció la posibilidad de sentarse a dejar pasar el tiempo. La gente, las bicicletas y los perros más bien lo invitaban a pasar de largo lo más rápido posible.&lt;br /&gt;      Después de un par de horas, cansado de caminar, compró una botella de agua mineral en un kiosco y empezó a pensar en el regreso. Darse una ducha y ponerse a leer el diario era el programa más atractivo que imaginaba para su futuro inmediato. No tenía ganas de tomar un taxi. Trató de recordar qué colectivo podía acercarlo a la zona en la que vivía. Cuando lo tuvo claro, dobló en la primer esquina en dirección a la calle por la que suponía que pasaba. Tenía que caminar tres cuadras más. Después de la primera se encontró con una plazoleta de unos veinticinco metros de largo que ocupaba el hueco entre el último de los edificios de la cuadra y una calle que cortaba en diagonal. Linda placita, pensó. Sobre todo porque estaba casi desierta. Apenas una mujer que amacaba el carrito de su bebé mientras ofrecía su cara al sol con los ojos cerrados, un hombre bastante mayor con una radio portátil pegada a la oreja y la vista perdida en algún lejano horizonte fubolístico, y una joven, en uno de los bancos más alejados de la vereda, muy concentrada en la lectura de un libro. Detuvo su andar bruscamente. Miró mejor a la lectora. Marisa Ferraro. No. No puede ser, pensó. Tomó el último trago de agua mineral y tiró la botella en un cesto. No sabía qué hacer. ¿Qué le digo? Hola, qué casualidad, pasaba por acá y te vi. No. Marisa Ferraro, cómo le va tanto tiempo, el destino se empeña en cruzar nuestros caminos. No. Marisa, qué bien te queda esa minifalda y esa remera ajustada, me volvés loco, vayamos a tomar algo y después a mi casa. No. Mejor me las tomo. Caminó a paso rápido media cuadra más en dirección a la parada del colectivo y se detuvo. Es ahora o nunca. ¿Ahora o nunca? Ahora. No. Nunca. Ma'sí, dijo en voz alta y volvió sobre sus pasos. Ella seguía absorta en la lectura. Avanzó describiendo una especie de curva que terminó a un costado del banco, un poco por detrás. Desde ese ángulo veía su pelo renegrido cayendo hacia adelante, sus piernas desnudas iluminadas por el sol y el libro apoyado sobre los muslos a la altura del borde de la minifalda de jean.&lt;br /&gt;      – Hola.&lt;br /&gt;      – ¿Usted por acá?&lt;br /&gt;      – Dale con el usted. Sí, pasaba y te vi, pero no quiero incomodarte, si querés puedo seguir mi caminata.&lt;br /&gt;      – No, está bien, no hay problema.&lt;br /&gt;      – ¿Vivís por acá?&lt;br /&gt;      – Sí, acá a la vuelta.&lt;br /&gt;      – Linda placita, eh. Poca gente.&lt;br /&gt;      – Por eso vengo, me encanta; ¿por qué no se sienta?&lt;br /&gt;      – Bueno, si no te molesto.&lt;br /&gt;      – Ya le dije que no.&lt;br /&gt;      – ¿Fumás?&lt;br /&gt;      – No.&lt;br /&gt;      – ¿Qué leías?&lt;br /&gt;      – Fervor de Buenos Aires.&lt;br /&gt;      – Ah, qué bueno. Uno de los poemas que más me gusta de ese libro es Ausencia.&lt;br /&gt;      – ¿Ausencia?, todavía no llegué a ése, está más atrás, a ver... acá está. Habré de levantar la vasta vida que aún ahora es tu espejo: cada mañana habré de reconstruirla. Desde que te alejaste, cuántos lugares se han tornado vanos y sin sentido, iguales a luces en el día.&lt;br /&gt;      Escuchaba su voz leyendo el poema y no podía creer que eso estuviera sucediendo. Ella seguía: tardes que fueron nicho de tu imagen, músicas en que siempre me aguardabas, palabras de aquel tiempo, yo tendré que quebrarlas con mis manos. Él conocía el poema de memoria. Superpuso su voz a la de ella: ¿en qué hondonada esconderé mi alma para que no vea tu ausencia que como un sol terrible, sin ocaso, brilla definitiva y despiadada? Ella dejó de leer en mitad de la frase y clavó sus ojos oscuros en los suyos. Él siguió: tu ausencia me rodea como la cuerda a la garganta, el mar al que se hunde. Cuando terminó, se quedó mirando esa mirada que le devolvía nada más que un enigma, el desafío de develar el deseo oculto detrás de esos ojos oscuros. Se quedaron así, en silencio, nada más que mirándose, durante varios minutos. Hasta que en un momento ella dijo me tengo que ir sin dejar de mirarlo.&lt;br /&gt;      – ¿Te acompaño?&lt;br /&gt;      – No hace falta.&lt;br /&gt;      – Como quieras.&lt;br /&gt;      Se levantó y se acomodó la pollera por detrás con una mano. Con la otra sostenía el libro cerrado, con el índice clavado como una especie de señalador en la página que acababan de recorrer juntos. Él la observaba en silencio, sabiendo que en ese momento debía decir algo así como estoy perdidamente enamorado de vos o por favor no te vayas o tomemos un café en algún bar cercano. Pero no dijo nada. Ella le dijo chau sin acercarse y empezó a caminar. La vio alejarse y doblar la esquina en la misma posición estática en la que había quedado al terminar de repasar los versos del poema. Se quedó ahí sentado hasta que se hizo de noche y el frío se hizo sentir. Desistió de la idea de llegar caminando hasta la parada del colectivo. En la esquina subió al taxi que lo dejaría en la puerta de su casa. El chofer llevaba la radio encendida y oía los últimos comentarios de los partidos de la tarde. Boca le había ganado a River otra vez, escuchó en la voz de un comentarista anónimo. El fútbol nunca le había interesado demasiado. Recordaba que cuando era chico su tío lo llevaba a ver a Racing, que por esos años vivía un esplendor nunca repetido en su historia, según sabía. Por suerte los partidos ya terminaron, pensó. El comentarista anónimo seguía analizando jugadas y situaciones.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Después de la ducha que había imaginado más temprano, después de haber programado en el equipo de audio tres horas continuas de jazz como también había imaginado, sentado en el sillón del escritorio, haciendo tintinear los cubitos en el vaso de whisky que acababa de servirse, se puso a repasar el encuentro con Marisa. Seguía sin creer que pudiera haber ocurrido, que hubieran estado sentados en el mismo banco, que hubieran pronunciado a dos voces esas palabras del poema de Borges que tanto le gustaba, que se hubieran mirado de esa manera a esa distancia en esas circunstancias, que la hubiera dejado ir sin decir una sola de todas las palabras que podría haber dicho. Lo que no podía terminar de creer era que fuese tan cagón, tan miserablemente conservador de esa tan poca cosa que solía llamar su mundo tranquilo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-6514995807950217621?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/6514995807950217621/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=6514995807950217621' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6514995807950217621'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6514995807950217621'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/01/circuitos-novela-indita-captulo-x.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo X'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-4902714107853464038</id><published>2008-01-17T12:39:00.000-02:00</published><updated>2008-01-17T12:40:06.959-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo IX</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;      No es que tuviera prejuicios morales, pero haberse acostado con la ex de su amigo no le parecía la acción más noble del mundo. Más allá de los remordimientos, conservaba intacto el recuerdo de aquella noche.&lt;br /&gt;      – Por dios, qué locura.&lt;br /&gt;      – No te pongas así, ¿no te gustó?&lt;br /&gt;      – Sí, no es eso, es que... ¿no te parece una locura?&lt;br /&gt;      – Bueno, sí, qué sé yo...&lt;br /&gt;      – Además sin forro, ¿te das cuenta?, te pedí que por lo menos no acabaras adentro y ni bola.&lt;br /&gt;      – ¿No tomás pastillas?&lt;br /&gt;      – No. Desde que supe lo de Alberto y esa mina lo obligué a usar forro y no tomé más.&lt;br /&gt;      Había pensado en Teresa quedando embarazada de él. No, imposible, no me pasó con dos mujeres en tantos años no me va a pasar justo ahora por culpa de un polvo improvisado, había pensado para tratar de tranquilizarse.&lt;br /&gt;      Desde aquella noche no había vuelto a ver a Teresa ni la había llamado por teléfono. Pretender continuidad con ella implicaba estar dispuesto a afrontar un quilombo para nada menor. No sabía si quería pagar semejante precio. Estaba demasiado apegado a la tranquilidad de su vida, aunque a veces –no pocas veces, cada vez más– se cansara de ella. Ya vería. Por lo pronto tenía que salir para la facultad. Era la primer clase después del primer parcial. El tema, su preferido: la teoría de la polifonía de Bajtín en las novelas de Dostoievski.&lt;br /&gt;      – Como bien dice Bajtín –dijo hacia el final de la clase–, la pluralidad de voces y de conciencias independientes e inconfundibles, la auténtica polifonía de voces autónomas, viene a ser la característica principal de las novelas de Dostoievski. Bajtín enfatiza el papel de la conciencia de los héroes dostoievskianos, que aparece como otra, como una conciencia ajena pero que al mismo tiempo tampoco se vuelve objetual, no se cierra, no viene a ser el simple objeto de la conciencia del autor. Pero esto quiero que lo experimenten ustedes mismos, así que propongo que para la clase que viene lean El jugador, ¿de acuerdo?&lt;br /&gt;      Esta vez el trámite fue más directo. Los alumnos aceptaron la propuesta y se fueron. No hubo esta vez unos ojos oscuros obeservándolo desde el fondo del aula, hubo las mismas palabras, hubo su rutina de profesor mediocre, no hubo prácticamente nada.&lt;br /&gt;      Al volver de la facultad encontró un papel debajo de la puerta. Decía –con letra que evidenciaba ser producto de una escritura acelerada– estoy en el bar de la esquina, cuando llegues vení a buscarme, Alberto. ¿Qué le digo? Nada, me hago el boludo. ¿Habrá hablado con Teresa?&lt;br /&gt;      En el bar no había mucha gente y sin embargo le costó reconocer a Alberto, que estaba sentado en una de las mesas del fondo, cerca de los baños. Tenía la barba crecida y el pelo largo y desprolijo. Llevaba anteojos de sol. Estaba más flaco.&lt;br /&gt;      – Alberto.&lt;br /&gt;      – Shhh, no me nombres.&lt;br /&gt;      – ¿Cuándo volviste?&lt;br /&gt;      – No volví, ¿estamos?, sigo yirando.&lt;br /&gt;      – Bueno, ¿desde cuándo estás yirando por acá, a media cuadra de mi casa?&lt;br /&gt;      – Desde hace dos horas. Toqué el portero y como no contestabas me metí detrás de alguien que entraba para dejarte la nota, ¿la sacaste de la puerta, no?&lt;br /&gt;      – Sí, tranquilizate.&lt;br /&gt;      – No es fácil, pero bueno, ya tengo un lugar seguro adonde ir, afuera, el lugar ideal para una vida nueva.&lt;br /&gt;      – ¿Afuera dónde?&lt;br /&gt;      – No es que no quiera contártelo, pero te dije por teléfono, cuanto menos sepas, mejor.&lt;br /&gt;      – Entonces no entiendo por qué viniste a buscarme.&lt;br /&gt;      – En realidad, vine a buscar la guita, es lo único que me falta para poder irme definitivamente.&lt;br /&gt;      – ¿Y dónde está la guita?&lt;br /&gt;      – En tu casa.&lt;br /&gt;      – ¿Qué?&lt;br /&gt;      – No podía llevármela toda conmigo, ni yo sabía dónde iba a ir a parar.&lt;br /&gt;      – Qué hijo de puta, ¿y dónde la dejaste?&lt;br /&gt;      – Vamos y te muestro.&lt;br /&gt;      Una vez en el departamento, se quedó parado junto a la puerta viendo cómo su amigo se tiraba en el piso delante de la biblioteca y, extendiendo la mano por debajo del estante más bajo, sacaba un paquete envuelto en papel madera. Lo escuchó decir acá está. Lo vió mirar ese paquete con adoración. Bueno, ahora tomátelas, le dijo.&lt;br /&gt;      – Pero che, no es para tanto.&lt;br /&gt;      – Es para lo que a mí se me canta, así que andate.&lt;br /&gt;      – Antes tengo que pedirte un favor. Teresa no sabe nada, absolutamente nada de esto. Debe de estar muy preocupada. No puedo contarle que me voy, así nomás, vos viste cómo son las mujeres, una máquina de preguntar. Te pido que la llames y le digas que estoy bien, que algo de guita le voy a ir mandando, pero que estoy en otra historia, sin demasiados detalles, no sé, si querés decile que sabés que estoy con otra mina, no me importa, ¿puede ser?&lt;br /&gt;      – Estás hecho mierda Alberto, pero sí, está bien, quedate tranquilo. Ahora tomatelás.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Cuando Alberto se fue, se acercó a la ventana. Empezaba a anochecer. Los días son cada vez más largos, pensó. En la esquina un embotellamiento provocaba una andanada de bocinazos. A lo lejos se oía una sirena de ambulancia. En uno de los edificios de enfrente una mujer regaba las plantas del balcón. Va a llover, pensó. Fue hasta el teléfono. Marcó el número de Teresa. Escuchó su voz del otro lado diciendo hola, hola, y cortó. Se sentó en el sillón del escritorio a observar la disminución de la intensidad de la luz que entraba por la ventana del comedor. El ruido que se venía desde la calle también fue disminuyendo con el correr de las horas. Para cuando la oscuridad y el silencio fueron una y la misma cosa ya se había quedado dormido.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Lo despertó el teléfono. Mientras sonaba miró el reloj del equipo de audio, eran casi las once menos cuarto. Dejó que atendiera el contestador.&lt;br /&gt;      – Soy yo, Teresa. Bueno, no sé, quería saber de vos. Si querés podemos vernos, si podés. Estoy en casa. Un beso.&lt;br /&gt;      Pensó en Teresa pensando en él, quedándose despierta ante la posibilidad de su llamado. Pensó cuánto tiempo hacía que una mujer no esperaba un llamado suyo. Fue desde el sillón del escritorio hasta el aparador. Se sirvió un whisky más que doble. La cantidad necesaria para devolverle a la noche las ganas de dormir que esa siesta de última hora le había robado.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-4902714107853464038?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/4902714107853464038/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=4902714107853464038' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4902714107853464038'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4902714107853464038'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/01/circuitos-novela-indita-captulo-ix.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo IX'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-4582600542659073790</id><published>2008-01-14T10:40:00.000-02:00</published><updated>2008-01-14T10:41:48.570-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo VIII</title><content type='html'>Esa mañana se había propuesto terminar de corregir los poemas que había escrito durante los últimos dos años. Quería enviarlos a un concurso que cerraba al otro día. Además de corregir tenía que seleccionar un grupo de entre cuatrocientos y seiscientos versos, tales los límites reglamentarios. El concurso lo organizaba una editorial especializada en poesía y el premio consistía en la edición del libro ganador. Cada año probaba suerte en uno diferente. Ya había intentado con las editoriales grandes, los de los diarios y los oficiales. En todo ese tiempo –escribía desde los veinte– había logrado apenas un par de menciones o, a lo sumo, que algunos de sus poemas integraran una antología compartida con otros autores seleccionados.&lt;br /&gt;      Tenía delante, esparcidos sobre el escritorio, más de ochenta poemas llenos de tachaduras, sobrescrituras y agregados. Primero tenía que pasarlos en limpio; después, elegir unos treinta, treinta y pico. En esa tarea lo favorecería el hecho de que ninguno de los textos ocupara más de una carilla, con lo cual podría disponerlos sobre la mesa y así obtener una visión rápida de cada uno al momento de pensar en posibles combinaciones y sucesiones. Pero el primero de los pasos, el de pasarlos en limpio, requería el uso de la máquina de escribir, casi una reliquia que guardaba celosamente en la parte de arriba del placard del dormitorio. Todo lo que escribía lo escribía a mano. Únicamente una exigencia de presentación formal como ésa podía obligarlo a usar la máquina. Ni hablar de una computadora. No entraba en su imaginario, lo cual le creaba no pocos conflictos, sobre todo a nivel laboral. Los integrantes de la cátedra estaban permanentemente comunicados vía correo electrónico. Se pasaban apuntes, planificaciones de clases y todo tipo de novedades. Por suerte para él, el jefe de trabajos prácticos era, además de su mano derecha, todo un experto en comunicaciones electrónicas, así que si había algo importante que saber, alguna convocatoria de la facultad o algo por el estilo, le avisaba por teléfono.&lt;br /&gt;      Sacar la máquina del placard, eliminar el polvillo que cubría el estuche, ponerla sobre el escritorio y pasarle una franela por encima de las teclas constituía para él toda una ceremonia. Trataba a la máquina como un objeto venerable, digno del mayor de los cuidados. Le gustaba reencontrarse con el olor a tinta y apretar lentamente cualquier tecla para observar los detalles del complejo mecanismo de flexiones y estiramientos metálicos que permitía a cada tipo llegar hasta el centro, hasta quedar pegado a la cara de la hoja. El sonido de la Olivetti Lettera 22 Portable, ese golpeteo seco y preciso al compás de su digitación, lo acompañaría durante el resto de la mañana como si se tratara de alguna de sus músicas preferidas.&lt;br /&gt;      Eran las doce y veinte cuando terminó de pasar en limpio el poema número ochenta y tres, el último que había escrito. Sacó la hoja de la máquina y la puso encima de la pila que tenía a un costado, de cara hacia abajo. Alrededor del escritorio yacían los bollos que había ido haciendo con cada uno de los borradores. Se puso de pie y, con las manos encima de la cintura, por la espalda, a la altura de los riñones, se estiró hacia atrás. Había trabajado cuatro horas seguidas. Tenía hambre. Mientras decido qué preparar hago unos mates, pensó. Sentía la vista cansada de hurgar en los vericuetos de su propia letra. Después de almorzar, antes de encarar la segunda parte de la tarea, dormiría una siesta de un par de horas.&lt;br /&gt;      Acababa de echar en agua hirviendo un puñado de fideos tirabuzón que pensaba comer revueltos con manteca y queso cuando sonó el portero eléctrico. Era Marcela, su primera mujer. No la esperaba. Nunca la esperaba. Por lo general lo llamaba por teléfono antes de aparecer por su casa. El preaviso le servía para recordar encuentros anteriores. Pero Marcela no había venido con la intención de efectuar uno de esos viajes sexuales al pasado, se le notaba en la cara y en la distancia corporal que impuso desde que entró al departamento, evitando hasta un beso en la mejilla.&lt;br /&gt;      – Me voy a vivir a Brasil.&lt;br /&gt;      – ¿A Brasil, cómo?&lt;br /&gt;      – Sí, la fábrica se traslada a San Pablo y me ofrecieron un puesto más alto si aceptaba irme, además de un lugar para vivir.&lt;br /&gt;      – Bueno, ¿qué sé yo?, se supone que debería felicitarte.&lt;br /&gt;      – Y, sí, ¿no?&lt;br /&gt;      – Es que...&lt;br /&gt;      – Es que nada. Nos va a venir bien a los dos. Tenemos que terminar de separarnos de una vez por todas, tratar de hacer realmente otra vida, otra historia.&lt;br /&gt;      – ¿Te vas con un tipo?&lt;br /&gt;      – No empieces a perseguirme.&lt;br /&gt;      – No te persigo, te estoy preguntando si te vas con alguien.&lt;br /&gt;      – Bueno, estoy saliendo con alguien de la empresa, pero no nos vamos juntos, o sea, él también se va para allá pero no nos vamos juntos.&lt;br /&gt;      – ¿Ah, no?, ya sabía.&lt;br /&gt;      – Ahí está. Otra vez con lo mismo. Bueno, me voy, no tengo nada más que decirte. Deberías valorar que haya venido personalmente a despedirme. No tenía por qué hacerlo.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Cuando Marcela se fue, se acercó a la ventana. Era un día espléndido, ni una sola nube, todo un presagio de primavera. Cada cosa parecía contar con un brillo suplementario, las hojas de los árboles, los autos, hasta el cemento de los edificios parecía reflejar la claridad de una manera más intensa. Estaba perdido en la observación cuando escuchó una especie de rumor que venía de la cocina. Los fideos. Ya no los fideos. Una masa compacta y seca pegada al fondo de la olla sin agua. Apagó la hornalla y tiró lo que iba a ser su almuerzo a la basura. Dejó la olla en la pileta de la cocina junto a los platos y vasos del día anterior que había dejado sin lavar. Encendió un cigarrillo y se sentó en el sillón del comedor. Pensó en Marcela saliendo de su departamento y de su vida. Sintió que retrocedía al momento en el que lo había dejado, unos cuantos años atrás. La misma sensación que al regresar de la facultad aquel día, después de esa conversación en el bar de la esquina. De nuevo se le hizo evidente el silencio que lo rodeaba. El silencio de su vida. Su mundo de silencio.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Después de haber elegido el poema número treinta y cinco sintió que el libro estaba cerrado. No necesitaba incluir ninguno más. Quedaba por definir el orden. Guardó los cuarenta y ocho sobrantes en la misma carpeta en la que había ido acumulando los manuscritos y volvió a emplear con los seleccionados el método de la distribución sobre la mesa. Imaginó un juego de cartas en el que hubiera que establecer una secuencia para dar con una clave secreta. Fue tomando las hojas de a una. Después de la primera, las demás elecciones quedaron determinadas por la anterior, ya fuera por predominio del principio de contraste o de semejanza. Al cabo de treinta y cinco estiramientos del brazo tuvo su tercer libro en la mano. Se sentía conforme y aliviado. De alguna manera se estaba sacando esos textos de encima. Ahora podría empezar a pensar en escribir otra cosa, tal vez un cuento, tal vez –con mucho esfuerzo– una novela.&lt;br /&gt;      Puso las treinta y cinco páginas en un folio de nylon que dejó encima del escritorio. Al día siguiente sacaría las fotocopias y se ocuparía de encarpetarlas y de preparar el sobre con sus datos personales. Ahora tenía que pensar un título y un seudónimo. Con el título no pensaba perder tiempo: Poesía III. Para el seudónimo empezó a repasar nombres de personajes y autores célebres que pudieran representarlo. Por alguna razón fue a dar con los nombres de dos madrigalistas que recordaba haber estudiado en un curso de música y poesía italiana que había hecho unos años atrás: Gesualdo y Marenzio. Del primero recordaba, además de una libertad compositiva inaudita para su época, una vida muy rica en circunstancias espectaculares, como la de haber asesinado a su esposa y al amante de ésta en un arranque de furia al saberse engañado. Del segundo recordaba que era uno de los músicos poetas más destacados de aquel momento. Se decidió por Gesualdo.&lt;br /&gt;      Estaba por ir a darse una ducha con la intención de meterse después en la cama a fumar y a tomar un cognac cuando sonó el timbre. Sin preguntar quién era abrió la puerta. La vecina del 14C.&lt;br /&gt;      – Canelones a la rossini en cuarenta y cinco minutos. Podés traer un vino blanco si querés, ¿te queda claro?&lt;br /&gt;      No tenía opción. Tampoco una botella de vino blanco para llevar. Tenía que bajar a comprar. La ducha tuvo que ser más breve de lo que había imaginado. El cigarrillo y la bebida en la cama quedaron para otro día. Cuando bajaba, el ascensor se detuvo en el piso once. Se abrieron las dos puertas tijera y el hocico largo de un collie se asomó hacia el interior. ¿Le molesta que bajemos con usted?, preguntó la dueña del perro antes de entrar. No, no, para nada, dijo, y mientras bajaban –exigiendo al máximo su capacidad de ser simpático– preguntó ¿es perra o perro? Es nena, dijo la mujer, con una sonrisa que parecía ocuparle toda la superficie de la cara. Otro caso de maternidad frustrada, pensó, pero el ascensor ya estaba en la planta baja y la mujer enfilaba con su perra-hija hacia la calle en busca de la plaza.&lt;br /&gt;      Nada peor que comprar vino a última hora en el almacén de abajo, pensó al ver los precios incrementados en, por lo menos, un cincuenta por ciento. Se decidió por un torrontés. Al subir, fue directamente al 14C. Se sorprendió de que fuera Lidia quien le abriera la puerta. Te hacía cocinando, dijo. No, hoy no me toca, dijo ella mientras se ocupaba de conseguir un recipiente donde enfriar el vino. Mirta estaba en la cocina a punto de exponer los canelones al gratinado final del queso rallado con el que los había recubierto. Ponete cómodo, le dijo.&lt;br /&gt;      A medida que fue pasando el tiempo se fue sintiendo cada vez más suelto. La comida y el vino contribuyeron a su locuacidad. Cuando se acostó, pasadas las tres de la mañana, sentía que esas dos mujeres lo habían salvado de lo que hubiera sido una noche, otra, de soledad y silencio.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-4582600542659073790?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/4582600542659073790/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=4582600542659073790' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4582600542659073790'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4582600542659073790'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/01/circuitos-novela-indita-captulo-viii.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo VIII'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-7594369577965876117</id><published>2008-01-10T13:24:00.000-02:00</published><updated>2008-01-10T13:26:18.829-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo VII</title><content type='html'>A Teresa –la mujer de Alberto–, no la veía desde que se había separado de Laura. Hasta ese momento habían sido frecuentes las cenas y las salidas de a cuatro. Pocas veces habían estado presentes sus hijos, dos demonios que no se quedaban un minuto quietos y se pasaban la noche peleando entre sí o reclamando a sus padres golosinas o juguetes nuevos. Después de la separación, una sola vez había salido a cenar con ellos dos él solo. Recordaba su incomodidad y su envidia al verlos mimarse durante la comida, indudable preludio de una noche de sexo apasionado. Por otra parte, notaba que les costaba sostener cualquier conversación, encontrar algún tema que les interesara a los tres. Ahí se había dado cuenta de que, en realidad, la que sostenía las conversaciones y la dinámica de los encuentros era Laura, siempre tan bien dispuesta para la vida social. Varias veces lo de ellos durante la cena también había sido preludio de una noche apasionada. Pocas veces. A Laura el champagne la excitaba de manera descomunal. Podía recordar, como uno de los momentos más osados de su vida, aquella cojida en el ascensor, de regreso de, justamente, una cena en la casa de Alberto y de Teresa.&lt;br /&gt;      Teresa había decidio separarse de Alberto cuando se enteró que él la engañaba con una compañera de la oficina. Lo había obligado a abandonar la casa. Él, sin defensa posible, había aceptado su condena y, con su ropa y un par de cosas indispensables, se había mudado a una pensión cerca del centro. Seguían viéndose, por los chicos y –cuando la excusa de los chicos era demasiado insostenible– por sus propias ganas de volver a acostarse. La separación había sido una manera, la única manera, que ella había encontrado para hacer valer su orgullo de mujer engañada. Por lo demás, Alberto seguía siendo su hombre, el hombre de su vida, como solía decir.&lt;br /&gt;      Teresa lo estaba llamando por teléfono preguntándole si sabía algo de su marido. Hacía una semana que no tenía noticias de él. Los chicos preguntan, dijo. Cuando sonó el teléfono estaba sentado en el escritorio, en pijama y en plena preparación de la clase siguiente. No sé nada de él, hace bastante que no lo veo y que no hablamos, dijo tratando de parecer seguro y a la vez distraído. No podía creer que Alberto no le hubiera contado a la mujer lo que pensaba hacer pero no quería involucrarse.&lt;br /&gt;      – No te preocupes, habrá tenido que viajar por trabajo o algo así.&lt;br /&gt;      – ...&lt;br /&gt;      – ¿Fuiste al departamento?&lt;br /&gt;      – ...&lt;br /&gt;      – ¿Y al trabajo llamaste?&lt;br /&gt;      – ...&lt;br /&gt;      – No, no sé nada, cualquier cosa te llamo. Te pido que si vos te enterás de algo también me avises, me dejás intranquilo.&lt;br /&gt;      Mentira. Trató de parecer sincero. Se notaba que ella sí estaba realmente preocupada. Este boludo encima me obliga a mentirle a la mujer, pensó. Se sentía culpable. Ojalá vuelva a llamar, me va a oír.&lt;br /&gt;      No pudo seguir con la preparación de la clase. Mejor preparo unos mates, pensó.&lt;br /&gt;      Después de haber pasado más de dos horas pensando qué decirle a Teresa, decidió que lo mejor para la tranquilidad de ella y la de su propia conciencia era la verdad. Argumentar que al momento del llamado no supo qué hacer, que lo sorprendió el hecho de darse cuenta que Alberto no le hubiera contado nada acerca de su plan. También decidió que lo mejor era hablar personalmente. De camino a la casa de ella haría una escala en la casa de sus padres.&lt;br /&gt;      Era casi de noche cuando llegó. Desde el pasillo que lleva de la puerta de calle a la cocina se podía oír la música. El sonido venía desde el patio. Fue directamente hacia ahí. Acomodado en un sillón circular de mimbre con respaldo alto, cerca del macetón de los malvones, sosteniendo en la mano derecha –su lado sano– el mate, y casi con el oído derecho pegado al pasacasette, estaba su padre escuchando tangos por Di Sarli.&lt;br /&gt;      – ¿El caburé?&lt;br /&gt;      – No. El cachafaz. De Manuel Aróstegui. El Caburé es de Arturo de Bassi.&lt;br /&gt;      – Bueno, anduve cerca. ¿Cómo estás, viejo?&lt;br /&gt;      – Y, acá me ves.&lt;br /&gt;      – ¿Y mamá?&lt;br /&gt;      – Está engripada. Creo que ya se metió en la cama. ¿Y vos, cómo andás?&lt;br /&gt;      – Acá me ves.&lt;br /&gt;      – ¿Y Laurita?&lt;br /&gt;      Efectivamente, su madre ya se había metido en la cama. Lo impresionó, al entrar a la habitación, verla acostada con los ojos cerrados y las manos cruzadas sobre el pecho, iluminada por el velador de la mesa de luz.&lt;br /&gt;      – Mamá.&lt;br /&gt;      – Uy, me quedé dormida, qué alegría vos por acá.&lt;br /&gt;      – Me tengo que ir enseguida.&lt;br /&gt;      – ¿Comiste?&lt;br /&gt;      – Sí, comí.&lt;br /&gt;      – ¿No querés que te prepare algo rápido?&lt;br /&gt;      – No, mamá, no vine a comer, quería ver cómo estaban.&lt;br /&gt;      – Y, acá me ves.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Cuando llegó a lo de Teresa se quedó un rato mirando la casa desde la vereda de enfrente. Se le venía encima el recuerdo de visitas hechas con Laura, los reclamos que ella le hacía sistemáticamente al llegar –después de un viaje de más de una hora–, referidos al hecho de no tener auto.&lt;br /&gt;      Tocó el timbre. No advirtió ninguna señal de movimiento del otro lado de la puerta. Tocó otra vez, manteniendo la presión sobre el botón durante más tiempo. Va, escuchó gritar a Teresa desde un lugar lejano a la puerta. Se quedó esperando. Se entretuvo mirando las casas de enfrente. Toda la cuadra conservaba un mismo tipo de construcción antigua, de una sola planta, de techos altos; algunas casas se veían mejor conservadas que otras. Ésa, frente a cuya puerta él estaba parado, la casa de Teresa que alguna vez fuera la casa de Alberto y Teresa, se caía a pedazos. La puerta se abrió brevemente primero y enseguida del todo, una vez que Teresa lo reconoció. ¿Qué pasó?, preguntó mirándolo aterrorizada, segura de que su presencia implicaba una noticia trágica.&lt;br /&gt;      Enseguida logró tranquilizarla, explicándole en dos o tres frases lo más importante de lo que venía a decirle. Una vez repuesta, le ofreció algo para tomar. ¿Vino, cerveza?, dijo. Bueno, un poco de vino, dijo él. Ella fue a la cocina. Pudo escuchar, entre una serie de ruidos de vasos y puertas de armarios abriéndose y cerrándose, el sonido característico del descorche. Cuando volvió al living, donde él esperaba sentado en uno de los sillones, traía una copa de vino, que extendió en su dirección, y una lata de cerveza de la que bebía directamente. Bueno, contame bien, le dijo, dispuesta a escuchar un relato ampliado y detallado de la operación en la que su ex-marido estaba envuelto. A medida que iba relatándole a Teresa la cuestión de los comprobantes, las amenazas y la persecución –con todas las limitaciones que le imponían tanto su desconocimiento de las cuestiones técnicas como la poca atención que había prestado a Alberto en el momento del relato original–, se iba armando en su cabeza una imagen de la situación en la que se encontraba, una imagen que podía hacerse como si él mismo, en ese momento, estuviera a la vez dentro y fuera de ella. Cuando llegó, Teresa estaba terminando de bañarse. De eso se estaba dando cuenta viéndola con el pelo húmedo y despeinado, y con ese suéter puesto seguramente a las apuradas, ese suéter que delataba la ausencia de corpiño. Descalza, con los pies encima del sillón en el que estaba sentada, sosteniendo la lata de cerveza en una mano –de la que bebía de vez en cuando un sorbo– y el cigarrillo en la otra, Teresa lo estaba calentando de una manera impresionante.&lt;br /&gt;      – ¿Pero cómo que no te dijo dónde pensaba ir?&lt;br /&gt;      – No me lo dijo, creeme. Me llamó el otro día muy temprano pero no quiso decirme dónde estaba. Se notaba que era una ruta o algo así, se escuchaba muy claro el ruido del tráfico.&lt;br /&gt;      – Debe de estar con la minita, estoy segura.&lt;br /&gt;      – Pero no, eso no, Teresa.&lt;br /&gt;      – Claro. ¿Por qué no me lo contó todo a mí entonces?, porque debe estar con ella, y todo esto me suena a la excusa perfecta para borrarse juntos. Me lo imagino proponiéndole una nueva vida en Brasil o algo por el estilo.&lt;br /&gt;      – No creo, parecía muy asustado.&lt;br /&gt;      – Hijo de puta. Robando miles de pesos durante tanto tiempo y pasándonos apenas dos mangos, ¿te das cuenta? Es una mierda de tipo.&lt;br /&gt;      – Bueno, yo lo único que quería era que te quedaras tranquila, que no pensaras en hacer una denuncia de búsqueda de persona o algo así.&lt;br /&gt;      – Te lo agradezco. ¿Querés comer algo? Se hizo tarde. Tengo unas prepizzas, ¿te quedás?&lt;br /&gt;      – Bueno. ¿Y los chicos?&lt;br /&gt;      – Los llevó mi hermano a pescar para distraerlos. Estaban enloquecidos, se fueron en carpa.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Cuando volvió a su casa eran las dos y veinticinco. Cada vez que llegaba miraba la hora en el visor del equipo de audio. No encendió la luz. Dejó las llaves encima del escritorio y se acercó a la ventana. Iba a llover. A lo lejos se veían los primeros relámpagos. Fue a la cocina y tomó un vaso de agua de la canilla. No se había fijado si tenía mensajes en el contestador. Se fijó. No, no tenía. Se sacó los zapatos en el comedor y fue descalzo hasta el baño. Ahí sí encendió la luz. Tuvo que entrecerrar los ojos hasta acostumbrarse a la intensidad luminosa. Se miró al espejo. Tenía ojeras. Y bastantes arrugas. Cada vez más. Se lavó los dientes. Se cepilló sin escupir, conservando la saliva mezclada con la espuma que producía la pasta hasta el final, hasta el momento en el que expulsó un borbotón blancuzco y viscoso. Después se enjuagó con dos buches y se secó el borde de la boca con la toalla. Apagó la luz y se fue a dormir sin hacer pis. Tendría que levantarse en mitad de la noche. No le importaba, estaba exhausto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-7594369577965876117?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/7594369577965876117/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=7594369577965876117' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7594369577965876117'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7594369577965876117'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/01/circuitos-novela-indita-captulo-vii.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo VII'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-6943198163985667392</id><published>2008-01-07T11:12:00.000-02:00</published><updated>2008-01-07T11:16:46.897-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo VI</title><content type='html'>Odiaba que el teléfono lo despertara. Y estaba sonando, no era una pesadilla. Lo maldijo y atendió. Antes de decir hola ya había advertido que quien fuera que lo estuviese llamando a esa hora, las seis y veinte de la mañana, lo estaba haciendo desde la calle, cerca de alguna avenida con mucho tránsito, pues el paso de vehículos en movimiento, uno tras otro y a gran velocidad, podía escucharse con claridad. Hola, dijo, y no le respondieron. Hola, dijo otra vez, y otra vez nada. Colgó. La reputa que lo parió, dijo, y volvió a taparse hasta las orejas con la frazada. Cuando empezaba a quedarse dormido otra vez volvió a sonar. Dejó que sonara dos, tres, cuatro veces y extendió el brazo desde debajo de las cobijas. El recorrido de la mano por encima de la superficie de la mesa de luz provocó la caída del despertador y del paquete de cigarrillos al suelo. El mismo ruido ambiente de antes. Hola, dijo, y aunque tampoco le respondieron, esta vez pudo notar una respiración agitada contra el auricular. Pero ¿quién es?, dijo, y cuando empezaba a separar el tubo de la oreja dispuesto a colgar, una voz afónica dijo soy yo, Alberto.&lt;br /&gt;      – Alberto, ¿pero qué carajo te pasa, por qué no me contestabas?&lt;br /&gt;      – ...&lt;br /&gt;      – ¿Dónde estás?&lt;br /&gt;      – ...&lt;br /&gt;      – ¿Pero me estás jodiendo?, aparecés en mi casa, te vas rajando a los dos minutos después de contarme no sé qué historia, me llamás a las seis de la mañana desde no sé dónde ¿y todavía me decís que no pregunte?, ¿para qué me llamás entonces? Hola, hola.&lt;br /&gt;      Pensó en Alberto escapando por alguna ruta del interior, a esa hora y con semejante frío. Pensó en la cantidad de dinero que justificaría el sacrificio. Pensó si él sería capaz de arriesgarlo todo por un montón de plata. No, demasiado cagón para eso, concluyó.&lt;br /&gt;      No pudo volver a dormir. Se levantó. Todavía era de noche. Había una masa de niebla y de bruma que se aplastaba contra los vidrios de la ventana. Encendió una hornalla de la cocina para poner agua a calentar y con el mismo fósforo prendió un cigarrillo. Estaba fumando más. Quizá fuera por eso lo del ardor en la garganta al despertarse y esa tos recurrente. Con el cigarrillo sostenido entre los labios puso un filtro nuevo encima de la jarra de vidrio templado y lo colmó de café. Tenía que desayunar bien, iba a ser un día muy largo. La primer clase del cuatrimestre: multitudinaria, desordenada. Pensaba hacer una introducción general de la materia, presentar a los demás integrantes de la cátedra y después dejar que los ayudantes se encargaran de organizar las clases prácticas. El agua hervía. Vació la pava encima del filtro y buscó leche en la heladera. No había. Buscó un pan para hacer tostadas. En la bolsa que estaba colgada contra la pared encontró media flauta dura. No pudo determinar con exactitud su antigüedad. Cortó rebanadas finas para que resultaran más tostadas. Puso el tostador encima de la misma hornalla en la que había calentado el agua de la pava. Acomodó las rodajas de pan tratando de que todas se hicieran en una sola tanda. Mientras tanto, retiró el filtro y se sirvió café en un jarro. Le puso bastante azúcar como para atenuar el sabor amargo del café sin leche. Dio vuelta las tostadas. Abrió la heladera, esta vez en busca de algo que ponerles encima. Sacó un pan de manteca. Apagó la hornalla y puso las tostadas en un plato. Fue llevando cada cosa a la mesa del comedor y se sentó a desayunar mientras la claridad comenzaba a impregnar esa masa de niebla y de bruma que se aplastaba contra los vidrios de la ventana.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Durante el viaje hacia la facultad recordó la tarde que había pasado con la vecina del 14C días atrás. Ella había tocado el timbre a las cinco en punto, como le había dicho. Bizcochos no conseguí, traje palmeritas, fue lo primero que dijo agitando un paquete delante de su vista ni bien abrió la puerta. Estaba vestida como para salir a correr: un jogging gris bastante gastado y zapatillas blancas. En dos minutos se hizo dueña de la situación. Ella misma preparó el mate una vez que él le indicó dónde podía encontrar la yerba y el azúcar. Mientras esperaba que el agua se calentara, se entretuvo recorriendo con la mirada las paredes del comedor, preguntándole acerca de los cuadros que tenía colgados: reproducciones  prolijamente enmarcadas pero que delataban su gusto superficial y previsible de la pintura moderna. Después se dirigió a la biblioteca. Lo que más llamó su atención fueron los estantes de literatura rusa. De eso vivo, dijo él, pero ella ya estaba en el otro extremo de la habitación, frente a la ventana. Tenés mejor vista que yo, le dijo. Se movía por su departamento con una soltura que la ubicaba a años luz de aquella enfermera gris que él había imaginado cuando apenas la conocía.&lt;br /&gt;      Se sentaron a tomar mate en la mesa del comedor, cerca de la ventana.&lt;br /&gt;      – Así que la tesis va bien.&lt;br /&gt;      – Sí, muy bien, estas últimas semanas avancé muchísimo.&lt;br /&gt;      – Era sobre un francés, ¿no?&lt;br /&gt;      – No, sobre un alemán llamado Franco, Franco de Colonia.&lt;br /&gt;      – Eso, Franco, lo que pasa es que la otra noche estaba un poco aturdido, venía de un día bastante complicado.&lt;br /&gt;      – Se notaba. Y yo te lo terminé de complicar.&lt;br /&gt;      – No, la culpa es mía, no te hagas problema. Contame de nuevo, ¿qué pasaba con ese tipo?&lt;br /&gt;      – Ese tipo escribió un tratado de notación musical allá por el año mil doscientos sesenta. Yo de música no entiendo mucho; más bien me ocupo de rastrear, en el discurso, los indicios que lo delatan como más vinculado con el pensamiento burgués que con el cristiano medieval.&lt;br /&gt;      – Un hereje.&lt;br /&gt;      – Pero muy sutil, pensá de qué época estamos hablando. Escribe un tratado de notación musical y habla sólo de notación musical, eso ya es bastante. Nada acerca del origen y los tipos de música, mucho menos de cuestiones filosóficas o teológicas, ¿entendés?, escribe el primer tratado técnico, instrumental, puramente dedicado al oficio de hacer música en un sentido para nada místico, bien burgués y pragmático, a mediados del siglo trece.&lt;br /&gt;      – ¡Qué bárbaro! ¿Y vos qué hacés con eso?&lt;br /&gt;      – Lo que te digo, busco y marco esos indicios, esas pistas.&lt;br /&gt;      – Las pruebas del delito.&lt;br /&gt;      – Algo así.&lt;br /&gt;      Pensó en Franco de Colonia escribiendo, a mediados del siglo trece, un libro subversivo enmascarado en un tratado de notación musical.&lt;br /&gt;      – ¿Acá, señor?&lt;br /&gt;      – Sí, ahí nomás, en la puerta de la facultad está bien, ¿cuánto es?&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Cada vez más gente, pensó mientras subía por la escalera principal sumergido en una correntada ascendente de cuerpos que chocaban con otra correntada similar que intentaba el descenso a través de la misma estrechez escalonada. Tenía que subir hasta la sala de profesores, en el segundo piso, para firmar la asistencia y para averiguar qué aula le habían asignado. Alguno de los rostros de la correntada descendente le resultaban vagamente familiares: alumnos anteriores, algún empleado no docente, el mozo del bar de enfrente.&lt;br /&gt;      En uno de los momentos más críticos del ascenso, entre el segundo descanso y el segundo piso, cuando la correntada descendente imponía su fuerza aplastando a la correntada ascendente contra una de las paredes de la escalera, justo en ese momento, pudo ver, como flotando, entre todos los cuerpos que iban hacia abajo, primero a la pelirroja, quien al verlo apenas le dedicó un arqueo de cejas y, detrás de ella, sosteniendo con ambas manos una carpeta roja tamaño oficio, a Marisa Ferraro, que no lo vio o hizo como que no lo vio. Inútil intentar atravesar las correntadas que nos arrastran en direcciones opuestas, pensó, y siguió subiendo con la vista clavada en la nuca de ella, que seguía bajando.&lt;br /&gt;      En la sala de profesores se encontró con los demás integrantes de la cátedra. Estaban tomando café, un café que acababan de sacar de una máquina automática, la novedad del momento. Nos asignaron una cabina telefónica en el cuarto piso, ironizó uno de los ayudantes. Y no se equivocaba. Eso que administrativamente denominaban el aula cuatrocientos quince era un rectángulo de cuatro metros por seis, el espacio ideal para dictar un seminario de doctorado con tres o cuatro alumnos, no una materia del tronco principal de la carrera como la suya con, por lo menos, cien alumnos durante las primeras semanas. Exigiendo hasta el límite la ley física de la impenetrabilidad de la materia, los alumnos se las habían ingeniado para acomodar unos treinta bancos dentro de la cabina, frente al escritorio y otros tantos del lado de afuera, delante de la puerta abierta de par en par. Detrás de todos los bancos había, además, un grupo de alumnos de pie que asomaban sus cabezas por entre el resto y sostenían sus cuadernos como podían.&lt;br /&gt;      – Bueno, en primer lugar les pido disculpas por la incomodidad, aunque no depende de mí que nos hayan adjudicado este sitio. Me voy a ocupar en la semana de ver si puedo conseguir un aula más grande. De todos modos, lo de hoy es apenas una presentación formal. Creo que es la única vez, por lo menos hasta que se presenten a dar el examen final, que nos podrán ver a todos juntos. Él es el jefe de trabajos prácticos, quien les va a explicar las cuestiones más burocráticas: cómo está organizada la bibliografía, dónde pueden conseguir las fotocopias, etcétera. Ellos son los ayudantes. Enseguida se van a ocupar de la inscripción a las clases prácticas. Cada uno va a tener una lista. Hay varios horarios así que espero que la distribución en las comisiones sea pareja para que todas puedan trabajar cómodamente. En cuanto a la materia en sí, vamos a empezar viendo en rasgos muy generales las tradiciones fundamentales de la literatura rusa. Hace algunos domingos apareció una nota, no sé si habrán tenido oportunidad de leerla, un artículo de Juan Gelman dedicado a la reivindicación de Daniil Karms, un autor de teatro de la década del veinte, que Gelman destaca como el verdadero padre del teatro del absurdo, adelantado, dice, unos treinta años a la obra de Eugène Ionesco. Bueno, pero más allá de Karms, menciono ese artículo porque en él Gelman describe, de manera muy simple pero con la contundencia que lo caracteriza, las dos tradiciones de la literatura rusa del diecinueve de las que vamos a ocuparnos. Me voy a permitir leerles un fragmento del artículo.&lt;br /&gt;      Mientras tomaba la ficha de entre los papeles que había desplegado encima del escritorio pudo oír cómo empezaba a crecer un murmullo provocado quizás por la incomodidad, quizás por la expectativa de aburrimiento que generaba la inminencia de una lectura en voz alta. Tosió para aclarar la voz y leyó: la primera –que los historiadores soviéticos del rubro adjudicaron groseramente a Pushkin– fue seguida por autores de la minoría culta y occidentalizada de los círculos zaristas, con fines morales y de ilustración además de artísticos, y reconoce en sus filas a creadores como Tolstoi, Goncharov y Turguenev, de escritura directa y engañosamente sencilla. Hizo una pausa y levantó la vista. El murmullo había decrecido. Volvió la vista a la ficha y volvió a leer en voz alta: la otra tradición, la de Gogol, insiste en las representaciones exageradas y aun fantásticas de la realidad social con el fin de subrayar sus incoherencias e injusticias, mezcla estilos y cosmovisiones y las ofrece al lector no desde un autor omnisapiente, sino por la mirada de gente común, dones nadie, antihéroes que son víctimas inocentes de las intrigas y las trampas del mundo. Levantó la vista. El silencio era unánime. Podía ver cómo algunos alumnos, de entre los que tenía más cerca, terminaban de tomar nota del nombre de los escritores que había nombrado.&lt;br /&gt;      – Creo que es muy claro. Para los que quieran leerlo directamente el artículo va a estar disponible con el resto del material de la materia. La idea era mostrar las dos líneas fuertes de nuestro recorrido a lo largo del cuatrimestre. Y eso es todo por mi parte. Vuelvo a pedirles disculpas por la incomodidad. Espero que la semana que viene contemos con mejores condiciones. Hasta la próxima.&lt;br /&gt;      Antes de que el murmullo creciera hasta niveles inmanejables después del silencio que había logrado, el jefe de trabajos prácticos tomó la palabra y asumió la continuidad de la clase. Como pudo, pidiendo perdón a un lado y a otro lado ante cada pisotón que sentía que daba, logró salir del aula y recién al contacto del aire del pasillo se dio cuenta de lo asfixiante de la atmósfera del receptáculo que acababa de abandonar.&lt;br /&gt;      En la escalera se sumó esta vez a la corriente descendente, que pasaba por uno de sus momentos de menor caudal, con lo cual de nuevo se vio apretado contra una de las paredes del costado por efecto de la acción de la otra corriente. Cuando llegó a la planta baja sintió la descompresión y el aire frío de la calle invadiendo todo el hall. Estaba transpirado. Esa media hora en la cabina superpoblada y el apretujón en la escalera le habían provocado unas gotas de sudor que le corrían por la espalda y por debajo de las axilas. El choque con el aire frío de la calle fue violento. Inmediatamente sintió un cosquilleo en la naríz. Seguro que me resfrío, pensó mientras subía a un taxi.&lt;br /&gt;      No se equivocó. En el trayecto estornudó tres veces. Todavía estaba aturdido. Pasaban los años y no terminaba de acostumbrarse a los amontonamientos ni a los ambientes agobiantes. Le pidió al taxista que lo dejara en la cuadra anterior a la suya, justo en la puerta de un mercado autoservicio. Tenía que comprar unas cuantas cosas. El mercado no era muy grande, era uno de los tantos locales manejados por coreanos que proliferaban en la zona. Los precios eran bastante buenos. Tomó uno de los changuitos y enfiló para el lado de las bebidas. Pasó de largo por las aguas y las gaseosas. Su objetivo eran los vinos. Le costó elegir. Siempre le costaba. No le resultaba nada fácil resolver la ecuación entre marcas, precios y varietales. Se decidió por un borgoña y un tempranillo. Fue en busca de la leche. De pasó tomó un paquete de fideos, un pan lactal, un paquete de arroz y cuatro latas de sardinas. Le faltaba algo de verdura. Sacó una bolsa de nylon del rollo y se puso a caminar entre los cajones. Cuando estaba terminando de embolsar unas papas negras escuchó una voz familiar detrás suyo que decía ¿así que el profesor salió a hacer las compras? La vecina del 14C. Estaba vestida con un trajecito gris, zapatos y cartera de cuero negro. Era evidente que venía del trabajo. Cargaba un canasto de plástico en el que ya había metido una leche, un pan lactal y un pote de queso crema sin sal. Así es, dijo él, y vio aparecer detrás de ella la figura de una mujer bastante alta, de unos cincuenta años y pelo entrecano, que depositó dos latas de mejillones en el mismo canasto. Ella es Lidia, le dijo a él, él es el vecino del que te hablé, le dijo a ella. Hola, qué tal, dijeron los dos casi al mismo tiempo. Miró a las dos mujeres y trató de imaginarlas en un momento de pasión, entreveradas en la cama, desnudas y tocándose debajo de las sábanas.&lt;br /&gt;      – ¿Me estás escuchando?&lt;br /&gt;      – ¿Qué?&lt;br /&gt;      – Que si querés venir a cenar, vamos a preparar arroz con mejillones. Los mejillones son de lata, obvio, pero te aseguro que Lidia es una excelente cocinera.&lt;br /&gt;      – No, te agradezco. Hoy empezaron las clases y la verdad es que estoy cansado. Además, tengo que levantarme temprano mañana a leer y a preparar el próximo teórico. Otra vez, ¿sí?&lt;br /&gt;      – Está bien, no hay problema.&lt;br /&gt;      Subieron los tres juntos. Dejó que bajaran primero ellas con sus bolsas y se encargó de cerrar el ascensor. Al despedirse les deseó una buena cena.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Creo que las sardinas me cayeron un poco pesadas, pensó, y volvió a llenar la copa con el último resto de tempranillo. Se sentó en el sillón del escritorio y encendió la lámpara. Miró la ventana desde ahí. Se puso a escuchar. Escuchó todo el silencio de su departamento y se puso a pensar cómo habrá sido que su vida se convirtió en semejante silencio. Silencio sepulcral. Fue hasta el equipo de audio y apretó la tecla play. En la primer bandeja de la compactera siempre tenía puesto el mismo disco. Bach. Las variaciones Goldberg por Glen Gould. Se tiró en el sillón. Bebió el último trago de vino. Se quedó dormido después de la vigésimoquinta variación, su preferida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-6943198163985667392?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/6943198163985667392/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=6943198163985667392' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6943198163985667392'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6943198163985667392'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/01/circuitos-novela-indita-captulo-vi.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo VI'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-6358499083764049414</id><published>2008-01-03T10:25:00.000-02:00</published><updated>2008-01-03T10:34:06.074-02:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo V</title><content type='html'>Esa mañana, antes de salir hacia la facultad para tomar los examenes previos al comienzo del cuatrimestre, sentado frente a la ventana con un tazón de café con leche delante, podía otorgar un alto grado de probabilidad a una serie de hechos:&lt;br /&gt;a) Bajar en el ascensor con la vecina del 14C.&lt;br /&gt;b) Ya en la facultad, no poder evitar contagiarse del clima de tensión; empezar a fumar y a tomar café de manera sostenida.&lt;br /&gt;c) En la mesa de examen tener delante, por fin, a Marisa Ferraro, quien después del fallido encuentro encubierto se había reunido con su ayudante a pulir el tema de exposición, lo que indicaba que seguía dispuesta a presentarse a rendir.&lt;br /&gt;No quería sorpresas y no las hubo. Bajó en el ascensor con la vecina del 14C.&lt;br /&gt;– ¿Otra vez a tomar examen?&lt;br /&gt;– Así parece, ¿cómo va la tesis?&lt;br /&gt;– Progresa.&lt;br /&gt;– Nos quedaron unos mates pendientes, ¿te acordás?&lt;br /&gt;– Es verdad. Podría ser mañana a la tarde.&lt;br /&gt;– Mañana... sí, podría ser.&lt;br /&gt;– Hecho. Tipo cinco te toco el timbre. Llevo bizcochos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La facultad era un hervidero de pasos apurados, preguntas de último momento, un murmullo de repasos en voz alta por todos los pasillos. Ni bien entró encendió un cigarrillo y pasó por el bar de la planta baja a buscar un café.&lt;br /&gt;Al llegar al aula asignada para el examen lo primero que vio fueron los ojos oscuros de Marisa Ferraro mirando hacia la puerta desde el fondo del salón. Estaba sentada encima de un banco. Tenía puesto un pantalón negro y un pullover celeste ajustado que resaltaba sus tetas, como siempre. Sostenía unos papeles junto con la libreta de calificaciones. Parecía lista para avanzar hacia la mesa. Después de saludar a los demás integrantes de la cátedra tomó la lista por orden de llegada. Ella estaba anotada en primer lugar. Empecemos, dijo. Ferraro Marisa, gritó uno de los ayudantes, y Marisa Ferraro se bajó del banco y caminó por uno de los pasillos laterales del aula hasta llegar a ese escritorio en el que los cinco miembros del tribunal evaluarían si aprobaba o no el examen final de la materia. Se sentó en una silla a un metro y medio del borde del escritorio.&lt;br /&gt;– ¿Trajo la libreta?&lt;br /&gt;– Sí, acá está.&lt;br /&gt;– ¿De qué va a hablar?&lt;br /&gt;– De la teoría de Bajtín acerca de la polifonía en las novelas de Dostoievski.&lt;br /&gt;– Bien, empiece.&lt;br /&gt;Y ella empezó. Desarrolló con absoluta precisión y lujo de detalles el tema, recurriendo no sólo a lo que decían los textos sino a sus propias palabras de las clases teóricas.&lt;br /&gt;– ... como dice Bajtín, la pluralidad de voces y de conciencias independientes e inconfundibles, la auténtica polifonía de voces autónomas, viene a ser la característica principal de las novelas de Dostoievski. Bajtín enfatiza el papel de la conciencia de los héroes dostoievskianos, que aparece como otra, como una conciencia ajena pero que al mismo tiempo tampoco se vuelve objetual, no se cierra, no viene a ser el simple objeto de la conciencia del autor.&lt;br /&gt;Se sintió halagado al comprobar que sus palabras hubieran sido apuntadas con semejante grado de literalidad. Está muy bien, es suficiente, dijo interrumpiéndola. Espere un momento afuera y enseguida le alcanzamos la libreta, dijo. Gracias, contestó ella no a él, que había hablado, sino fijando su mirada en un lugar indefinido entre él y el jefe de trabajos prácticos sentado a su lado.&lt;br /&gt;Le puso un diez. No le costó demasiado convencer a los demás de que era la calificación más justa, a pesar de que no le habían hecho una sola pregunta. Sabe todo, se nota, no hacía falta preguntar nada más, argumentó.&lt;br /&gt;Salió él mismo con la libreta al pasillo. Le costó ubicarla en el tumulto de gente que esperaba su turno para rendir. Estaba parada cerca de la escalera. Lo estaba mirando. Mientras iba hacia ella con la libreta en la mano, por primera vez notaba que esos ojos oscuros sostenían su mirada. No tuvo que decir una sola palabra. Al mismo tiempo que tomaba la libreta de su mano, la boca de ella subía hasta la suya, que iba a buscarla. Sintió los labios húmedos de ella contra los suyos, las tetas aplastándose contra su pecho, la pelvis de ella contra la dureza de su miembro.&lt;br /&gt;– Ey, ¿qué te pasa?&lt;br /&gt;– ¿Qué?&lt;br /&gt;– Te estoy preguntando si la libreta se la llevás vos.&lt;br /&gt;– No, no, llevásela vos, y hacé pasar al que sigue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día se habían presentado a rendir sólo once alumnos. A un promedio de tres por hora, en poco más de cuatro horas los habían despachado a todos. Diez aprobados (un diez –el de ella–, tres nueve, dos sietes, cuatro seis), uno aplazado (un dos). Era casi la una y media cuando salió de la facultad. Había tomado dos cafés y un cortado que le habían traído por equivocación. Al salir a la calle encendió el último cigarrillo del atado y miró hacia el bar de enfrente con la expectativa de verla sentada en alguna de las mesas. No estaba. Empezó a caminar hacia la esquina. Pensaba qué hacer el resto del día. Una opción era ir al cine: algún ciclo de películas viejas en el centro cultural. Otra, volver a su casa y aprovechar la tarde para ordenar y corregir los numerosos poemas que venía acumulando desde hacía dos años, así podría por lo menos probar suerte en algún concurso. Tercera opción, ir al centro a recorrer librerías. No era el mejor momento del mes, le quedaba apenas el dinero necesario para llegar hasta el próximo día de pago. Tercera opción descartada. Cuarta posibilidad: sentarse en un bar durante varias horas; sentarse a mirar cómo se ocupan y desocupan cada una de las mesas, a detectar los gestos de la espera, las declaraciones, las correspondencias, los rechazos, los encuentros fallidos, los desplantes, las despedidas terminantes. No. Ese día no estaba para eso. No estaba para mirar a los demás. Decidió caminar un rato antes de volver a su casa.&lt;br /&gt;En mitad de la caminata se largó a llover. Cuando consiguió un taxi, estaba empapado. Al abrir la puerta del departamento se encontró con varios sobres en el piso: la factura de la luz, la del gas, el resumen de las expensas y una carta de su amigo Roberto, radicado desde hacía más de diez años en Italia. Apenas cerró la puerta, aunque tiritaba de frío y la ropa le chorreaba agua, fue al escritorio. Dejó las facturas y el resumen de las expensas a un costado.&lt;br /&gt;... en fin, más o menos ese es el panorama por aquí; claro que semejante ritmo de trabajo se justifica al recibir el pago cada fin de mes. Ojalá puedas comprobarlo por vos mismo; insisto en que te vengas a pasar una temporada en cuanto puedas, no sé, tomate un año sabático, como sea, pero quiero que vengas. Te mando un gran abrazo. Espero recibir pronto aviso de tu viaje. Que sigas bien, Roberto&lt;br /&gt;Año sabático, pero este no sabe de qué está hablando, pensó; tomarse un año sabático en este país; cómo se nota que lleva más de diez años en Italia; año sabático. Dejó la carta fuera del sobre encima del escritorio, cerca de la lámpara.&lt;br /&gt;Se desvistió ahí mismo, en el comedor y se dio una ducha caliente. En medio del vapor, mientras dejaba que el agua le pegara en la nuca y bajara por su espalda, se le cruzaban varias imágenes: la pelirroja en el hotel tratando de que se le parara, Marcela durante su última visita, Marisa Ferraro acercándose a la mesa de examen apuntándole con sus tetas ajustadas por el pullover celeste. En poco tiempo logró una erección y, después de unas cuantas sacudidas, un orgasmo aceptable. Tuvo que enjabonarse otra vez.&lt;br /&gt;Al salir del baño había ido hasta el escritorio a buscar el diario del último domingo, del que le faltaba leer la última parte.&lt;br /&gt;Se había metido en la cama con la firme decisión de no volver a levantarse hasta el día siguiente, pero las palabras de Roberto lo habían conmocionado. Empezaba a pensar seriamente en la posibilidad de aceptar su invitación. Ir aunque sea por un mes, tratar de hacer algún contacto. Ya vería. Se levantó. Fue a la cocina a hacerse un té. Buscó sin éxito un limón en la heladera. El último lo había usado en las milanesas de la semana pasada. Volvió a la cama con el jarro de té sin limón pero con mucha azúcar.&lt;br /&gt;Del diario le interesaba sobre todo terminar de leer la contratapa, en la que se hablaba de un escritor ruso, Daniil Karms, de quién se afirmaba era el verdadero padre del teatro del absurdo, adelantado unos treinta años a la aparición de Ionesco en los cincuenta. Al llegar a la mitad de la nota tuvo que levantarse otra vez. Fue con el diario al escritorio, encendió la lámpara, se sentó y buscó una ficha vacía. Arriba, a la izquierda, en letras de imprenta, escribió: tradiciones de la narrativa rusa. En el primer renglón de la ficha, alternando la escritura con la lectura de la página del diario a su izquierda, escribió: la primera –que los historiadores soviéticos del rubro adjudicaron groseramente a Pushkin– fue seguida por autores de la minoría culta y occidentalizada de los círculos zaristas, con fines morales y de ilustración además de artísticos, y reconoce en sus filas a creadores como Tolstoi, Goncharov y Turguenev, de escritura directa y engañosamente sencilla. Tuvo que sacudir la lapicera para que bajara más tinta hacia la pluma. El cartucho se estaba acabando y se dio cuenta de que no tenía ninguno de repuesto. Esperaba que le alcanzara hasta el final. Siguió copiando. Escribió: la otra tradición, la de Gogol, insiste en las representaciones exageradas y aun fantásticas de la realidad social con el fin de subrayar sus incoherencias e injusticias, mezcla estilos y cosmovisiones y las ofrece al lector no desde un autor omnisapiente, sino por la mirada de gente común, dones nadie, antihéroes que son víctimas inocentes de las intrigas y las trampas del mundo. Dejó unos cuantos renglones libres y –recostado sobre el margen derecho–, escribió –entre comillas–: tradiciones, y después: en, y después –en bastardilla– el nombre del diario, y después la fecha y el número de la edición y –más abajo–, el nombre del autor del artículo. Dejó la lapicera con la que había escrito y tomó un resaltador fosforescente. Al pie de la ficha escribió: para primer teórico. Tapó el marcador, dejó la ficha y el diario encima del escritorio, apagó la lámpara y volvió a la cama. Antes de dormirse fumó un cigarrillo acostado y a oscuras.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-6358499083764049414?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/6358499083764049414/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=6358499083764049414' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6358499083764049414'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/6358499083764049414'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2008/01/circuitos-novela-indita-captulo-v.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo V'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-4161225019127111729</id><published>2007-12-26T10:49:00.000-03:00</published><updated>2007-12-26T10:51:11.360-03:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo IV</title><content type='html'>Los días de reunión de cátedra, igual que los días de examen, le resultaban desagradables. Por lo menos había logrado imponer su voluntad de reunirse una sola vez antes de cada cuatrimestre. Una reunión larga, tediosa, repleta de discusiones banales, de detalles irrelevantes, pero que a su término dejaba definidos todos los aspectos organizativos de la cursada: el programa, el criterio de evaluación, la bibliografía básica y, lo más importante, la manera en que se distribuirían las clases teóricas entre él –el titular–, y el jefe de trabajos prácticos.&lt;br /&gt;      – Bueno, quedamos así, yo hago la presentación y después tomo Dostoiesvki y Bajtín en cuatro clases. Vos te ocupás de las primeras generaciones del diecinueve, ¿estamos?&lt;br /&gt;      Siempre lo mismo, como si fueran a dar la materia por primera vez; debatían, discutían, proponían cambios y al final todo quedaba más o menos igual que siempre, más o menos el mismo recorrido por los mismos lugares más o menos conocidos.&lt;br /&gt;      Una vez finalizada la reunión, después de pagar los numerosos cafés que habían tomado durante la mañana, uno de los ayudantes le comentó que una alumna lo había llamado pidiéndole una reunión de consulta; le había dicho que no había podido presentarse a la anterior fecha de examen, que pensaba hacerlo a la de la semana siguiente –la segunda y última del turno de julio–, que tenía algunas dudas con respecto al tema que preparaba para su exposición inicial.&lt;br /&gt;      – Te lo comento porque me dijo que estaba preparando Dostoievski y polifonía; me parece que deberías reunirte vos con ella, si tenés tiempo, claro.&lt;br /&gt;      – ¿Cómo se llama?&lt;br /&gt;      – Marisa Ferraro.&lt;br /&gt;      – ¿Te dejó el teléfono?&lt;br /&gt;      – Ey, ¿qué pasa, te interesa?&lt;br /&gt;      – No, boludo, me sorprende que haya tomado ese tema, muy pocos lo eligen, nada más, es por eso.&lt;br /&gt;      – Está bien, está bien, no me expliques nada, acá está.&lt;br /&gt;      – Mirá, te voy a pedir un favor. Llamála vos y arreglá un encuentro mañana a última hora en algún bar del centro, creo que ella trabaja por ahí. Después me llamás y me pasás la dirección, ¿está bien?&lt;br /&gt;      – ¿Me estás involucrando en el armado de una cita encubierta con una alumna que te querés coger o me equivoco?&lt;br /&gt;      – No te preocupes, yo le explico todo, le digo que vos a último momento tuviste un problema y al único que pudiste llamar para reemplazarte fue a mi, ¿quedamos así?&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Cuando llegó a su casa era pasada la una. Tenía hambre. Primero sintió la necesidad de lavarse los dientes. El café y los cigarrillos de la mañana le habían dejado la boca pastosa y un sabor agrio. Después de enjuagarse por última vez se sintió reconfortado. No dudó mucho: bife con papas fritas. Como no tenía extractor de humo, cada vez que ponía un pedazo de carne a cocinar en la plancha tenía que implementar un dispositivo de correntadas de aire. Primero cerraba las puertas del dormitorio y del baño para que el olor no los invadiera. Después, combinaba la apertura de la ventana de la cocina con la del comedor y lograba que al menos una parte del humo corriera hacia el exterior.&lt;br /&gt;      Cuando estaba agachado frente al tacho de los residuos pelando una papa, sonó el teléfono. No iba a llegar a atender antes que el contestador. Siguió pelando la papa dispuesto a escuchar el mensaje.&lt;br /&gt;      – Soy yo, Alberto, cuando puedas llamame; es urgente, necesito hablar con vos; tiene que ver con lo que te dije el otro día, la cosa está cada vez más jodida; creo que mañana me echan pero eso no es lo peor, sigo recibiendo esos llamados de los que te hablé. Por favor, llamame, soy yo, Alberto, no sé si ya lo dije, no importa; chau.&lt;br /&gt;      Si había algo para lo que no se encontraba dispuesto en ese momento de su vida era para sostener la angustia de un amigo de la adolescencia a punto de perder el trabajo y, además, involucrado en problemas de plata. Lo llamaría por la noche o al día siguiente por la mañana.&lt;br /&gt;      Volvió a sonar el teléfono. Volvió a dejar que atendiera el contestador. Era su ayudante. Le pasaba la dirección del bar y el horario del encuentro pactado con Marisa Ferraro.&lt;br /&gt;      – ...entonces, ahí a las siete y media. Suerte. Después contame cómo te fue. No me hagas quedar mal. Chau.&lt;br /&gt;      Qué hacer mientras tanto. Ésa es la cuestión. Pensar en qué ponerse, qué decir. Imaginar posibles situaciones:&lt;br /&gt;      a) Me ve entrar, se da cuenta de todo, se ofusca, sale del bar sin decir una palabra.&lt;br /&gt;      b) Además de ofuscarse me insulta a los gritos, me trata de cobarde, sale del bar a las puteadas.&lt;br /&gt;      c) Además de insultarme a los gritos me arroja lo que tenga a mano, me trata de acosador, no sale del bar porque viene la policía y tenemos que ir a declarar a la seccional.&lt;br /&gt;      d) Me ve entrar, se da cuenta de todo, no le disgusta pero no lo demuestra, habla solo de su tema de examen.&lt;br /&gt;      e) Me ve entrar, se da cuenta de todo, no le disgusta, me lo demuestra, habla de su tema de examen por hablar de algo.&lt;br /&gt;      f) Me ve entrar, se da cuenta de que todo ha salido como ella esperaba, no hablamos una palabra del tema de examen, terminamos en un hotel o en casa.&lt;br /&gt;      El bife y las papas estaban casi listos. Iba a acostarse a dormir un rato después de ese almuerzo un tanto pesado. Quería sentirse lo más fresco posible al momento del encuentro.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Se fue despertando de a poco. Sin abrir los ojos, fue entrando primero en el mundo de los sonidos. Menos ruido que por la mañana. Sólo bocinazos, ya no ninguna máquina trepidando al perforar el asfalto ni las cortadoras de baldosas de la obra en construcción. Después, al abrir los ojos, lo primero que vio fueron las líneas de luz contra la pared, las líneas de luz que formaba la persiana. Una luz también diferente a la luz de la mañana, menos intensa, amarilla de un amarillo artificial, luz artificial. Después de ese último pensamiento quedó paralizado. Era de noche. Se había quedado dormido. La reputa madre que me parió, dijo en voz alta casi gritando y dio un puñetazo contra el colchón. No hacía falta mirar el reloj. Si era de noche eran más de las siete. Si eran más de las siete era imposible que pudiera llegar al bar a las siete y media. Sé puntual, le había dicho su ayudante. Miró el reloj: las ocho menos cuarto. Se había acostado después de haber lavado los platos, casi a las tres. Apenas había podido leer un par de páginas de la novela que tenía empezada cuando los ojos comenzaron a cerrársele. Había dormido más de cuatro horas. Cagón, dijo también en voz alta, y se quedó con las manos cruzadas debajo de la nuca, mirando el techo.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Eran casi las once de la noche cuando volvió a llamar Alberto. Esta vez atendió. Se lo notaba nervioso, acelerado. Hablaba desde un teléfono público. Le preguntó si podía pasar la noche en su casa. No quería volver a la suya. Se sentía vigilado. Bueno, vení, le dijo, y en menos de media lo tuvo ahí, en la puerta del departamento, con un maletín y un bolso de viaje. Estaba vestido de oficina pero muy desaliñado. Se notaba que llevaba esa ropa puesta desde la mañana. Le ofreció algo de comer. No, gracias, comí algo al paso en la calle. ¿Un café, un té? Bueno, un café siempre viene bien. Ponéte cómodo, le dijo.&lt;br /&gt;      Tenía necesidad de hablar. Mucha necesidad. Acomodado en el sillón, con el jarro de café en la mano y la mirada perdida en algún punto del zócalo, Alberto empezó a contar, en una especie de relato catártico, su silenciosa tarea de los dos últimos años, un complejo proceso de facturación, contrafacturación y desvío de cobranzas, que a él, profesor de literatura rusa, se le escapaba en la mayor parte de sus detalles.&lt;br /&gt;      – No me animé a contarte la verdad el otro día en el bar. En ese momento todavía creía que iba a poder zafar. No suponía que la cosa se iba a poner tan pesada.&lt;br /&gt;      – Pero no entiendo, ¿por qué no te denuncian por estafa y punto?&lt;br /&gt;      – No les interesa. Los gerentes de acá son unos pichis de la casa matriz en Estados Unidos. La empresa les importa un carajo. Cada uno maneja su propio negocio y no se bancan que alguien se haya mandado por su cuenta, sin convidar.&lt;br /&gt;      – Y bueno, les das una parte y punto.&lt;br /&gt;      – Y punto, y punto, ¿pero vos creés que estos tipos son de conformarse con una parte?, no; me sacan del medio y siguen con el yeite por su cuenta, a ver si te avivás.&lt;br /&gt;      Un cachetazo a su ingenuidad. Alberto, su amigo de la escuela secundaria, devenido estafador de una multinacional. Alberto, su amigo, buscado vivo o muerto, como en las películas. Él, testigo indeseable, cómplice, encubridor.&lt;br /&gt;      Alberto dispuso sus cosas en el comedor. Iba a dormir en el diván. Fue tomando posesión del lugar a partir de las cosas que fue sacando del bolso de viaje. Algo de ropa limpia, un cepillo de dientes, un walkman, varias revistas. En ningún momento abrió el maletín.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      En plena madrugada lo despertaron unos ruidos provenientes del comedor. Se levantó y salió del dormitorio sin encender la luz. Alberto estaba terminando de hacerse el nudo de la corbata. Había guardado todas sus cosas otra vez en el bolso.&lt;br /&gt;      – Me voy. Estuve pensando y creo que no es bueno que me quede quieto en un mismo lugar, ni siquiera por una noche.&lt;br /&gt;      – ¿Pero dónde vas a ir?&lt;br /&gt;      – A la terminal de ómnibus. Me tomo el primer micro que salga para el interior. Tengo que borrarme por un tiempo. No te preocupes, voy a estar bien. Igual te agradezco que me hayas aguantado. Te llamo desde donde pueda.&lt;br /&gt;      Cuando Alberto se fue, se acercó a la ventana. Todavía la noche era noche cerrada, ni el menor indicio del amanecer. La mayoría de los departamentos que podía observar estaban a oscuras. Algún que otro taxi cruzaba cada tanto la esquina. Se dio vuelta. El comedor, visto desde ese lugar, presentaba un desorden distinto a su propio desorden: encima del diván, sábanas y frazadas amontonadas; un cenicero repleto de colillas de cigarrillos no fumados por él; un jarro de café a medio beber encima de uno de los parlantes del equipo de audio. Sentía que, a pesar suyo, la historia de Alberto se había incrustado en el centro de su vida tranquila.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-4161225019127111729?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/4161225019127111729/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=4161225019127111729' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4161225019127111729'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/4161225019127111729'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2007/12/circuitos-novela-indita-captulo-iv.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo IV'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-7074462822778094181</id><published>2007-12-20T11:06:00.000-03:00</published><updated>2007-12-20T11:09:09.414-03:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo III</title><content type='html'>Cada vez que Alberto le pedía que se encontraran a tomar un café, eso significaba que había conseguido una mina o un ascenso. Por lo general pasaba toda la charla escuchándolo abundar en detalles acerca de su capacidad para provocar los desenfrenos más tempestuosos en cualquier clase de mujer, o acerca de su habilidad para el buchoneo, la zancadilla y la movida de piso, la que le iba a permitir no dentro de mucho tiempo, según él, llegar al puesto más alto en la contaduría de la empresa donde trabajaba.&lt;br /&gt;      Se habían conocido en la escuela secundaria. Alberto nunca había sido un tipo brillante, más bien lo contrario, siempre dependiendo de él para aprobar los examenes. Se sentaron siempre juntos, los cinco años. Desde la adolescencia Alberto había sido un ganador con las minas. El pacto había sido explícito: las respuestas del examen a cambio de los detalles más precisos de la anatomía de cada una de las compañeras con las que se acostaba. Desde aquella época venía acostumbrado a sus relatos, a los que sabía, sin embargo, adornados con algún grito de más, con alguna posición inverosímil, incapaces de reflejar ninguna resistencia o rechazo. Asociaba las descripciones de Alberto con sus propias fantasías, vinculadas sobre todo a senos firmes debajo de guardapolvos ajustados a la cintura,  y eso le alcanzaba para batir su propio record de masturbaciones en una misma noche.&lt;br /&gt;      Ese día no era ni un levante ni un ascenso lo que Alberto tenía para contarle. Todo lo contrario. Lo estaban por echar. Cuentas que no cierran, comprobantes que no aparecen, guita que falta, había dicho.&lt;br /&gt;      Trató de calmarlo, de apelar a su tranquilidad de conciencia para asumir el despido, en caso de que se produjera, con la frente bien alta, dijo, y se sintió un senador dando un discurso en el Congreso. No había forma. Nunca lo había visto tan amargado, tan tocado en su orgullo. A él, a Alberto, al maestro del juego sucio se la habían hecho más que bien esta vez. Era mucho el dinero en juego, un agujero de varios ceros de diámetro que aparecía como su propia y exclusiva responsabilidad, había dicho. Lo estaban amenazando.&lt;br /&gt;      – No entiendo nada. Estoy metido en un baile al que ni siquiera me invitaron. Me llaman todas las noches. Repartí la plata, me dicen, repartí la plata, como si me la hubiera llevado yo. ¿Y yo qué sé dónde está esa guita? Puedo aceptar que me equivoqué, que alguien me cagó, no sé, está bien, que me echen, pero esto no lo puedo entender, no lo puedo entender.&lt;br /&gt;      Quedaron en volver a encontrarse. Le dijo que lo llamara por cualquier cosa que necesitara, a cualquier hora. Intentó parecer sincero. En realidad, esperaba no verse demasiado involucrado en el problema. Toda esa historia de cuentas que no cerraban le parecía una boludez. Contabilidad, balances, conciliaciones. Burocracia pura. No puede ser tan importante, pensó.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Cada vez que iba a ver a sus padres sentía durante todo el tiempo que pasaba con ellos las mismas ganas de salir corriendo, de correr a toda velocidad en cualquier dirección, de escaparse de los estragos que el tiempo iba haciendo en esos cuerpos que alguna vez representaron para él toda la seguridad del universo.&lt;br /&gt;      Ese día tuvo las mismas ganas de salir corriendo. Igual que siempre se las aguantó y se quedó en la cocina tomando mate con su madre, rindiendo cuenta de su estado de salud, afectivo, profesional y alimentario. Se ocupó de averiguar si sus padres contaban con dinero suficiente para el resto del mes. Cobraban jubilaciones miserables. Él les daba una parte de sus ingresos para que llegaran a una cifra mínimamente razonable. Su padre estaba en el patio ocupándose de las plantas. Aún con su lado izquierdo inutilizado, se las arreglaba bastante bien para escarbar la tierra con la espátula, cada tanto es bueno remover la tierra de las macetas, solía decir.&lt;br /&gt;      – Cada tanto es bueno remover la tierra de las macetas.&lt;br /&gt;      – Bueno, pero hoy hace mucho frío, ¿por qué no venís a la cocina a tomar mate?&lt;br /&gt;      – No tengo frío. Y de mate estoy hasta acá.&lt;br /&gt;      – Como quieras.&lt;br /&gt;      – ¿Qué andás haciendo?&lt;br /&gt;      – Lo de siempre, dando clases, escribiendo algo.&lt;br /&gt;      – ¿No la viste más a Laurita?&lt;br /&gt;      – Papá, siempre me preguntás lo mismo. No. No la ví más ni la voy a ver. Nos separamos hace casi tres años.&lt;br /&gt;      – ¿Tres años ya?&lt;br /&gt;      – Sí, tres años.&lt;br /&gt;      – ¿Y no te pensás casar otra vez?&lt;br /&gt;      – Por ahora no.&lt;br /&gt;      – Ya no sos ningún chico.&lt;br /&gt;      – Ya lo sé, papá, ya lo sé.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Cada vez que volvía a acostarse con Marcela se hacía la misma pregunta: por qué carajo se habían separado. Era la única mujer con la que se sentía seguro en la cama. Además, la convivencia había sido buena, sin conflictos dramáticos. Ella le había dicho que él la ahogaba, la asfixiaba con su personalidad demandante, insegura, con sus celos injustificados. Una noche lo fue a buscar a la facultad después de una de sus primeras clases como ayudante.&lt;br /&gt;      – Quiero que hablemos. Vamos al bar.&lt;br /&gt;      – No, a ése no, el de la esquina es más tranquilo.&lt;br /&gt;      Y entonces le dijo que ya se había llevado sus cosas del departamento, que era mejor así, que si lo hubieran hablado antes él la hubiera convencido otra vez, y que todo hubiera vuelto a estar bien sólo los primeros días. Le dijo que lo amaba pero que necesitaba distancia, una distancia que ella pudiera manejar. Le dijo que iba a llamarlo. Y cada vez que lo llamaba todo ocurría de la misma forma. Ella iba a su casa, hablaban de cualquier cosa hasta que se besaban y después se dedicaban durante toda la noche a descubrir por enésima vez el placer de jugar un juego más que repetido.      Esa noche todo fue así, exactamente así. Con Marcela dormida a su lado, con un cigarrillo entre los dedos, con la mirada puesta en el reflejo de la luz de la calle contra la pared, se preguntaba una y otra vez por qué, por qué carajo se habían separado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2437975595242817734-7074462822778094181?l=fabianbeltramino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/feeds/7074462822778094181/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2437975595242817734&amp;postID=7074462822778094181' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7074462822778094181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2437975595242817734/posts/default/7074462822778094181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://fabianbeltramino.blogspot.com/2007/12/circuitos-novela-indita-captulo-iii.html' title='CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo III'/><author><name>Fabián Beltramino (1970)</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02465049542265926437</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='21' src='http://1.bp.blogspot.com/-tM3KNT7EzZc/TiBeQ4NrbUI/AAAAAAAAAAQ/7OcKIdeLmGM/s220/DSCN0119.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2437975595242817734.post-1100157590810493292</id><published>2007-12-13T11:00:00.000-03:00</published><updated>2007-12-13T11:03:29.870-03:00</updated><title type='text'>CIRCUITOS (novela inédita) Capítulo II</title><content type='html'>Los días de examen final le resultaban particularmente desagradables. Tenía que despertarse a las siete y cuarto para poder ducharse y desayunar sin apuro antes de salir. Era una de las pocas veces en que debía recurrir al despertador. A esa hora, además, le costaba coordinar sus movimientos, todo le parecía más lento, más pesado que cuando se levantaba pasadas las nueve y media. A esto se agregaba el hecho de tener que salir a la calle en el momento de mayor circulación de gente. Desde que abandonaba el departamento se veía obligado a interactuar, en el pasillo y 
